La COVID-19 dejó al descubierto la brecha digital. Así podemos cerrarla

Belen Cruz tries to help her daughter, Natalie, log on to her school's online learning platform at their home in York, Pennsylvania, U.S. September 18, 2020. The online platform would not load for almost an hour, during which Natalie was not able to get any school work done. Picture taken September 18, 2020. REUTERS/Rachel Wisniewski - RC2B8J9V3GRJ
Remote learning during the pandemic has been far from universal - 5G could change thisImage: REUTERS/Rachel Wisniewski
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  • Muchas comunidades rurales y de bajos ingresos de todo el mundo, incluidas las de grandes zonas urbanas, carecen de un acceso fiable y asequible a internet;

  • A estas personas se les seguirá negando el acceso a los beneficios de la tecnología a medida que surjan más dispositivos y sistemas que dependan de la conectividad a internet;

  • Una infraestructura 5G abierta y moderna, construida conjuntamente por los sectores de las telecomunicaciones, la nube y la informática, puede ayudar a cerrar esta brecha digital.

En 2020, el mundo adoptó la transformación digital a un ritmo acelerado y reimaginó el papel fundamental de la tecnología en nuestra forma de trabajar, aprender y vivir. Al mismo tiempo, la pandemia de COVID-19 puso de manifiesto un problema de larga data: miles de millones de personas siguen sin el derecho humano universal de acceso a internet.

Muchas comunidades rurales y de bajos ingresos de todo el mundo, incluidas las de grandes zonas urbanas, carecen de un acceso fiable y asequible. Más importante aún, la tecnología inalámbrica ya no es importante solo para los consumidores y el entretenimiento; se está volviendo rápidamente fundamental para conectar todo en el mundo digital, desde los sistemas domésticos inteligentes hasta los vehículos autónomos.

Siempre he creído que la tecnología tiene la capacidad de hacer muchísimo bien y ayudar a las personas a prosperar y lograr cosas que antes parecían imposibles. La tecnología debe ser el gran elemento igualador, no una fuente de división. Por desgracia, la brecha entre quienes tienen y quienes no tienen se está ampliando en Estados Unidos y en todo el mundo debido a la falta de acceso a internet, tanto para las personas como para el conjunto creciente de dispositivos inteligentes conectados. Promover el bien común mundial debe empezar por garantizar que todas las personas de la Tierra puedan conectarse de forma inalámbrica y acceder a todas las posibilidades de la tecnología. Cerrar la brecha digital depende de que el 5G esté disponible para todos, en todas partes, de forma moderna y abierta.

Reducir la brecha

Según la FCC, el 97% de los estadounidenses de zonas urbanas tiene acceso a un servicio fijo de alta velocidad. En las zonas rurales, la cifra baja al 65% y en las tierras tribales, al 60%. En total, casi 30 millones de estadounidenses no pueden beneficiarse plenamente de la era digital.

La situación mundial es aún más grave. Según un informe de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la tasa de penetración de internet es del 87% en los países desarrollados, pero apenas del 47% en los países en desarrollo y del 19% en los países menos adelantados.

El acceso a internet es bajo entre las personas en situación de vulnerabilidad económicaImage: Statista

La educación a distancia durante la pandemia estuvo lejos de ser universal y los estudiantes de primaria y secundaria (de K-12 en Estados Unidos) considerados «pobres» padecen la brecha digital. Un estudio del National Assessment of Educational Progress del Centro Nacional de Estadísticas Educativas de Estados Unidos sugiere que es menos probable que los estudiantes pobres tengan el equipo necesario para asistir a clases en línea; el 7% de los estudiantes pobres de octavo grado no tiene acceso a internet, frente a solo el 1,6% de quienes no son pobres. Sin un acceso fiable a internet, estas desigualdades económicas seguirán creciendo.

Las personas sin un acceso sólido a internet se están quedando atrás en los ámbitos académico y económico. Tenemos el imperativo moral de garantizar que todos puedan formar parte de la Cuarta Revolución Industrial. Mediante inversiones tempranas y despliegues específicos, el 5G puede generar valor en las economías locales y nacionales y contribuir al estímulo económico. Además, gracias a la innovación que posibilita el 5G, podemos transformar sectores como la educación y la atención sanitaria, la capacitación laboral y el desarrollo de competencias, la participación cívica e incluso los servicios públicos. Esto solo es posible si hacemos del 5G una responsabilidad no solo de las empresas tradicionales de telecomunicaciones, sino también una prioridad compartida por los sectores de las telecomunicaciones, la nube y la informática.

