Los objetivos ESG claramente definidos y comunicados pueden crear valor para todas las partes interesadas y promover prácticas de gestión sostenible.
Para que los criterios ESG se conviertan en la «estrella polar» de una empresa, deben ir más allá de la «E» y no centrarse únicamente en los objetivos medioambientales.
También es una cuestión de liderazgo: de nada sirve que solo la alta dirección conozca los objetivos ESG.
Es una buena práctica alinear la estrategia de la empresa con objetivos medioambientales, sociales y de buen gobierno, o ESG, por sus siglas en inglés. Al fin y al cabo, ¿quién no quiere operar de forma sostenible en beneficio de todas las partes interesadas y, sobre todo, de la sociedad, la principal de ellas?
Últimamente, los criterios ESG están sometidos a una presión cada vez mayor. Financial Times describe el futuro de los criterios ESG como «un momento decisivo». The Economist ve «un sistema roto que necesita reparaciones urgentes». Algunos escándalos de lavado verde y de «lavado woke» han hecho el resto. Los críticos podrían argumentar que ahora mismo el mundo tiene asuntos más apremiantes, ya que la guerra en Ucrania está provocando crisis energéticas, alimentarias y, posiblemente, de refugiados en muchos países.
La pregunta es: ¿se pueden salvar los criterios ESG? Y, de ser así, ¿cómo?
Los criterios ESG no necesitan ser salvados. Siguen representando una ambición clara, pero necesitan transparencia. En un mundo cada vez más fragmentado e inestable, es más importante que nunca que las empresas tengan una brújula clara. Tener un «norte verdadero» es un requisito previo para una gestión sostenible y para crear valor para todas las partes interesadas y, por tanto, para un capitalismo inclusivo. Los objetivos ESG claramente definidos y comunicados pueden ser esa estrella polar.
Estoy convencido de que los criterios ESG no son una tendencia pasajera, sino que han llegado para quedarse. Pero solo si hablamos de criterios ESG reales, transparentes, honestos y medibles. Los criterios ESG no deben servir únicamente a una ideología ni generar más burocracia; deben equilibrar lo deseable con lo factible. Así habrá aceptación, impacto y resultados.
¿Cómo pueden los criterios ESG ser una «estrella polar» eficaz?
1. Los criterios ESG son una cuestión de liderazgo. Deben estar arraigados en los niveles más altos de la empresa y sentar las bases de la estrategia empresarial. La dirección debe tener una idea clara de la evolución de la empresa a corto, medio y largo plazo, y definir los objetivos en consecuencia. No basta con fijar un único objetivo para un futuro lejano —como alcanzar las cero emisiones netas en 20XX— sin definir etapas intermedias para lograr operaciones empresariales sostenibles. Esto no tiene que ver con una gestión empresarial visionaria, sino mucho con transferir la responsabilidad a las generaciones futuras.
2. Los criterios ESG deben ser un tema permanente y prioritario para el consejo de supervisión. Por supuesto, corresponde a la dirección definir y ejecutar la estrategia de la empresa e impulsar los criterios ESG. Sin embargo, los consejos de supervisión deben respaldarla, establecer el marco y ofrecer orientación fundamental. También deben establecer sistemas de remuneración que incluyan el cumplimiento de los objetivos ESG más pertinentes. Al fijar objetivos individuales para los miembros del consejo, incentivan avances significativos a corto plazo.
Por ejemplo, se pueden crear a tiempo canales de captación de talento que promuevan la inclusión y la diversidad. Pero cumplir los objetivos ESG se parece menos a una carrera de velocidad y más a una maratón: crear una transición sostenible hacia la neutralidad climática exige incentivos a largo plazo vinculados también a los intereses económicos de los inversores. Además, los inversores suelen recibir bien todos estos esfuerzos cuando se someten a votación en la junta general anual.
