Davos 2023: Discurso especial de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España

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  • El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, interviene en una sesión plenaria de la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos el martes 17 de enero.

  • Afirma que el mundo se enfrenta a cuatro amenazas principales: la pandemia de COVID, la guerra de Ucrania, y las crisis alimentaria y energética.

  • Afirma que España ha acogido a más de 150.000 refugiados ucranianos y que contribuirá a garantizar la seguridad energética en Europa y la seguridad alimentaria en los países en desarrollo.

  • Pide a los líderes redoblar el apoyo a la democracia, construir cadenas de producción interconectadas y sostenibles, y reconstruir las sociedades fragmentadas política y socialmente, centrándose en el bienestar de las personas.

Volver a Davos es un signo del tan anhelado retorno a la normalidad, al igual que los rostros sin mascarilla que veo en el público. Sin embargo, hoy no se siente nada normal, ¿verdad? El mundo tiembla. Muchas de las certezas que teníamos hace apenas tres años se han desvanecido. Y las nuevas que se supone que deben reemplazarlas aún no han surgido. Muchos ciudadanos sienten que algo se ha roto y que el mundo se dirige por un camino oscuro.

No cabe duda de que Putin es el principal culpable de este terrible desvío. Atacó el orden internacional basado en normas en un momento en que el mundo se encontraba en un punto tan bajo, en plena y terrible pandemia. Un acto de crueldad que solo revela su propia debilidad.

Pero quizá deberíamos dejarlo a un lado por un momento y preguntarnos: ¿y nosotros? ¿No hemos cometido también errores? ¿Estamos haciendo todo lo posible para proteger ese orden internacional basado en la apertura, las normas y la colaboración que Putin intenta socavar y destruir?

Davos AM23 - Discurso especial de Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España - Original
Davos AM23 - Discurso especial de Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España - Original
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Muchas alianzas internacionales se han fortalecido, en efecto, tras la COVID y la invasión de Ucrania –especialmente en el ámbito de la defensa. Pero ¿no estamos viendo también cómo las fronteras se cierran cada vez más tanto a las personas como a los bienes, y cómo se desvanece el apoyo a muchas organizaciones multilaterales? ¿Estamos haciendo lo suficiente para combatir la desigualdad y la injusticia social, y para evitar que surjan más líderes autocráticos como Putin? Y, igual de importante, ¿estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para combatir el cambio climático, o estamos utilizando esta crisis como excusa para frenar la transición ecológica?

Creo que este es el momento oportuno, y el lugar adecuado, para plantearnos estas preguntas. Y para darnos cuenta de que, si la respuesta a cualquiera de ellas es «no», significa que tenemos que despertar. Porque hay mucho en juego. Mucho más que el desempeño de nuestras economías en el próximo trimestre.

Nuestra lucha actual no solo es contra Putin o la escasez de energía. También es contra el miedo, la desconfianza, el egoísmo, la xenofobia y el desastre medioambiental. Y su desenlace definirá la vida en Occidente y más allá durante las próximas décadas.

Por eso creo que debemos hacer más. Que debemos aprovechar esta oportunidad para rehacer y fortalecer nuestra arquitectura internacional, para redoblar nuestro compromiso con nuestros valores liberales y democráticos, y para forjar nuevas normas y un nuevo liderazgo que nos permitan superar eficazmente los grandes desafíos de nuestro tiempo, como el cambio climático y la desigualdad.

¿Si no es ahora, cuándo? ¿Si no somos nosotros, quién?

Cuatro amenazas a las que se enfrenta el mundo

Como estoy pronunciando un discurso, lo único que puedo ofrecer son palabras. Pero las palabras pueden convertirse en algo poderoso. Pueden convertirse en promesas. Y aquí está la mía: España dará un paso al frente ante el desafío. Mi país, mi Gobierno, estará en primera línea junto a las naciones comprometidas con luchar por un mundo guiado por la colaboración social y la responsabilidad medioambiental, y no por la fragmentación y el cortoplacismo.

