La economía de los cuidados de EE. UU., de 6 billones de dólares, comprende tanto los servicios remunerados como los no remunerados prestados a personas que no pueden valerse por sí mismas.
Con una escasez de mano de obra histórica y desafíos económicos, el crecimiento de EE. UU. corre riesgo si los líderes empresariales y gubernamentales no abordan la creciente crisis de los cuidados.
Crear experiencias laborales más centradas en los cuidadores en torno al cuidado es clave para construir resiliencia empresarial y lograr un crecimiento económico posterior a la COVID-19.
Cada ciudadano puede imaginar fácilmente a un padre o cuidador que lucha por calmar a un niño alterado, o incluso a una enfermera que ayuda a un paciente anciano a realizar las tareas diarias.
Estos son aspectos comúnmente aceptados de la vida cotidiana, pero lo que a menudo no se aborda es la carga emocional de este papel necesario: cómo algunas personas han tenido que abandonar sus carreras y estudios para cuidar a sus seres queridos, mientras que otras abandonan por completo el sector debido a los salarios bajos y las largas jornadas.
Ahora multiplique esos ejemplos por millones, por cada puesto de trabajo afectado, y el resultado es la economía de los cuidados de 6 billones de dólares que corre actualmente el riesgo de colapsar en Estados Unidos.
Compuesta tanto por servicios remunerados como no remunerados, la economía de los cuidados representa un sector de quienes son responsables de prestar servicios de cuidado a personas que no pueden valerse por sí mismas, y supone aproximadamente una cuarta parte del producto interno bruto (PIB) de EE. UU. en 2022.
Dada la escasez histórica de mano de obra y los desafíos económicos acumulados tras la pandemia de COVID-19, una parte importante del crecimiento de EE. UU. corre riesgo si los líderes empresariales y gubernamentales no se unen para abordar la crisis que nos ocupa.
La economía de los cuidados de EE. UU. en la actualidad
Según una investigación de BCG, si la economía de los cuidados sigue funcionando sin mejoras, EE. UU. podría perder 290 000 millones de dólares en PIB en 2030 y en años posteriores, cifra equivalente al PIB total del estado estadounidense de Connecticut.
Sin embargo, este es solo el escenario intermedio. Las previsiones extremas sitúan la pérdida de PIB en unos 500 000 millones de dólares en 2030, lo que subraya que lo que está en juego es demasiado importante para que los líderes no aborden este problema creciente.
Esta pérdida insuperable puede atribuirse a algunos aspectos clave:
Trabajadores de cuidados remunerados que abandonan la fuerza laboral debido a los salarios bajos, lo que deja puestos sin cubrir. Según una investigación de BCG, el número de puestos de cuidados vacantes asciende a 1,8 millones, lo que representa casi el 10 % de los 11 millones de puestos vacantes mencionados en el Informe de Empleo utilizado para este conjunto de datos.
Trabajadores de cuidados no remunerados que dejan sus propios empleos para suplir los cuidados que, de otro modo, habría prestado un trabajador de cuidados remunerado mencionado anteriormente. Por cada 10 cuidadores remunerados que abandonan la fuerza laboral, una persona de otro sector de la economía se ve obligada a abandonar también la fuerza laboral para suplir esa falta.
Implementación de prácticas empresariales sólidas
Las empresas con más probabilidades de sortear cualquier adversidad económica son aquellas que adoptan políticas centradas en los datos y en los empleados. Con la especulación sobre una recesión financiera dominando los titulares, aumenta la presión sobre los directivos para demostrar la resiliencia de sus modelos de negocio. Las políticas sólidas centradas en los empleados permiten a los líderes mostrar los beneficios de invertir en su plantilla.
El bienestar de los empleados es, y debe ser, una de las principales prioridades de las organizaciones que transforman sus estrategias operativas para ser más resilientes. A medida que la fuerza laboral continúa recuperándose de la COVID-19 y adopta modelos de trabajo híbridos, los empleadores deben ser más flexibles con quienes también prestan servicios de cuidado a sus familias y en el ámbito profesional.
En la misma encuesta de BCG, los padres trabajadores declararon dedicar, de media, 30 horas semanales a cuidados no remunerados, además de su jornada laboral a tiempo completo. Adoptar políticas centradas en los empleados permitiría subsanar estas brechas críticas.
