Cómo apoyarse en la naturaleza para combatir el calor urbano

extreme heat heatwaves
Extreme heat disproportionately affects the most vulnerable people - a problem exacerbated in densely populated citiesImage: Unsplash
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  • Para 2070, 3.500 millones de personas se verán gravemente afectadas por el calor; 1.600 millones de ellas vivirán en zonas urbanas.

  • El aumento de las temperaturas puede afectar negativamente a las personas vulnerables, los trabajadores, las infraestructuras e incluso el PIB, pero las soluciones basadas en la naturaleza que aplican algunas ciudades muestran un futuro alternativo.

  • El Centro de Resiliencia de la Fundación Adrienne Arsht-Rockefeller y la Comisión Global del Foro Económico Mundial sobre BiodiverCiudades para 2030 han creado la Plataforma de Acción contra el Calor para ofrecer a ciudades de todo el mundo una hoja de ruta y herramientas con las que hacer frente al calor extremo.

En 2021, el verano en el hemisferio norte trajo una ola de calor sin precedentes en América del Norte e incendios forestales devastadores en Europa que destruyeron hogares e infraestructuras vitales. A medida que la temperatura mundial sigue aumentando, las olas de calor son cada vez más frecuentes y duraderas, y sus efectos, más catastróficos.

Calor extremo: el asesino silencioso

Para 2070, 3.500 millones de personas se verán gravemente afectadas por el calor; 1.600 millones de ellas vivirán en zonas urbanas. Un estudio realizado en nueve países indica que 356.000 muertes estuvieron relacionadas con el calor extremo solo en 2019. El calor extremo causa más muertes que todos los demás peligros relacionados con el clima juntos y se ha llegado a conocer como el «asesino silencioso», ya que no resulta tan impactante a la vista como las inundaciones, los incendios forestales o los huracanes.

El calor desencadena una cascada de efectos económicos y sociales negativos. Loscostes económicos del calor extremo ya son considerables, y análisis recientes indican que las pérdidas económicas anuales en EE. UU. ya han alcanzado los 100.000 millones de dólares debido a la reducción de la productividad laboral. La Organización Internacional del Trabajo prevé que el estrés térmico reducirá el PIB mundial en 2,4 billones de dólares en 2030. A escala mundial, los efectos del calor restarán aproximadamente un 1,5 % a 2 % del PIB anual a las economías locales.

El impacto social también es evidente. A medida que sube la temperatura, los niños no pueden concentrarse en la escuela; las embarazadas corren un mayor riesgo de sufrir un aborto espontáneo, y las personas mayores y quienes padecen diversas afecciones de salud preexistentes son propensos a sufrir golpes de calor debido a su menor capacidad para adaptarse a los cambios de temperatura corporal. Cuando los termómetros alcanzan los 100 ℉ (37,78 °C), el riesgo de lesiones aumenta un 15 % entre los trabajadores de plantas de fabricación y almacenes. El calor afecta de manera desproporcionada a las personas más vulnerables, y este problema se agrava en las zonas urbanas densamente pobladas.

Los responsables de la gestión del calor ayudan a las ciudades a afrontar los efectos del cambio climático.
Los responsables de la gestión del calor ayudan a las ciudades a afrontar los efectos del cambio climático.
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Ante este desafío, ciudades de todo el mundo están demostrando un liderazgo, un compromiso y unos enfoques innovadores extraordinarios para combatir el calor extremo, y muestran que existen soluciones prácticas y rentables que pueden aplicarse. Mediante la asistencia técnica personalizada que ofrece el Centro de Resiliencia de la Fundación Adrienne Arsht-Rockefeller (Arsht-Rock):

  • El condado de Miami-Dade, en EE. UU. ha establecido una «temporada de calor» anual como estrategia para concienciar sobre la amenaza que representa el calor extremo;

  • Atenas, Grecia, está restaurando un acueducto romano de 1.500 años de antigüedad para el riego local, lo que reverdecerá las zonas por las que pasa y reducirá las temperaturas circundantes;

  • Sevilla, España, está desarrollando el primer sistema del mundo para nombrar y clasificar las olas de calor según sus efectos previstos en la salud;

  • Freetown, Sierra Leona, está aplicando soluciones basadas en la naturaleza mediante su iniciativa «Freetown, la ciudad de los árboles», que prevé plantar un millón de árboles como medida práctica para refrescar la ciudad.

