¿Cómo será la educación dentro de 20 años? Aquí tienes 4 escenarios

Students from the Sovannaphumi school wearing face masks maintain social distancing as Cambodia reopen schools and museums after months of shutdown due to surging of the coronavirus disease (COVID-19) in Phnom Penh, Cambodia, January 4, 2021. REUTERS/Cindy Liu - RC2S0L98SB79
COVID-19 has shown us we must prepare for uncertainty in our future plans for educationImage: REUTERS/Cindy Liu
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  • La pandemia de COVID-19 nos demuestra que no podemos dar por sentado el futuro de la educación.

  • Al imaginar futuros alternativos para la educación, podemos reflexionar mejor sobre los resultados, desarrollar sistemas ágiles y capaces de responder, y planificar ante futuras crisis.

  • ¿Qué nos los cuatro escenarios de la OCDE para el futuro de la escolarización muestran sobre cómo transformar nuestros sistemas educativos y prepararlos para el futuro?

Al comenzar un nuevo año, es tradicional hacer balance del pasado para mirar hacia delante, imaginar y planificar un futuro mejor.

Pero lo cierto es que el futuro siempre nos sorprende. Las escuelas abiertas, los docentes que usan tecnologías digitales para complementar, no sustituir, la enseñanza presencial tradicional y hasta los estudiantes que pasan el rato en grupos de manera informal: todo eso que dábamos por sentado por estas fechas el año pasado desapareció en los primeros meses de 2020.

Para hacer realidad nuestra visión y preparar nuestros sistemas educativos para el futuro, debemos considerar no solo los cambios que parecen más probables, sino también aquellos que no esperamos.

Escenarios para el futuro de la escolarización

Imaginar futuros alternativos para la educación nos lleva a pensar en resultados plausibles y ayuda a desarrollar sistemas ágiles y capaces de responder. Los escenarios de la OCDE para el futuro de la escolarizacióndescriben algunas alternativas posibles:

¿Preparados para el futuro? Cuatro escenarios para el futuro de la escolarizaciónImage: OCDE

Repensar, reconectar, reimaginar

La pregunta de fondo es: ¿en qué medida los espacios, las personas, el tiempo y la tecnología de nuestros sistemas escolares actuales favorecen o dificultan nuestra visión? ¿Nos permitirá alcanzar nuestros objetivos modernizar y perfeccionar el sistema actual, el equivalente conceptual de reconfigurar las ventanas y puertas de una casa? ¿Hace falta un enfoque completamente distinto para organizar a las personas, los espacios, el tiempo y la tecnología en la educación?

Modernizar y ampliar la escolarización actual sería más o menos lo que vemos hoy: contenidos y espacios en gran medida estandarizados en todo el sistema, principalmente centrados en la escuela (incluidos la enseñanza digital y los deberes) y en experiencias de aprendizaje individuales. La tecnología digital está cada vez más presente, pero, como ocurre actualmente, se utiliza sobre todo como medio para impartir contenidos y reproducir pedagogías existentes, en lugar de revolucionar la enseñanza y el aprendizaje.

¿Qué aspecto tendría una transformación? Implicaría reimaginar los espacios donde tiene lugar el aprendizaje, no simplemente cambiando de sitio las sillas y las mesas, sino utilizando múltiples espacios físicos y virtuales tanto dentro como fuera de las escuelas. La tecnología de vanguardia permitiría personalizar plenamente los contenidos y la pedagogía para cada persona, utilizando información corporal, expresiones faciales o señales neuronales.

Veríamos trabajo flexible, individual y en grupo, sobre temas académicos y también sobre necesidades sociales y comunitarias. Leer, escribir y hacer cálculos ocuparían tanto espacio como debatir y reflexionar en conversaciones colectivas. Los estudiantes aprenderían con libros y clases magistrales, así como mediante actividades prácticas y expresión creativa. ¿Y si las escuelas se convirtieran en centros de aprendizaje que aprovecharan la fortaleza de las comunidades para ofrecer aprendizaje colaborativo, reforzar el papel del aprendizaje no formal e informal, y modificar la organización del tiempo y las relaciones?

Otra posibilidad es que las escuelas desaparezcan por completo. Gracias a los rápidos avances en inteligencia artificial, realidad virtual y aumentada, e Internet de las cosas, en este futuro sería posible evaluar y certificar al instante los conocimientos, las habilidades y las actitudes. Al desaparecer la distinción entre el aprendizaje formal y el informal, el aprendizaje individual avanza aprovechando la inteligencia colectiva para resolver problemas de la vida real. Aunque este escenario pueda parecer inverosímil, ya hemos integrado gran parte de nuestra vida en los teléfonos inteligentes, los relojes y los asistentes digitales personales, de una manera que habría sido impensable incluso hace una década.

Todos estos escenarios tienen importantes implicaciones para los objetivos y la gobernanza de la educación, así como para el personal docente. Los sistemas escolares de muchos países ya se han abierto a nuevos actores, descentralizándose del ámbito nacional al local y, cada vez más, al internacional. El poder está más distribuido y los procesos son más inclusivos. La consulta está dando paso a la cocreación.

Podemos construir una gama ilimitada de escenarios de este tipo. El futuro podría ser una combinación cualquiera de ellos y probablemente tendrá un aspecto muy distinto según el lugar del mundo. Aun así, este tipo de reflexión nos da herramientas para explorar las consecuencias para los objetivos y las funciones de la educación, su organización y sus estructuras, el personal del sector educativo y las políticas públicas. En última instancia, nos lleva a pensar más a fondo en el futuro que queremos para la educación. A menudo, eso implica resolver tensiones y dilemas:

  • ¿Cuál es el equilibrio adecuado entre la modernización y la disrupción?

  • ¿Cómo conciliamos los nuevos objetivos con las estructuras antiguas?

  • ¿Cómo apoyamos a estudiantes y docentes con una perspectiva global y arraigo local?

  • ¿Cómo fomentamos la innovación y, al mismo tiempo, reconocemos el carácter marcadamente conservador de la educación en lo social?

  • ¿Cómo aprovechamos las nuevas posibilidades con la capacidad existente?

  • ¿Cómo reconfiguramos los espacios, las personas, el tiempo y las tecnologías para crear entornos de aprendizaje eficaces?

  • En caso de desacuerdo, ¿qué voz cuenta?

  • ¿Quién es responsable de los miembros más vulnerables de nuestra sociedad?

  • Si las empresas digitales globales son los principales proveedores, ¿qué tipo de marco regulatorio se necesita para resolver las ya espinosas cuestiones de la propiedad de los datos, la democracia y el empoderamiento ciudadano?

Pensar en el futuro requiere imaginación y también rigor. Debemos resistir la tentación de elegir un futuro favorito y prepararnos solo para ese. En un mundo donde se prevé que sean más frecuentes las crisis, como las pandemias y los fenómenos meteorológicos extremos provocados por el cambio climático, los disturbios sociales y la polarización política, no podemos permitirnos volver a quedar desprevenidos.

Esto no es un grito de desesperación, sino un llamamiento a la acción. La educación debe estar preparada. Conocemos el poder de la humanidad y la importancia de aprender y crecer a lo largo de la vida. Insistimos en la importancia de la educación como bien público, sea cual sea el escenario futuro.

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