3. Los criterios ESG deben ir más allá de la «E» y no centrarse únicamente en los objetivos medioambientales, como reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La «S» y la «G» son tan importantes como el medio ambiente. Esto incluye, por ejemplo, objetivos de diversidad, buen gobierno, cero daños, creación de empleo y más. Para mejorar, las empresas deben definir objetivos claros en las tres áreas: E, S y G. En cualquier caso, las tres están interconectadas.
4. De nada sirve que solo la alta dirección conozca los objetivos ESG. Una estrategia ESG debe integrarse plenamente en la estrategia empresarial de la compañía y convertirse en una parte esencial de su cultura corporativa —porque la cultura se come a la estrategia para desayunar—, además de influir en las acciones de clientes, proveedores y socios. Se trata de crear un sistema ESG para la empresa. Las iniciativas descendentes deben corresponderse con el deseo que nace desde la base. Esta es también la mejor solución contra el lavado verde y las ilusiones «woke».
5. Los criterios ESG pueden ser un gran impulso para atraer el talento adecuado. Cuesta encontrar talento de primer nivel; la guerra por el talento ha terminado: el talento ha ganado. Entonces, ¿cómo atraer a las mejores personas? ¿Una remuneración elevada? Quizá, pero no es algo excepcional ni sostenible. ¿Alta tecnología? Bueno, quizá, pero podría durar poco. ¿Qué motiva a los mejores? En mi experiencia, a menudo la respuesta correcta a una pregunta sencilla: ¿por qué debería trabajar para usted? La respuesta está en tener un propósito, servir a la sociedad y contribuir al bien común del mundo.
El rendimiento relativo —en comparación con el de empresas similares— también es imprescindible. No se lancen a abordar cuestiones como el propósito y la promoción de los criterios ESG si su rendimiento operativo va por detrás del sector y de sus competidores. Los directores ejecutivos también arriesgan su puesto si dirigen sus empresas de acuerdo con objetivos ESG ambiciosos, pero no ofrecen un rendimiento financiero y operativo suficiente. La rentabilidad competitiva y sostenible es un deber fundamental. Crea la libertad y la independencia necesarias para que los criterios ESG se consideren imprescindibles y no simplemente deseables.
En el mercado de capitales, las empresas que se guían por los criterios ESG compiten con otras del «viejo mundo». La competencia en el mercado ha aumentado ahora que terminó la era de los tipos de interés bajos. Si no se alcanza la rentabilidad esperada, la mayoría de los inversores buscará otras opciones o forzará cambios en la dirección o el consejo. Todo niño sabe que primero hay que matar al dragón y después conquistar a la princesa; los directores ejecutivos también deberían saberlo: primero hay que quitar de en medio los grandes obstáculos. Si su rendimiento está por detrás del de sus competidores, mantengan la cabeza gacha y trabajen más. Todavía no se distraigan con asuntos que están por encima de sus posibilidades.
Hacer bien las cosas en materia de ESG es fundamental, no solo como requisito previo para el éxito a largo plazo de las empresas. El enfoque adecuado puede dar lugar a un nuevo tipo de capitalismo inclusivo. Hoy las empresas se enfrentan a expectativas que van más allá de generar beneficios, como muestran el activismo climático mundial y los movimientos Me Too y Black Lives Matter. Lo relevante hoy es que las empresas estén al servicio de la sociedad. Al redefinir el capitalismo, podemos construir un mundo más justo y sostenible.
Sin embargo, el compromiso de la dirección y los empleados con los criterios ESG no basta; los marcos políticos y regulatorios también deben respaldarlos. Los criterios ESG requieren un conjunto de normas uniforme y aplicable en todo el mundo, para que las empresas puedan compararse de forma creíble y correcta, y ser auditadas de manera independiente. Los organismos de normalización contable de América y Europa determinan las reglas de la contabilidad internacional y también deberían establecer criterios ESG internacionales que sirvan a las empresas para formular sus objetivos. Estos objetivos deberían basarse en la ciencia y en normas, y ser verificados por auditores de todo el mundo. Se aplica el principio «el fondo por encima de la forma»: la calidad del contenido es decisiva. Espero que avancemos significativamente en este ámbito, porque los criterios ESG han llegado para quedarse.

