La COVID-19 ha puesto de manifiesto numerosas desigualdades subyacentes.
La rapidez y la escala de la respuesta pusieron de relieve el poder que los líderes políticos pueden ejercer cuando están convencidos de que el desafío lo exige.
Los paquetes de apoyo pueden crear una sociedad más equitativa, dar prioridad a la salud de todas las personas y producir un beneficio ambiental neto.
Cuando los incendios forestales destruyen bosques, propiedades y medios de vida, la naturaleza responde con un nuevo comienzo: devuelve nutrientes al suelo y abre paso a una vegetación joven y sana, que a su vez sostiene la fauna y la biodiversidad.
Como la naturaleza, podemos canalizar el devastador impacto de la COVID-19 para emprender un nuevo comienzo, si utilizamos la pandemia como una lente para observar el mundo de otra manera y, después, actuar en función de lo que vemos.
Una nueva mirada sobre el mundo
La COVID-19 ha puesto de manifiesto las privaciones y las numerosas desigualdades subyacentes que existen dentro de los países y entre ellos. Los más desfavorecidos son los más golpeados.
La crisis nos ha obligado a trabajar, aprender, comunicarnos y acceder a los servicios sanitarios y financieros a través de interfaces digitales. Pero hemos comprobado que cientos de millones de personas no tienen acceso digital ni una conexión de banda ancha fiable a internet. Así, se ha descubierto una nueva desigualdad, la brecha digital, y un nuevo sector de la sociedad que necesita ayuda: la infraclase digital.
La pandemia nos recuerda que aún tenemos mucho trabajo por hacer para cerrar la brecha de género. Las trabajadoras han sufrido de forma desproporcionada, en parte debido a su alta representación en sectores muy afectados, como los viajes, el ocio, el comercio minorista y la hostelería.
Ha puesto de relieve la necesidad de empatía intrageneracional. Las personas mayores corren los mayores riesgos sanitarios, pero son los jóvenes quienes sufrirán las mayores consecuencias sociales y económicas, con desafíos relacionados con su educación, sus perspectivas laborales y su salud mental.
Una lente de claridad
La lente del virus nos ha dado mayor claridad sobre algunos de los riesgos mundiales a los que nos enfrentamos, como el cambio climático, el desencanto de los jóvenes y la ciberseguridad, que se destacan en el Informe sobre Riesgos Globales 2021. Ahora que han captado nuestra atención, el siguiente paso es asegurarnos de actuar.
Gracias a la COVID-19 se nos ha dado un atisbo de cómo podrían ser las cosas de otra manera. La rapidez y la escala de la respuesta pusieron de relieve el poder que los líderes políticos pueden ejercer cuando están convencidos de que el desafío lo exige.
También ha demostrado lo eficaz que puede ser el comportamiento privado para contener una crisis. Tanto las personas como las empresas han practicado el distanciamiento físico, han adoptado el uso de mascarillas y han hecho otros sacrificios que fueron esenciales para frenar la propagación del virus y hacer que esta pandemia sea mucho menos letal de lo que habría sido de otro modo.
La pandemia y los confinamientos resultantes nos mostraron que la única forma realista de combatir el cambio climático es desvincular las emisiones de CO2 de la actividad económica. Esto implica que debemos tomar decisiones políticas y económicas que protejan el medio ambiente y, al mismo tiempo, generen prosperidad y oportunidades de empleo.
Muchas empresas han aprovechado la pandemia para desarrollar nuevas formas de trabajo que requieren menos desplazamientos. Podrían seguir marcando una diferencia significativa en la huella de carbono de la sociedad si se comprometen a reducir de forma permanente los viajes de negocios.
Los estímulos fiscales y los paquetes de apoyo económico sin precedentes que han articulado los gobiernos también ofrecen una oportunidad única. Si se hacen correctamente, pueden crear una sociedad más equitativa, dar prioridad a la salud de todas las personas y producir un beneficio ambiental neto.
Esto no solo nos permitiría recuperarnos de la pandemia, sino que también promovería el crecimiento económico, ampliaría la fuerza laboral y aportaría inmensos beneficios sociales. La promesa de la UE de un paquete de estímulo de 1,8 billones de euros para reconstruir una Europa posterior a la COVID-19 que sea “más ecológica, más digital y más resiliente” podría crear un futuro más prometedor para todos si se replica a escala mundial.
Prevenir el desencanto generalizado de los jóvenes requerirá un nivel similar de voluntad política y económica. Debemos crear las oportunidades para minimizar el riesgo de una generación perdida en un mundo posterior a la pandemia. Pero podemos empezar simplemente escuchando las voces de los jóvenes.
Un desafío hercúleo
No será fácil. Transitar hacia una economía mundial que descarbonice, mantenga la prosperidad y reduzca la desigualdad al mismo tiempo será un desafío hercúleo; pero soy optimista.
En Zurich creemos que incorporar políticas ecológicas y promover la cohesión social puede ser un catalizador del crecimiento económico, además de tener un impacto positivo en las personas y el planeta. Y creemos que las empresas tienen un papel clave que desempeñar.
Seguimos promoviendo la diversidad y la inclusión, y hemos descubierto que añadir seis palabras a nuestros anuncios de empleo en el Reino Unido aumentó significativamente las solicitudes de mujeres: “part time”, “job share” y “flexible working”.
A pesar del desafío de la COVID-19, ampliamos el Programa de Aprendices de Zurich en Estados Unidos durante 2020. No solo permitimos que los jóvenes se incorporen a la fuerza laboral, sino que también ayudamos a otras empresas a explorar los programas de aprendizaje como parte de nuestro papel como cofundadores de la Red de Aprendices de Chicago, así como de Insurance Apprenticeship USA.
El virus ha expuesto nuestras debilidades y ha puesto de manifiesto la fragilidad de nuestras economías, nuestras sociedades e incluso de algunos de nuestros líderes políticos. Pero también nos recuerda nuestras fortalezas más valiosas y arroja luz sobre el poder y la belleza de la naturaleza y de la humanidad.
La humanidad siempre ha encontrado la manera de hallar fortaleza en la adversidad y, como se demostró en la búsqueda de una vacuna, donde hay voluntad, siempre encontramos el camino.
Si mostramos el mismo enfoque y determinación para combatir el cambio climático y otras cuestiones que preocupan a nuestro planeta, entonces podremos sentirnos optimistas sobre el futuro.
Este es un nuevo punto de partida para todos. Deberíamos tratar este momento como lo haría la naturaleza, como una oportunidad de renovación y para fortalecer la humanidad y el ecosistema de nuestro planeta.





