Los innovadores tecnológicos deben modernizar la respuesta humanitaria para el siglo XXI

When your daily life is upended and what seemed immutable is shattered, digital tech becomes more important than ever.
Tech is crucial for enabling the displaced to rebuild lives and livelihoods.Image: Ahmed Akacha/pexels
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  • Cuando la vida cotidiana da un vuelco y se hace añicos lo que parecía inmutable, la tecnología digital cobra más importancia que nunca.

  • La tecnología es crucial para ayudar a las personas desplazadas a reconstruir sus vidas y medios de subsistencia, pues les permite estudiar y acceder al conocimiento disponible en internet.

  • Sin embargo, en este mundo dominado por la tecnología, las personas refugiadas y desplazadas internas afrontan importantes obstáculos y amenazas que los innovadores tecnológicos deben ayudar a superar.

En enero de 2007, Steve Jobs, entonces director de Apple, subió al escenario para presentar un nuevo dispositivo tecnológico al que llamó iPhone. Quince años después, se calcula que hay más de 6.500 millones de suscripciones a teléfonos inteligentes en todo el mundo. Cuesta imaginar la vida sin ellos.

También en enero de 2007, unas 23,4 millones de personas habían sido desplazadas por la guerra, la persecución, la violencia y las violaciones de los derechos humanos. Hoy, más de 100 millones de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares: una cifra récord que no deja de aumentar.

Hay una razón por la que pongo estas dos estadísticas, aparentemente inconexas, una junto a la otra. Para muchos de nosotros, el mundo parece estar más conectado que nunca: teléfonos y ordenadores siempre encendidos, aplicaciones de mensajería, reuniones en línea, redes sociales, una avalancha incesante de correos electrónicos, la llegada de la realidad virtual… Sin embargo, para un número creciente de personas, el mundo se ha vuelto más fragmentado. Verse obligado a abandonar el hogar no crea vínculos, sino que los rompe: con familiares y amigos, escuelas, empleos y colegas, clubes y comunidades, lugares de ocio, negocios o culto.

Sin embargo, cuando la vida cotidiana da un vuelco y se hace añicos lo que parecía inmutable, la tecnología digital cobra más importancia que nunca.

Tecnología para reconstruir vidas

Las personas refugiadas y desplazadas internas necesitan tecnología para conectarse con sus amigos y seres queridos, acceder a noticias y entretenimiento, encontrar empleo, buscar información y asesoramiento, y ponerse en contacto con organizaciones como el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados que dirijo. Cuando hay pocas opciones para hacerse oír, la tecnología puede darles voz.

También es crucial para ayudar a las personas desplazadas a reconstruir sus vidas y medios de subsistencia. Les permite estudiar y formarse al darles acceso a materiales educativos —y a docentes— y a la enorme cantidad de información disponible en internet, sobre temas que van desde cómo promocionar un negocio hasta cómo reparar un grifo que gotea. Las innovaciones en traducción instantánea, microfinanciación y servicios bancarios, asistencia médica y otras formas de asesoramiento no solo están revolucionando vidas, sino que las están salvando.

Por parte del ACNUR, estamos recurriendo más a las aplicaciones de mensajería y los chatbots, y desarrollando nuestros propios espacios en línea seguros y fiables para compartir información, datos y comunicaciones. Utilizamos datos biométricos en el registro de personas refugiadas, para proporcionar documentos de identidad, distribuir dinero en efectivo mediante cajeros automáticos y mejorar diversas funciones jurídicas y de protección. De cara al futuro, estamos explorando el uso de tecnologías como la cadena de bloques y la inteligencia artificial para ver cómo pueden integrarse más en nuestra labor, mientras nos preparamos para desafíos humanitarios nuevos y en constante evolución.

Obstáculos y amenazas en un mundo dependiente de la tecnología

Sin embargo, en este mundo dependiente y dominado por la tecnología, las personas refugiadas y desplazadas internas afrontan importantes obstáculos y amenazas.