Y España lo hará participando activamente en las cuatro amenazas principales a las que se enfrenta actualmente el mundo:

En primer lugar, la pandemia, que, por desgracia, aún no ha terminado. España es el quinto país del mundo que más vacunas contra la COVID ha donado, más de 70 millones de dosis. Y seguiremos haciéndolo hasta que los países del Sur Global tengan el mismo acceso que los del norte.

En segundo lugar, seguiremos ayudando a Ucrania en su lucha por la libertad. El año pasado, España creó el mayor paquete de ayuda humanitaria de su historia para el pueblo ucraniano, aportó apoyo militar por valor de más de 300 millones de euros y acogió a más de 150.000 refugiados ucranianos. Este apoyo no cesará hasta que Putin retire sus tropas y Ucrania vuelva a ser el país independiente y próspero que fue. Presidente Zelenski, cuente con nosotros.

Davos AM23 - Mensaje especial de Olena Zelenska, Primera Dama de Ucrania - Original
Davos AM23 - Mensaje especial de Olena Zelenska, Primera Dama de Ucrania - Original
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En tercer lugar, la amenaza internacional en la que España mantendrá su compromiso: la crisis energética. El año pasado mi país redujo voluntariamente su consumo eléctrico un 7,5 % respecto a nuestra media histórica, y su consumo de gas natural un 23 %, y hemos contribuido a la seguridad del suministro europeo aumentando las exportaciones de electricidad y gas a la UE hasta el límite de nuestra capacidad. Lo hicimos duplicando nuestras importaciones de gas natural procedente de ultramar. Y también aumentando nuestra producción de energía solar un 33 % respecto al año anterior, lo que nos convierte en el quinto país del mundo en producción de energía eólica y en el octavo en generación de energía renovable.

Ahora seguiremos apoyando a nuestros aliados europeos. Y lo haremos fomentando una mayor interconexión, normas justas y energía limpia, de modo que esta crisis sirva para acelerar la transición ecológica y no para retrasarla.

En 2023 seguiremos aumentando de forma significativa nuestra capacidad de producción de energía renovable, avanzaremos en la construcción del primer gasoducto de hidrógeno verde del Mediterráneo y comenzaremos a construir dos mega plantas de metanol verde que crearán hasta 85.000 empleos y alimentarán los futuros buques de la mayor naviera del planeta.

España reúne condiciones excepcionales para el desarrollo de este tipo de energía. Por eso ya acogemos el 20 % de todos los proyectos de hidrógeno verde del mundo.

Por último, también aumentaremos nuestro compromiso con la seguridad alimentaria. Como saben, el mundo se enfrenta a una crisis mundial del hambre de proporciones sin precedentes. En tan solo dos años, el número de personas que sufren hambruna, o que se encuentran al borde de ella, ha aumentado de 135 millones en 53 países a 345 millones en 82 países. En muchos países en desarrollo, la población está al borde de la inanición debido a la escasez. Y en muchos países desarrollados, muchas personas tienen dificultades para poner buena comida en la mesa debido al aumento de los precios. Debemos actuar.

A pesar de su tamaño, España es uno de los mayores países productores de alimentos del mundo y el primer productor ecológico de la UE. Por ello, seguiremos apoyando las cadenas de suministro alimentario. Incrementaremos nuestra producción agrícola en equilibrio con la sostenibilidad medioambiental y fomentaremos el desarrollo de una agricultura moderna en los países en desarrollo mediante una serie de proyectos de cooperación públicos y privados.

Pero aún podemos hacer más.

Redoblar el apoyo a la democracia

La mejor manera de asegurarnos de que Putin y sus aliados no logren su intento de destruir las normas y los principios liberales que han guiado el orden internacional desde el fin de la Guerra Fría es redoblar nuestro apoyo a esas mismas normas y principios. No solo con palabras, sino con hechos.