Las muertes relacionadas con el calor pueden prevenirse, y las soluciones basadas en la naturaleza pueden desempeñar un papel fundamental en la reducción de los riesgos. Las infraestructuras y los corredores azules y verdes ofrecen soluciones rentables para reducir el impacto de las olas de calor y del efecto isla de calor urbana (fenómeno por el que las zonas urbanas o metropolitanas registran temperaturas significativamente más altas que sus alrededores), al tiempo que aumentan la biodiversidad urbana.

En reconocimiento de la importancia de preservar y restaurar los ecosistemas naturales de las ciudades, la Comisión Global del FEM sobre BiodiverCiudades para 2030 se creó el año pasado para combinar las investigaciones más recientes con soluciones prácticas al servicio de un desarrollo urbano sostenible, inclusivo y favorable a la naturaleza.

La Plataforma de Acción contra el Calor (HAP)

El calor es un desafío mundial cada vez mayor para las comunidades grandes y pequeñas, en todos los contextos de desarrollo, y requiere la colaboración de una amplia variedad de disciplinas y áreas temáticas. Es esencial contar con una guía de fácil acceso y aplicación para que alcaldes y otras partes interesadas sepan cómo implementar soluciones que refuercen la resiliencia frente al aumento de las temperaturas.

En respuesta, Arsht-Rock y la Comisión Global del Foro sobre BiodiverCiudades para 2030 han unido fuerzas para integrar soluciones basadas en la naturaleza en la planificación urbana mediante acciones que refuercen la resiliencia frente al calor. El resultado de esta colaboración se materializa en la Plataforma de Acción contra el Calor (HAP), un recurso en línea integral y fácil de usar que ofrece a ciudades de todo el mundo una hoja de ruta y herramientas para hacer frente al calor extremo. La HAP destaca que la relación entre el calor y la pérdida de biodiversidad exige políticas integrales y medidas innovadoras sobre el terreno.

La HAP se está desarrollando en colaboración con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Cool Coalition, Rocky Mountain Institute, Global Covenant of Mayors for Climate and Energy, Clean Cooling Collaborative y Mission Innovation. Permite a responsables de políticas y profesionales comprender los riesgos y efectos del calor, evaluar las vulnerabilidades e identificar las políticas y medidas más adecuadas para abordar los riesgos asociados al calor.

La HAP es más que un conjunto de herramientas: es un medio para que profesionales y otras personas conecten y colaboren con expertos de todo el mundo a fin de desarrollar conjuntamente soluciones que funcionen a escala local. Al ofrecer recursos seleccionados cuidadosamente, herramientas analíticas interactivas y plantillas de varias instituciones que pueden adaptarse y utilizarse en distintos contextos, las ciudades dispondrán de diversas opciones para cubrir las carencias de la oferta actual.

Plataforma de Acción contra el Calor: para comprender los riesgos y efectos del calor extremo, evaluar vulnerabilidades y mucho más.Image: Centro de Resiliencia de la Fundación Adrienne Arsht-Rockefeller

La HAP aspira a convertirse en un instrumento valioso para fortalecer la resiliencia frente al calor: busca concienciar sobre los riesgos relacionados con el calor en las ciudades, formar a quienes toman decisiones y proporcionarles soluciones prácticas, al tiempo que destaca el vínculo entre el fomento de la biodiversidad urbana y el enfriamiento de las ciudades. La prioridad de los alcaldes y funcionarios municipales es proteger la vida de las personas. Adoptar medidas innovadoras, eficaces y basadas en datos para hacer frente al calor extremo protegerá a la ciudadanía del «asesino silencioso», que puede prevenirse, y abrirá el camino hacia un futuro urbano más sostenible, resiliente y próspero.

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