La seguridad y la sostenibilidad energéticas se complementan.
El impulso actual a corto plazo para reforzar el suministro energético acabará acelerando el avance de la energía limpia.
Un nuevo marco define seis ámbitos para impulsar la transición energética.
«¿Cómo se pueden impulsar en paralelo la transición energética y la seguridad energética?». Esa es la pregunta clave que afrontan hoy los líderes del sector energético. La respuesta está en entenderlas no como imperativos contrapuestos, sino complementarios. La sostenibilidad y la seguridad deben ser características fundamentales del futuro sistema energético. El mundo no puede lograr la transición energética sin soluciones integradas que aborden ambas a la vez.
Aunque la sostenibilidad sigue siendo una prioridad para los líderes, ahora el énfasis real está en fortalecer los sistemas energéticos. A muchos les preocupa que restar importancia a la sostenibilidad pueda poner en peligro el impulso hacia las cero emisiones netas. Pero ese desenlace no está predeterminado.
Para atender las necesidades de seguridad a corto plazo, algunos gobiernos han empezado a revertir políticas ecológicas a fin de garantizar la estabilidad de sus cadenas de suministro energético. Entre las medidas para reforzar el suministro de gas natural figuran asegurar fuentes alternativas, construir nuevas infraestructuras gasísticas para recibir cargamentos de GNL (gas natural licuado) y aumentar la proporción del carbón en la matriz eléctrica.
Estas respuestas pueden hacer que una región quede comprometida con los combustibles fósiles y, aparentemente, desplazar a corto plazo las inversiones en soluciones de energía limpia. Pero la crisis energética también servirá de catalizador para acelerar el impulso hacia un futuro seguro, basado en la energía limpia. Las dificultades a corto plazo darán lugar a beneficios a medio y largo plazo, como demuestra una serie de paquetes de medidas, entre ellos la Ley de Reducción de la Inflación de Estados Unidos y RePower EU, que sitúan las vías de energía limpia en primer plano en medio de la actual crisis energética.
Los desafíos de seguridad energética que afrontamos hoy no son los del pasado. Algunas soluciones convencionales (la geopolítica y el almacenamiento de recursos) no los abordan en su totalidad, mientras que otras (la productividad, el consumo, la eficiencia y la regulación) son válidas, pero requieren ajustes. Se necesitan nuevos enfoques para gestionar activos y sistemas energéticos conectados digitalmente, cadenas de suministro extendidas y tecnologías emergentes a gran escala.
El Foro Económico Mundial, en colaboración con Accenture, propone un marco integral que destaca cómo las medidas coordinadas en seis dimensiones pueden abordar estos desafíos de seguridad y garantizar la seguridad de la transición energética.

1. Demanda
Aprovechar el valor de la demanda de energía con bajas emisiones de carbono puede mejorar la flexibilidad y fiabilidad del sistema, la seguridad y resiliencia energéticas, y ofrecer beneficios a los consumidores. Una transición justa exige que la sociedad dé prioridad a la eficiencia energética. Mejorar la eficiencia permite ahorrar costes de inmediato, que pueden reinvertirse en el sistema de energía limpia. También puede tener un efecto significativo e inmediato en las emisiones. Es importante que las exigencias de eficiencia se extiendan más allá de la energía e incluyan el uso eficiente de materiales como el acero, el cobre y el cemento, necesarios para desarrollar infraestructuras energéticas con bajas emisiones de carbono.
Fomentar nuevas prácticas operativas, incentivos y cambios de comportamiento puede generar un ahorro energético de ~110 EJ para 2030, equivalente a más del 18% del consumo energético mundial en 2021. Esto pone de relieve el papel fundamental que desempeña la gestión de la demanda, a menudo desatendida, para aportar valor al sistema energético.
2. Regulación e incentivos
Las inversiones necesarias para mantener la transición energética en el buen camino podrían superar los 4 billones de dólares para 2030. Al decidir dónde asignar los fondos, deben tenerse en cuenta tres disyuntivas: a) las medidas a corto plazo frente al desarrollo a largo plazo del futuro sistema energético; b) garantizar que la energía sea asequible y accesible frente a ampliar las soluciones con bajas emisiones de carbono; y c) asegurar que las inversiones se mantengan durante toda la vida útil de los activos frente a centrarse en conservar la agilidad y mejorar continuamente el marco energético. En la próxima década, las estructuras de inversión y de mercado desempeñarán un papel fundamental para orientar las medidas del sector público y dirigir las inversiones hacia la captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS), el H2, los biocombustibles y los activos de generación eléctrica sin emisiones necesarios para el futuro.