En primer lugar, muchas personas simplemente no están conectadas y, si no lo están, corren el riesgo de quedarse atrás. Tres cuartas partes de las personas refugiadas se encuentran en países en desarrollo o menos adelantados, y millones viven en zonas rurales remotas donde la infraestructura digital puede ser deficiente o inexistente. Las personas refugiadas y desplazadas internas necesitan un acceso equitativo y significativo al mundo digital, con conectividad adecuada (y electricidad para alimentarla) y dispositivos o servicios asequibles. Es una tarea en la que pueden participar gobiernos, empresas e instituciones financieras internacionales.

En segundo lugar, el ACNUR, otros organismos de la ONU y las ONG necesitan conocimientos especializados externos, por ejemplo, para hacer seguimiento de las tendencias en línea y comprender mejor las necesidades de las personas desplazadas, así como para desarrollar nuestras propias herramientas digitales. Las empresas privadas han proporcionado conectividad de emergencia durante crisis de desplazamiento y también han ofrecido sus propios servicios gratuitos a las personas refugiadas. A medida que la población desplazada del mundo aumenta inexorablemente, es vital ampliar este apoyo.

En tercer lugar, debemos hacer frente a los numerosos y diversos daños y peligros en línea que afrontan quienes huyen de la persecución y la violencia. Esto abarca desde impedir que las redes de trata operen libremente en internet hasta prevenir y eliminar los discursos de odio, la información errónea y la desinformación. Los algoritmos de las plataformas de redes sociales, impulsados por la indignación, propagan el racismo y la xenofobia. Estos problemas están ampliamente documentados y reconocidos, pero se ha hecho demasiado poco para combatirlos.

En cuarto lugar, el mundo digital del mañana debe acoger a las personas refugiadas, no excluirlas ni ponerlas en peligro. El uso de tecnología digital para controlar las fronteras debería facilitar el acceso al asilo, no crear nuevas barreras para llegar a un lugar seguro. Si agiliza los procedimientos de asilo, la reunificación familiar y procesos similares, o si la inteligencia artificial puede ayudarnos a predecir y responder a los movimientos de población derivados de conflictos, desastres y crisis económicas, tanto mejor. Si termina impidiendo que las personas vulnerables accedan a un lugar seguro y ejerzan sus derechos fundamentales, habrá fracasado.

Grandes esperanzas en la tecnología

Las propias personas refugiadas y desplazadas internas tienen grandes expectativas respecto de la tecnología; de hecho, la consideran un salvavidas, no una simple comodidad. En las encuestas, su lista de necesidades es extensa: registrarse, agilizar la tramitación de su situación jurídica y sus solicitudes de asilo, averiguar dónde pueden recibir ayuda, actualizar sus datos personales, obtener documentos de identidad y realizar consultas y quejas generales. Para que esto sea posible, sus entornos digitales deben ser seguros, eficaces y asequibles.

Por último, las personas refugiadas también pueden contribuir a dar forma al mundo del mañana. Pueden trabajar —y muchas ya lo hacen— como programadores, desarrolladores web, jugadores, científicos de datos y administradores… Si es cierto que la mayoría de los empleos de la década de 2030 aún no se han inventado, asegurémonos de que las personas desplazadas que se esfuerzan por reconstruir sus vidas estén preparadas para el futuro, porque no está lejos. Sin formación, equipos, conectividad y un acceso justo al entorno de trabajo digital, tanto las comunidades desplazadas como las que las acogen se quedarán atrás, preguntándose qué beneficios ha aportado exactamente la globalización.

Los innovadores digitales deben ayudarnos a modernizar la respuesta humanitaria para el siglo XXI. Dentro de poco menos de un año, el Foro Mundial sobre los Refugiados de 2023 ofrecerá la oportunidad ideal para que los innovadores nos presenten sus ideas, compromisos e inspiración, y nos ayuden a hacer realidad las ambiciones de nuestra estrategia digital. Juntos, demos a la acción humanitaria una actualización para el siglo XXI.

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