Se han logrado algunos avances en el ODS 3, en particular en la mortalidad materna e infantil y en las tasas de inmunización.
Sin embargo, la pandemia de COVID-19 y la respuesta a ella están haciendo que las metas relacionadas con la salud, incluida la erradicación de otras enfermedades infecciosas, se alejen aún más de su cumplimiento.
La atención de la salud mental y la cobertura sanitaria universal son más importantes que nunca.
La buena salud y el bienestar para todas las personas son esenciales para eliminar la desigualdad y la pobreza, y para garantizar que las sociedades sean resilientes frente a los graves desafíos económicos y relacionados con el clima que se avecinan.
Pero queda mucho por hacer para garantizar futuros saludables: controlar las enfermedades infecciosas como el sida, la tuberculosis y la malaria, así como las enfermedades no transmisibles (pero igualmente extendidas), como la diabetes y la obesidad; poner fin a las muertes maternas e infantiles prevenibles que persisten incluso en algunas de las economías más desarrolladas; y garantizar que todas las personas tengan acceso a una atención sanitaria de calidad (incluida la atención de la salud mental), por mencionar algunos retos.
A esto se suma la pandemia de coronavirus COVID-19, que no solo está causando enfermedades y muertes generalizadas, sino que también está mermando nuestra capacidad para hacer frente a muchos otros desafíos, relacionados con la salud y de otra índole.
Al desviarse recursos para responder a la pandemia, estamos viendo nuevos brotes de sarampión – pese a que ya existe una vacuna segura y eficaz contra esta enfermedad – y corremos el riesgo de que aumenten otras enfermedades mortales, como la tuberculosis, el cólera y la malaria, también.
El aislamiento social, el miedo y las dificultades económicas están agravando la crisis de salud mental que ya estaba en curso; por ejemplo, en Estados Unidos, el número de adultos que contemplaron seriamente el suicidio casi se duplicó en el punto álgido de la pandemia, a finales de la primavera.
Y, dado el impacto desproporcionadamente devastador en las comunidades racializadas, las personas mayores y los miembros más vulnerables de la sociedad, el virus está «poniendo al descubierto las debilidades estructurales no solo de nuestros sistemas económicos, sino también, y de manera más crítica, de nuestros sistemas de salud», como señalaron expertos del Foro Económico Mundial.
Objetivo de Desarrollo Sostenible 3: Salud y bienestar
El ODS 3 es ambicioso y se propone reducir o eliminar una serie de problemas relacionados con la salud, entre ellos:
La mortalidad materna y las muertes prevenibles de recién nacidos y niños pequeños.
Las enfermedades transmisibles, como el sida, la tuberculosis y la malaria, así como las muertes por enfermedades no transmisibles, el abuso de sustancias y las enfermedades mentales.
Garantizar la cobertura sanitaria universal y, en particular, el acceso a los servicios de salud reproductiva.
Los efectos del medio ambiente en la salud, incluidos los productos químicos peligrosos, la contaminación y el cambio climático.
¿Cuánto se ha avanzado?
Es comprensible que el mundo esté centrado en la COVID-19, pero no es el único desafío —ni siquiera la única enfermedad infecciosa— que debemos tener en cuenta para alcanzar las metas del ODS 3 de aquí a 2030.
Según el Informe sobre los progresos de los ODS de la ONU de 2020, se han logrado avances notables, pero no son ni de lejos suficientes para alcanzar la mayoría de las metas.
Se han logrado avances significativos en ámbitos como la reducción de las muertes maternas e infantiles prevenibles, el aumento de las tasas de inmunización infantil y la ampliación del acceso a la atención de salud reproductiva.
Por ejemplo, la razón de mortalidad materna descendió un 38 % entre 2000 y 2017, una caída del 2,9 % cada año; pero debe reducirse un 6,4 % cada año «para alcanzar la meta mundial de 70 muertes maternas por cada 100 000 nacidos vivos de aquí a 2030».