Por eso España ha aumentado y seguirá aumentando su apoyo al multilateralismo. En tiempos de incertidumbre y dificultades como los que vivimos, los países tienden a encerrarse en sí mismos, a levantar muros y a cortar lazos con el resto del mundo, con la esperanza de que el aislamiento los proteja. Pero nunca es así. Solo los debilita. Estoy convencido de que la mejor manera de proteger a España y a los ciudadanos españoles es proteger a la población del resto del mundo; que los problemas globales solo pueden resolverse con respuestas globales.

Por esta razón, desde que soy presidente, la ayuda española al desarrollo se ha duplicado, pasando de 2.200 millones a 4.400 millones de euros al año. Y, en el futuro, seguirá haciéndolo. España seguirá apoyando a los países en desarrollo y a las organizaciones multilaterales con aún más fuerza y convicción que antes, ya que ahora son más necesarios que nunca. Y permítanme decir que esto no es solo lo que quiere mi Gobierno. Es lo que exigen los ciudadanos españoles. No en vano, según las últimas encuestas, son los ciudadanos más comprometidos de Europa con la solidaridad entre las naciones.

Cadenas de producción sostenibles

Por las mismas razones, también seguiremos defendiendo una economía abierta e interconectada. Está claro que debemos repensar el comercio mundial y las cadenas de suministro. Los acontecimientos recientes nos han recordado que los costes de producción no deberían ser el único criterio a tener en cuenta a la hora de decidir dónde ubicar las cadenas de producción. Existen otros, como la seguridad y la sostenibilidad medioambiental.

¿Cómo garantiza el Foro Económico Mundial mercados globales sostenibles?

Creo que Europa debe recuperar ciertas capacidades estratégicas que nunca debería haber perdido. Capacidades en sectores clave, como la defensa, la salud, la energía y la alimentación. Por ello, esta será una de las principales prioridades de la Presidencia española del Consejo de la Unión Europea, que tendrá lugar durante el segundo semestre de este año.

Pero, para España, garantizar la autonomía estratégica de Europa no significa fomentar un retorno a la autarquía, al nacionalismo o a la fragmentación económica. Todo lo contrario. España es la 16.ª nación comercial del mundo y la segunda más visitada. Nuestro país ha prosperado abriéndose. Y eso es lo que seguiremos haciendo en el futuro, al tiempo que defendemos una UE más conectada con el resto del mundo, en particular con nuestros amigos de América Latina.

Nuestra lucha actual no solo es contra Putin o la escasez de energía. También es contra el miedo, la desconfianza, el egoísmo, la xenofobia y el desastre medioambiental. Y su desenlace definirá la vida en Occidente y más allá durante las próximas décadas.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España

Lecciones sobre la construcción de resiliencia desde España

Parece que 2023 no será un buen año para la economía mundial. Estará marcado por la incertidumbre, la alta inflación y el estancamiento de algunas de sus mayores naciones. España sufrirá inevitablemente algunos de los efectos de este contexto, pero también muestra magníficos signos de resiliencia y fortaleza. En este momento, España tiene el nivel de empleo más alto de su historia, sigue creciendo por encima de la media de la eurozona y registra la tasa de inflación más baja de la UE.

De hecho, todas las organizaciones internacionales coinciden en que España será una de las economías occidentales que mejor sortearán este periodo de incertidumbre y desaceleración económica. Y prevén que seguirá creciendo y avanzando por la senda de convergencia y progreso por la que ha avanzado durante los últimos treinta años.

Tenemos:

  • una red de infraestructuras físicas y digitales de primera categoría;

  • una fuerza laboral bien formada y altamente cualificada;

  • un sector privado dinámico y de vanguardia;

  • estabilidad institucional;

  • un plan de reformas estructurales en marcha que ya ha invertido más de 43.000 millones de euros de los fondos Next Generation.

La economía mundial necesita, hoy más que nunca, socios fiables en los que se pueda confiar. Y España será uno de ellos.

