Corregir la forma en que producimos y consumimos alimentos puede impulsar el empleo y darnos tiempo frente al cambio climático y en la carrera hacia las cero emisiones netas.
Tres palancas para abordar la crisis de seguridad alimentaria e impulsar un cambio urgente y sostenido: sistemas alimentarios regenerativos, un mercado de alimentos saludables y respetuosos con el planeta, y acción por parte de los países.
Un nuevo informe del Foro Económico Mundial señala que algunos países clave están demostrando que vale la pena asumir el riesgo compartido para impulsar inversiones inteligentes y coordinadas en la transformación de los sistemas alimentarios.
En 2022 afrontamos crisis simultáneas: problemas de distribución de alimentos y escasez de energía y fertilizantes. Sin embargo, no abordamos los desafíos a tiempo para evitar que en 2023 las fallas de los sistemas alimentarios afectaran a todos: muchas más personas pasarán hambre, se perderán medios de vida y los precios seguirán disparándose en todo el mundo.
Cuando fallan los sistemas alimentarios, fallan las sociedades.
Geraldine Matchett, codirectora ejecutiva de Royal DSM y copresidenta de CEOs for Food, Nature and Health del Foro Económico Mundial.
Necesitamos medidas más audaces y comprender mejor cómo abordar esta situación: debemos adoptar soluciones complejas e integrales que aborden conjuntamente el cambio climático y la seguridad alimentaria.
Cómo resolver la crisis alimentaria mundial
Hemos identificado tres palancas que pueden responder a la urgencia y garantizar la durabilidad de las soluciones sistémicas.
1. Hacer posible la rentabilidad de los sistemas alimentarios regenerativos
La forma en que producimos y consumimos alimentos puede «darnos tiempo» frente al cambio climático y permitirnos liderar la carrera hacia las cero emisiones netas. Hoy, los sistemas alimentarios generan más de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que son el segundo mayor emisor después del sector energético; aun así, solo una fracción de la financiación climática se destina a soluciones agroalimentarias que reviertan estos efectos. Los sistemas alimentarios regenerativos pueden mejorar el rendimiento de los cultivos para los agricultores, reducir las emisiones en toda la cadena de valor agroalimentaria y convertir las tierras de cultivo y los pastizales en sumideros de carbono. Las soluciones climáticas basadas en la naturaleza en el sector de la alimentación y el uso de la tierra podrían aportar hasta un 37 % de la mitigación climática necesaria para alcanzar los objetivos climáticos de 2030.
Un enfoque verdaderamente inclusivo que aporte un valor claro a los agricultores y a los actores de la cadena de suministro, con soluciones financieras viables, normas y gobernanza de datos y, sobre todo, que genere confianza, será fundamental en la transición hacia sistemas agroalimentarios regenerativos e inteligentes desde el punto de vista climático. Una mayor confianza en los mercados de carbono incentivaría una serie de medidas para mitigar los riesgos de la transición, complementadas por la automatización de herramientas y servicios de recopilación de datos para los agricultores, la creación de modelos precisos de riesgo e instrumentos de crédito, la implantación de mecanismos de verificación en las cadenas de suministro y la participación de un ecosistema de financiación de capital aún sin explotar.
Los agricultores de todo el mundo (especialmente los pequeños productores) soportan el peso de los impactos climáticos y la inseguridad alimentaria, pero no pueden asumir solos la carga de la transición. Deben obtener beneficios de los sistemas alimentarios regenerativos, y necesitamos herramientas y socios que los apoyen.
2. Asegurar que las señales de demanda estén a la altura
Debemos asegurarnos de que la demanda del mercado esté a la altura mientras replanteamos cómo producir alimentos saludables y sostenibles. Los países y las empresas están haciendo grandes apuestas en su transición hacia sistemas de producción agroalimentaria más regenerativos e inteligentes desde el punto de vista climático. La carrera hacia las cero emisiones netas y los compromisos ESG siguen impulsando la innovación en los modelos de negocio, las alianzas innovadoras entre los sectores público y privado y los cambios normativos. Pero ¿contamos con suficientes palancas complementarias para generar demanda de alimentos saludables, nutritivos y ambientalmente sostenibles?