Del mismo modo, las tasas de inmunización infantil han aumentado de forma constante: la cobertura de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tosferina (DTP3) pasó del 72 % en 2000 al 86 % en 2018, y la de la vacuna contra el sarampión, del 19 % al 69 % en el mismo período. Aun así, en 2018, hasta 19,4 millones de niños de todo el mundo no recibieron estas vacunas.
El informe sobre los progresos explica que la COVID-19 ha hecho que los avances logrados se alejen «aún más de su curso». Con los sistemas de salud bajo presión, los recursos desviados para responder a la pandemia y los confinamientos que dificultan el acceso a los centros de atención sanitaria, estamos viendo retrocesos preocupantes, como el resurgimiento del sarampión.
Sobre todo, esto subraya la necesidad de avanzar más en la consecución de la cobertura sanitaria universal (CSU), esencial para vencer la COVID-19 y alcanzar las demás metas. «Si se mantienen las tendencias actuales, solo entre el 39 % y el 64 % de la población mundial estará cubierta» por los servicios de salud esenciales, afirma el informe sobre los progresos. Mientras tanto, sigue aumentando el número de personas que destinan más del 10 % del presupuesto de su hogar a la atención sanitaria; en este período de turbulencia económica, esto significa que más personas podrían aplazar las consultas médicas rutinarias, exponiendo a adultos y niños de todas las edades al riesgo de contraer enfermedades infecciosas prevenibles, además de sufrir innecesariamente cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares o enfermedades mentales.
¿Qué están haciendo el Foro Económico Mundial y sus socios para crear futuros saludables?
En marzo de 2020, el Foro puso en marcha la Plataforma de Acción contra la COVID-19 —la primera plataforma de este tipo— para movilizar a la comunidad empresarial mundial a fin de emprender acciones colectivas, proteger los medios de vida y facilitar la continuidad de las actividades, así como movilizar la cooperación y el apoyo empresarial para responder a la COVID-19.
El Foro está reforzando las alianzas público-privadas para combatir las enfermedades infecciosas. Dos ejemplos son el Acelerador de Preparación ante Epidemias del Foro, que impulsa la colaboración público-privada para prepararse ante futuras epidemias y reducir sus riesgos, y el Acelerador para el Impacto (a4i) un fondo de capital de riesgo del sector público para digitalizar la atención e implementar tecnologías sanitarias emergentes en países con altas tasas de tuberculosis.
Organizada por el Grupo Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud, UHC2030 es la única alianza mundial en materia de salud que involucra a actores del sector privado, los gobiernos, la sociedad civil y organizaciones internacionales. El Foro acoge a la Sección del Sector Privado de UHC2030, una plataforma para que el sector privado intercambie ideas y colabore en materia de CSU.
El proyecto del Foro Avanzar a pasos agigantados con la medicina de precisión está desarrollando una serie de herramientas y estudios de caso que muestran cómo la medicina de precisión puede transformar la prestación de atención sanitaria y sus resultados, promoviendo métodos más específicos de detección, diagnóstico y tratamiento de enfermedades.
Descubra cómo el Foro y sus socios están dando forma al futuro de la salud y la atención sanitaria.
¿Qué puedo hacer para crear futuros saludables?
Usar mascarilla, mantener la distancia física y lavarme las manos con regularidad para ayudar a detener la propagación de la COVID-19.
Asegurarme de que mis vacunas y las de mis hijos estén al día. Planificar la vacunación contra la gripe este año para ayudar a evitar que la influenza desborde los hospitales durante la pandemia.
Dar las gracias a los profesionales médicos y trabajadores esenciales que ponen en riesgo su salud y la de sus seres queridos todos los días para garantizar que todos sigamos teniendo acceso a los servicios durante la pandemia.
Animar a mi empresa a dar prioridad a las inversiones y alianzas en materia de salud, así como a la salud mental de los empleados y las partes interesadas.
Alzar la voz contra las desigualdades económicas y sociales que generan un acceso inequitativo a la atención sanitaria.