Frenar a las fuerzas reaccionarias

Apoyar la apertura económica y el multilateralismo será crucial para proteger el orden mundial que Putin intenta destruir. Pero hay una cosa crucial más que debe hacerse: debemos combatir las semillas podridas que Putin ha sembrado en nuestros propios países.

No olvidemos que el autócrata ruso no está solo en su aspiración reaccionaria de fracturar el mundo y dar marcha atrás en el reloj de la historia. Tiene muchos aliados en Europa. Ahora ocultan sus simpatías y sus vínculos con Putin, pero hace apenas un año lo visitaban y elogiaban sus métodos. Debemos impedir que estas fuerzas políticas lleguen a las instituciones y destruyan la UE desde dentro.

La amenaza es muy real, especialmente en aquellos países donde estas fuerzas de extrema derecha cuentan con el apoyo de los partidos conservadores tradicionales, que les abren las puertas mismas del Gobierno. Las combatiremos. Con la misma determinación con la que los ucranianos luchan contra las fuerzas rusas. Pero con armas diferentes: democracia, transparencia y políticas eficaces.

Y, para mí, este último punto es crucial: es hora de cumplir.

Reconstruir las sociedades fragmentadas

En la mayoría de los países occidentales, la desigualdad aumenta y la movilidad social se ha estancado. Nuestros ciudadanos están perdiendo poder adquisitivo. Tienen dificultades para encontrar un trabajo digno, para comprar una vivienda adecuada y para dar a sus hijos una buena educación. Para muchos de ellos es imposible ahorrar para unas vacaciones bien merecidas, y mucho menos tener una jubilación digna o un seguro médico privado. Mientras tanto, el número de multimillonarios no deja de crecer, y las grandes multinacionales siguen incrementando sus beneficios, incluso a costa de los demás.

¿Cómo podemos pedir a nuestros ciudadanos que soporten la inflación un poco más, cuando algunas grandes empresas no pagan impuestos gracias a los paraísos fiscales y a los vacíos de la regulación internacional que permitimos que existan? Les pido a ustedes, élites globales, que nos ayuden a cambiar esta situación.

Hace cien años, cuando el mundo aún estaba gobernado por viejas aristocracias, habría sido ingenuo e inútil hacerlo. Pero las cosas han cambiado. Hoy, muchos de ustedes proceden de familias de clase trabajadora y clase media. Son líderes elegidos democráticamente por sus ciudadanos; empresarios que forjaron su propia fortuna con esfuerzo. Y por eso saben que el sistema no es justo. Está lleno de injusticias y desigualdades.

Centrarse en las personas

Es hora de corregirlo. Es hora de que nuestra economía y nuestra política vuelvan a centrarse en lo que realmente importa: el bienestar de las personas. Porque si no son capaces de lograr eso, ¿de qué sirve protegerlas?

Mi Gobierno se compromete con este objetivo. En los últimos 10 meses, hemos destinado más de 45.000 millones de euros de fondos públicos para ayudar a ciudadanos y empresas a afrontar la ola inflacionista y la crisis energética. Hemos movilizado todos los recursos financieros y legales del Estado para protegerlos, mediante la reducción de impuestos, el fomento del transporte público gratuito, la concesión de ayudas directas a las pymes y a los hogares, y la intervención en los mercados de la electricidad y de la vivienda.

Estas medidas nos han permitido reducir la inflación en cinco puntos en cinco meses y hacer que esta crisis sea un poco más llevadera para muchos. Por ello, seguiremos manteniéndolas y ampliándolas hasta que los precios se moderen y una vida digna vuelva a ser asequible.

El mundo se enfrenta a un grave peligro, cuya amenaza va más allá del suministro de gas ruso o del destino de Ucrania. Todos debemos actuar hasta el límite de nuestras capacidades. Límites que no deberían estar determinados por la magnitud de nuestro PIB ni por normas antiguas que nunca aprobamos. Deben fijarse según las necesidades y los derechos de nuestros ciudadanos. Su bienestar debe ser la medida de nuestro éxito. Así que, cumplamos.

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