Número de suscripciones a banda ancha fija por cada 100 personasImage: Our World in Data

Construir un nuevo tipo de conectividad

Construir una infraestructura 5G es una tarea colosal que requiere numerosas torres celulares adicionales y nuevas arquitecturas distribuidas basadas en redes definidas por software; no se trata simplemente de una evolución del 4G. Es razonable describir el despliegue del 5G público y privado a escala nacional y mundial como uno de los proyectos de infraestructura más grandes de nuestra generación. Sin embargo, hoy el estado de la industria y la tecnología de las telecomunicaciones ha quedado rezagado frente a la velocidad de evolución de los sectores de la nube y la informática. Esto hace que el despliegue inicial del 5G sea más costoso y difícil de lo necesario para lograr un impacto.

Además, los esfuerzos actuales para desarrollar redes 5G están fragmentados: en la mayoría de las regiones no se ha desplegado el 5G y, hasta la fecha, las empresas apenas lo utilizan. La fragmentación puede agravar la brecha digital, restringir la innovación e incluso limitar las transformaciones digitales tan necesarias en la salud, la educación y el transporte. Para abordar esta fragmentación, debemos ampliar drásticamente el ecosistema tecnológico capaz de ofrecer la innovación y los resultados del 5G.

Esto empieza por replantearnos cómo deben construirse los sistemas 5G. Debemos alejarnos de las arquitecturas heredadas de telecomunicaciones y adoptar tecnologías virtuales, abiertas, automatizadas y definidas por software. Esto requiere inversiones de grandes empresas de informática y de la nube; ya han comenzado, pero deben acelerarse.

Las colaboraciones público-privadas serán una herramienta fundamental para incorporar a los sectores de la nube y la informática a la evolución del 5G. Los gobiernos deben encontrar formas de atraer a las empresas compartiendo los riesgos y creando incentivos para reducir los costos generales del despliegue, evitar la dependencia de un proveedor y permitir la transición a la siguiente generación de tecnologías como el 6G. Con el capital, los recursos y el talento necesarios para construir una infraestructura 5G nacional, los sistemas de nube e informática pueden aumentar su participación en el 5G y ofrecer antes soluciones a gran escala.

Con el 5G podemos lograr lo que antes era imposible para la humanidad. Imaginemos un aula virtual conectada a escala mundial que permita aprender a cada estudiante, independientemente de su idioma, estilo de comprensión o ubicación geográfica; o a médicos de todo el mundo que utilicen la inteligencia artificial y la computación perimetral para aprovechar información en tiempo real y ofrecer una atención a los pacientes más rápida, colaborativa y centrada; o una ciudad donde sus habitantes estén conectados a servicios esenciales mediante transporte autónomo que les acerque esos servicios. Todo esto puede hacerse realidad con un sistema 5G desarrollado gracias al esfuerzo conjunto de los sectores de las telecomunicaciones, la nube y la informática.

Es hora de un cambio transformador

Al invertir en tecnologías emergentes como la tecnología de comunicaciones inalámbricas 5G, los gobiernos y el sector privado pueden unirse para abordar las desigualdades de nuestras comunidades y crear cambios significativos y duraderos que garanticen a todos los ciudadanos el acceso a la tecnología que necesitan para trabajar y estudiar.

Además, los países que impulsen esta innovación y creen un ecosistema tecnológico más amplio y sólido para respaldar el desarrollo de su infraestructura 5G pueden aumentar la competitividad del mercado, evitar la dependencia de un proveedor y reducir los costos, en un momento en que los gobiernos de todo el mundo deben priorizar el gasto. Esta inversión ayudará a las empresas y los gobiernos a crear economías más sostenibles e inclusivas, algo fundamental para la continuidad de las empresas a largo plazo y el progreso humano.

Para muchas personas, la pandemia ha cambiado nuestra percepción de la conectividad a internet para todos, que ahora consideramos un componente esencial de una sociedad equitativa. Creemos que necesitaremos que todos los sectores de la nube, la informática y las telecomunicaciones trabajen juntos al entrar en la próxima era de la conectividad: una era que conectará no solo a todas las personas, sino también todas las cosas; y que no solo transformará el acceso, sino que permitirá la transformación digital de todos los elementos de nuestra economía y sociedad.

Esta causa común, que se manifiesta de forma destacada en las posibilidades del 5G moderno, nos permite adoptar un cambio tecnológico transformador que beneficiará a toda la humanidad en 2021. Es fundamental que aprovechemos este momento y estemos a la altura del desafío para hacer realidad todo el potencial de la conectividad 5G —y el derecho de acceso a internet— para todos.

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