Tras la “Gran Renuncia”, estos trabajadores preferirán empresas que puedan ofrecer determinadas políticas y prestaciones que ayuden a aliviar la carga de prestar cuidados, en concreto:
Políticas de trabajo flexible que incluyan el teletrabajo y el trabajo a tiempo parcial, así como horarios laborales más predecibles, que ayuden a los empleados a prever y atender las necesidades de cuidado a largo plazo.
Ampliación de la baja familiar remunerada, que ha disminuido drásticamente tras la pandemia: casi un 18 % para la baja por maternidad y un 17 % para la baja por paternidad.
Opciones subvencionadas de cuidado remunerado, incluida la ayuda financiera, los servicios de cuidado de apoyo o incluso las guarderías en el propio lugar de trabajo para los hijos.
Apoyo a las políticas centradas en los cuidadores, actualmente bajo escrutinio a nivel federal y estatal.
Todos los sectores deben abordar la crisis de los cuidados en EE. UU.
Por muy influyentes que sean las empresas para cambiar el rumbo de la crisis de los cuidados, este problema es demasiado grande para que un solo sector lo aborde por sí mismo. La colaboración con el sector público es un componente fundamental para hacer frente a la posible pérdida de PIB.
Para empezar, EE. UU. es el único país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que carece de políticas nacionales de baja remunerada. La baja remunerada permite a los cuidadores dedicar el tiempo necesario a apoyar a sus seres queridos sin experimentar cambios importantes en su calidad de vida provocados por una reducción drástica del apoyo económico del hogar.
Además, los programas de cuidado infantil subvencionados o universales ofrecen acceso a un apoyo de calidad en este ámbito, y ya han demostrado beneficios claros para estados y distritos, como Washington D. C., donde la atención preescolar universal ha demostrado aumentar la participación laboral de las madres en 10 puntos porcentuales.
En cuanto a la parte remunerada de la economía de los cuidados, unos salarios más altos pueden hacer que los puestos se perciban como más atractivos y valorados por los posibles trabajadores. Aumentar los salarios puede ampliar el grupo de talento, pero sin medidas adecuadas de formación y contratación, dicho grupo no es sostenible.
Es importante que los centros de cuidados financiados con fondos públicos apliquen prácticas de formación adecuadas y aprovechen las soluciones tecnológicas y las innovaciones emergentes para que los cuidadores puedan trabajar con mayor eficiencia y aliviar los aspectos más difíciles de sus empleos.
En ausencia de estas opciones, los datos mostraron un aumento de quienes abandonan la fuerza laboral para convertirse en cuidadores a tiempo completo, así como de cuidadores que dejan la fuerza laboral.
La tecnología puede ayudar a innovar en los cuidados
Además de los pasos mencionados que pueden dar los sectores privado y público para abordar esta crisis, la tecnología seguirá siendo un enorme impulsor de la innovación cuando se utilice adecuadamente. Si bien se han logrado avances importantes en aspectos autónomos mediante la tecnología, eso no es lo que pretende sugerir este artículo.
La tecnología puede resultar más útil mediante la aplicación de datos para empoderar mejor a los cuidadores y ofrecer una experiencia más racionalizada, ya sea en el sector remunerado o en el no remunerado.
Por ejemplo, los agentes virtuales de cuidado en el hogar, como Sensi.AI pueden aprovechar la inteligencia artificial (IA) para informar mejor de una crisis y activar al cuidador de forma más oportuna cuando el impacto puede ser grave en cuestión de segundos.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial en materia de valor y gasto sanitarios?
Cuando se integra en el tejido de un sector, la tecnología suele favorecer el cambio positivo y la transformación.
En el caso de la economía de los cuidados, garantiza un marco más resiliente que puede resistir los cambios generacionales y la escasez de mano de obra que se avecinan.
Es fácil perder de vista una crisis de esta naturaleza mientras la comunidad mundial sigue impulsando iniciativas de cero emisiones netas.
Sin embargo, para que los líderes de EE. UU. demuestren resiliencia en todos los ámbitos de sus respectivas empresas, es imperativo que reorienten la financiación hacia una experiencia laboral más centrada en los cuidadores. Los riesgos para la economía de los cuidados son demasiado grandes para ignorarlos.