Equilibrar la seguridad energética y la sostenibilidad requerirá compromisos significativos entre los sectores público y privado, mecanismos de política y marcos estructurados que apoyen a los consumidores y permitan el desarrollo continuo de infraestructuras de energía limpia.
3. Confianza y colaboración
Más de 100 países han propuesto (o están considerando) un objetivo de cero emisiones netas. Para muchos, la descarbonización total incluirá medidas que trasciendan las fronteras nacionales, como compartir infraestructuras o crear mecanismos de mercado multinacionales. El éxito de estas iniciativas —ya sea para mejorar la conectividad de los sistemas eléctricos o desarrollar cadenas de suministro interconectadas— dependerá del intercambio eficaz de tecnologías, recursos y conocimientos. La colaboración y la confianza entre todas las partes son fundamentales.
La seguridad y la sostenibilidad energéticas son imperativos mundiales que exigen una respuesta global. La coordinación regional y nacional, la colaboración entre los sectores público y privado y los sistemas energéticos interconectados y transfronterizos deben desarrollarse estratégicamente, especialmente durante la próxima década. La confianza entre las partes será un factor clave para el éxito de la transición y, por tanto, debe ser prioritaria.
4. Suministro
Los combustibles fósiles representan más del 80% del consumo energético mundial. Aunque los recursos fósiles están determinados geológicamente, los países pueden lograr la seguridad del suministro e incluso la autosuficiencia mediante una combinación de comercio energético y diversificación de las fuentes de combustible. Además, la seguridad del suministro debe abarcar no solo las fuentes de energía, sino también el suministro de minerales utilizados para desarrollar redes interconectadas e infraestructuras de transmisión, fundamentales para desplegar energías renovables intermitentes a gran escala.
La transición energética no se producirá sin un suministro energético diversificado y una proporción cada vez mayor de activos de energía limpia y renovable. Por cada dólar invertido en nueva producción e infraestructura de combustibles fósiles, deberían destinarse 5 dólares adicionales al desarrollo de capacidad de energía renovable.
5. Estabilidad y resiliencia
La electricidad limpia es fundamental para garantizar la seguridad energética y avanzar en la transición. Sin embargo, incorporar más energía eólica y solar puede afectar la fiabilidad de la red. Será necesario modernizar la red y mejorar la capacidad de almacenamiento de energía y de generación de respaldo para dar cabida a alternativas gestionables a las fuentes de energía actuales. También son fundamentales la renovación de las operaciones, las cadenas de suministro circulares, una mejor comunicación con las partes interesadas y prácticas optimizadas de gestión de la fuerza laboral para garantizar una red sólida y resiliente.
El futuro de la energía es descentralizado, digitalizado y colaborativo, y funciona con redes inteligentes adaptables y flexibles, fundamentales para integrar eficazmente las energías renovables en nuestro suministro energético. Crear un sistema energético estable y resiliente implica más que contar con capacidad de red, respaldo y almacenamiento: también requiere nuevas formas de colaboración en el sector tecnológico, no solo con los proveedores de energía.
6. Seguridad del sistema
Los activos energéticos inteligentes y digitalizados ofrecen muchos beneficios, pero son vulnerables a nuevas formas de ataque. El sector energético representa el 16% de todos los ciberataques detectados, una cifra que no ha hecho más que aumentar durante la reciente pandemia. En conjunto, el sector energético es la tercera industria más atacada por los ciberdelincuentes. Para responder a este mayor nivel de amenaza, es necesario mejorar la respuesta ante emergencias, la notificación de incidentes y el diseño de los sistemas.
En un mundo donde aumentan las amenazas físicas y cibernéticas, los líderes deben reorientar su enfoque de seguridad y colaborar, desde proteger el suministro energético hasta proteger los datos y la cadena de suministro extendida. Una cultura sólida de seguridad física y cibernética es fundamental para la seguridad y la resiliencia del sector energético.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para impulsar la transición hacia la energía limpia?
La seguridad energética es un componente fundamental de una transición energética exitosa. Pero ya no puede considerarse una preocupación aislada. Tampoco puede desvincularse de la necesidad de sostenibilidad energética. De hecho, estas cuestiones están tan entrelazadas que no es exagerado concluir que el futuro de la seguridad energética es la sostenibilidad energética. Centrarse en estos seis ámbitos de acción interconectados puede contribuir a mejorar la seguridad y la sostenibilidad, y allanar el camino hacia una transición más fluida y exitosa.