En la COP27 de Sharm el-Sheij, 14 empresas se comprometieron con la Hoja de ruta del sector agrícola para cumplir el objetivo de 1,5 °C y eliminar la deforestación de las cadenas de suministro para 2025, protegiendo al mismo tiempo los sistemas alimentarios mundiales y los medios de vida de los productores. Jefes de Estado africanos de Kenia, Namibia y otros países anunciaron inversiones ambiciosas y políticas para producir fertilizantes con hidrógeno verde, a fin de alcanzar la seguridad alimentaria y los objetivos de producción con cero emisiones netas en todo el continente.
Hay señales firmes para transformar la producción de alimentos desde el lado de la oferta; sin embargo, el sector alimentario ha tardado en cumplir sus compromisos de adoptar nuevas formas de compra y consumo. Se necesitará liderazgo: desde compromisos de compra, mecanismos de compra garantizada para los agricultores y políticas de adquisiciones, hasta la armonización de los incentivos empresariales, la transparencia mediante datos normalizados y el apoyo a los consumidores para que realicen esta transición. Equilibrar la oferta y la demanda del mercado durante estas transiciones ayudará a prevenir futuras crisis alimentarias, que ahora son inevitables.
3. Invertir en la transformación de los sistemas alimentarios liderada por los países
Los países están demostrando que vale la pena asumir el riesgo compartido para respaldar inversiones inteligentes en la transformación de los sistemas alimentarios. Desde la primera Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, celebrada en 2021, 117 países se han comprometido a transformar sus sistemas alimentarios de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.
Un nuevo informe del Foro Económico Mundial y Bain señala que los sistemas alimentarios de alto rendimiento ofrecen dietas saludables y nutritivas, crean medios de vida inclusivos y dignos, hacen crecer la economía, mitigan el cambio climático y se adaptan a él, y protegen la biodiversidad y la naturaleza. El informe identifica siete países pioneros de Europa, África, Asia y América que muestran lo que hace falta para invertir en la transformación de los sistemas alimentarios.
Sectores estratégicos de India, Vietnam y Ghana muestran cómo los países pueden transformar sus sistemas alimentarios para mejorar un conjunto más amplio de resultados, al liberar el potencial de las pequeñas y medianas empresas, especialmente las vinculadas con los agricultores y que operan en cadenas alimentarias locales.
Los países pueden recurrir a la innovación para mejorar los resultados en materia de productividad, sostenibilidad y nutrición, como demuestra Argelia, que ha mejorado la seguridad alimentaria pese a importantes limitaciones de recursos, como la disponibilidad de agua, y la intensificación sostenible de la producción de arroz en Vietnam.
Los ejemplos de Canadá y Nueva Zelanda ilustran cómo ampliar la adopción de una producción alimentaria que favorezca la naturaleza y sea inteligente desde el punto de vista climático, centrándose especialmente en las ventajas económicas para los productores. En muchos países hay casos de éxito que apuntan a un modelo para orientar el consumo hacia dietas más saludables y sostenibles mediante intervenciones en los precios (de actores públicos y privados), una comunicación y participación más claras con los consumidores, y un mayor acceso y disponibilidad.
Los perfiles de cada uno de estos países pioneros muestran cómo múltiples actores y palancas simultáneas de distintos sectores interactúan y se coordinan para hacer posible una transformación a gran escala con el tiempo. En conjunto, como compendio de aprendizajes e ideas, demuestran el potencial de estas palancas —si se aplican en paralelo y con mayor urgencia— para acelerar la transformación de los sistemas alimentarios liderada por los países. El éxito depende ahora de que todos los países actúen.




