La financiación de la transición, que aúna a los sectores público y privado, es necesaria para financiar la descarbonización.
Los bancos multilaterales de desarrollo pueden diseñar los instrumentos de financiación combinada necesarios.
Señalar y avergonzar a las industrias y economías con altas emisiones de carbono resulta contraproducente.
¿Podemos abrir nuevos caminos para acelerar la transición energética? ¿Pueden los sectores público y privado contribuir a despolitizar el tema, dejar atrás las palabras y converger en torno a acciones concretas? Sostengo que la respuesta es un rotundo «sí». Una vía fundamental para alcanzar estos objetivos es la financiación de la transición.
Las transiciones, por definición, tienen una duración determinada. Es posible que no se sepa con certeza cuánto durará. Durante ese periodo pueden producirse acontecimientos imprevistos que afecten al momento, la trayectoria y la secuencia de la transición. En el caso de la transición energética, la guerra de Ucrania es un claro ejemplo de un acontecimiento que debe tenerse en cuenta al replantear dicha transición.
La financiación de la transición —nuevas soluciones para financiar la transición energética y contribuir a mitigar el cambio climático— es algo que puede concitar el apoyo de todas las partes interesadas. Si se lleva a cabo correctamente, puede: a) propiciar un verdadero cambio hacia la descarbonización; b) permitir que el sector privado obtenga rendimientos suficientes; c) apoyar al sector público, que no puede financiar este esfuerzo por sí solo; y d) acoger, en lugar de excluir, a las industrias y economías con altas emisiones de carbono. En este último caso, permite que los grandes emisores actuales participen y compartan conocimientos institucionales muy necesarios mientras descarbonizan sus negocios y promueven el crecimiento económico y el empleo durante la transición. Examinemos cada uno de estos puntos por separado.
1. Avanzar hacia la descarbonización
Las investigaciones muestran que la intensidad de carbono agregada de las carteras institucionales cayó aproximadamente un tercio entre principios de 2019 y octubre de 2021. Sin embargo, sabemos que las emisiones reales de carbono no disminuyeron en esa misma medida durante ese periodo. Así pues, aunque la descarbonización de las carteras puede ser un avance positivo, depende de cómo se produzca el cambio y, sobre todo, de si las empresas que las componen se vuelven más eficientes en carbono o si sus propietarios institucionales vendieron sus participaciones a otros propietarios. De hecho, desinvertir en un activo contaminante, por sí solo, no permite marcar la casilla «cambio climático».
La descarbonización de las carteras y la descarbonización del clima no son sinónimos. Las participaciones vendidas suelen seguir operando bajo nuevos propietarios y, si pasan a ser de propiedad privada, pueden quedar fuera del escrutinio de los mercados públicos. Sin embargo, muchas de las formas en que actualmente evaluamos y medimos los avances en el contenido de carbono de las carteras —ya se trate de los activos de una empresa energética o de la cartera de un fondo de inversión— incentivan una descarbonización de carteras carente de sentido y desincentivan la auténtica financiación de la transición. La descarbonización de la atmósfera exige centrarse en medir y evaluar las acciones.
2. Oportunidades para el sector privado
La transición energética representa quizá una oportunidad única en un siglo para las empresas y los inversores, y el Foro Económico Mundial sugiere que la transición a una economía positiva para la naturaleza podría generar más de 10 billones de dólares y crear cerca de 400 millones de empleos para 2030. Sin embargo, aprovechar este potencial no será barato. Según un reciente informe de McKinsey & Company, el gasto de capital en activos físicos de los sistemas energéticos y de uso del suelo debe aumentar en más de 3 billones de dólares al año durante los próximos 30 años para alcanzar las cero emisiones netas en 2050.
Será necesario que participen todos los sectores de la economía: energía, tecnología, transporte, manufactura y agricultura. Sin embargo, aunque el sector privado y los inversores institucionales disponen de recursos financieros para apoyar una transición sostenible, aún no se ha producido la movilización de capital necesaria. Hoy en día no hay suficientes oportunidades de inversión de una escala adecuada para los inversores institucionales. Además, para resolver el problema de los niveles de carbono en la atmósfera es necesario evitar y reducir las emisiones de carbono en los mercados en desarrollo. Sin embargo, los inversores privados suelen percibir una relación riesgo-rentabilidad desfavorable y los disuaden los riesgos de invertir en esos mercados.
3. Alianzas entre los sectores público y privado
La financiación combinada —alianzas de inversión público-privadas— y la colaboración entre los sectores público y privado son fundamentales para movilizar financiación a gran escala para proyectos sostenibles, especialmente en países en desarrollo. La financiación pública es insuficiente para realizar las inversiones necesarias. La inversión privada, aunque más que suficiente, a menudo no puede invertir por sí sola debido a consideraciones de riesgo, responsabilidad fiduciaria o escala. Ahí es donde interviene la financiación combinada.
Los bancos multilaterales de desarrollo (BMD) pueden colaborar más activamente con los sectores privado y público diseñando instrumentos de financiación combinada en asociación con el sector privado y aprovechando la escala de sus inversiones y su experiencia, lo que a su vez crea un entorno propicio para movilizar capital suficiente.
Por sí solos, los BMD disponen de mucho menos capital del necesario para resolver el problema climático y, por tanto, deberían centrarse en invertir allí y de la manera en que la inversión privada no puede hacerlo, además de proporcionar financiación complementaria y adicional. Asimismo, pueden aprovechar sus conocimientos institucionales, experiencia y capacidad operativa en las economías en desarrollo para crear una cartera de proyectos en los que invertir. Al ofrecer mejoras crediticias (como garantías de primera pérdida y seguros contra riesgos país y cambiarios) y financiación en condiciones favorables a países en desarrollo (incluidas donaciones y préstamos con tipos de interés inferiores a los del mercado), los BMD pueden, con un gasto de capital relativamente reducido, incentivar la movilización de capital para descarbonizar las economías en desarrollo.
4. Apoyar durante la transición a las industrias con altas emisiones de carbono
Algunas verdades (incómodas):
• Reducir las emisiones de carbono exige centrarse en las industrias que más emiten y trabajar con ellas.
• Parte de los mejores conocimientos prácticos para reducir las emisiones se encuentra en estas empresas con altas emisiones.
• Estas industrias necesitarán más inversión —y, desde luego, no desinversión— para acelerar y lograr la reducción de carbono.
Además, pasar de altas emisiones de carbono a cero emisiones puede requerir recurrir durante la transición a fuentes de energía con menos carbono, pero no libres de él, como el gas natural. Esto significa que se necesita mantener cierta inversión en combustibles fósiles tradicionales. Y está bien. Lo que sí se necesita es comprender, basándose en datos, por qué y cuándo pueden justificarse las inversiones en combustibles fósiles, y ser realistas al invertir en empresas con grandes emisiones heredadas o que fabrican productos verdes que generan emisiones considerables (por ejemplo, empresas de paneles solares). No es casualidad que hoy, en EE. UU., las empresas tradicionales de petróleo y gas hayan desarrollado la mejor tecnología de captura de carbono. Sería insensato excluir a estos actores de la mesa.
Ante estas oportunidades y desafíos, ¿cómo seguimos? La Iniciativa de Mercados Sostenibles (SMI), lanzada por el entonces príncipe Carlos en el Foro Económico Mundial de 2020, ha trabajado para ofrecer recomendaciones a los líderes mundiales con el fin de impulsar la transición energética hacia un futuro más sostenible.
La SMI y sus miembros han colaborado en la elaboración de un sólido marco de financiación de la transición para ayudar a inversores y responsables de la formulación de políticas. Este conjunto de recomendaciones sirve como guía práctica para que todas las partes interesadas aceleren, a gran escala, el flujo de capital hacia estructuras viables y creíbles de financiación de la transición. Los pilares fundamentales del marco incluyen:
Una asunción significativa del riesgo de propiedad por parte de entidades financiadas con fondos públicos, especialmente en el caso de activos varados en industrias contaminantes.
Financiación de la transición a gran escala, proporcionada tanto por entidades privadas como por entidades financiadas con fondos públicos.
Apoyo continuo y cada vez mayor de los inversores a empresas con altas emisiones, siempre que estas hayan emprendido un programa de transición creíble.
Medición, fijación de precios y mercados de emisiones transparentes y que funcionen adecuadamente.
Inversiones en investigación básica financiadas con fondos públicos.
Inversiones privadas en tecnología, servicios, equipos y ampliación de escala, necesarios para la transición.
Retirar los marcos de apoyo público a medida que las empresas completen sus transiciones.
La transición energética es un proceso complejo que no admite soluciones sencillas ni señalar y avergonzar. Se necesitarán distintos enfoques y reconocer que no todas las regiones del mundo parten del mismo punto. También es necesario despolitizar el tema; la retórica política no hace más que sumir a los actores en la inacción. Reflexionar seriamente sobre la transición implica reconocer su complejidad, renunciar a las pruebas de pureza y evitar los juicios simplistas de aprobación o rechazo.
La buena noticia es que existe una oportunidad histórica para que los sectores público y privado, los responsables de formular políticas y los inversores se unan y apoyen medidas realistas para abordar el principal desafío de nuestra era. El camino está claro y el momento es ahora.




