La empresa es clave para impulsar la transición energética en Oriente Medio y el Norte de África. Estos son los motivos

Sultan Ahmed al-Jaber, chief executive officer of the Abu Dhabi Future Energy Company (MASDAR) looks out at the solar power plant Shams 1 during its official inauguration at Madinat Zayed in Abu Dhabi March 17, 2013. The largest renewable energy project in the Middle East, Shams 1, covers 2.5 square kilometres in Madinat Zayed in the Western Region, and will generate 100 megawatts of clean and sustainable energy - enough to power 20,000 homes, and the biggest step so far towards Abu Dhabi's goal of obtaining 7 percent of its energy from renewable sources by 2020, according to local media. REUTERS/Ben Job (UNITED ARAB EMIRATES - Tags: ENVIRONMENT ENERGY BUSINESS)
Research suggests that consumers underestimate the region’s vulnerability to climate change.Image: REUTERS/Ben Job
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  • Oriente Medio y el Norte de África se está calentando al doble de la media mundial.

  • Como anfitriona de la próxima cumbre COP28, la región tiene la oportunidad de dar forma al debate sobre sostenibilidad en todo el mundo.

  • Las empresas, especialmente las grandes empresas estatales, pueden desempeñar un papel fundamental en la transición energética sostenible de la región.

Imaginemos Oriente Medio y el Norte de África como una bola de nieve: un ecosistema singular que puede estudiarse de forma individual, lo que permite conocer la cruda realidad del cambio climático. Es un enfoque especialmente adecuado porque se trata de una región donde el cambio climático se está acelerando de manera notable.

La región se está calentando al doble de la media mundial. Para 2050, podría experimentar un aumento de temperaturas que no se situaría en el rango de 1,5-2,0 °C, sino que llegaría hasta los 4 °C. Esto podría traer consigo una desertificación generalizada, escasez de agua en toda la región, pérdidas de cosechas y fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor e inundaciones repentinas. Estos cambios ambientales podrían ampliar las desigualdades socioeconómicas y provocar trágicas repercusiones humanitarias, especialmente en las zonas de la región que ya sufren guerras y fragilidad.

Esta es la realidad de la situación, a menos que se implementen cambios políticos importantes y las empresas de la región se comprometan plenamente, y con rapidez, con estrategias empresariales sostenibles.

Tras haber acogido la COP27 en 2022, y con la próxima COP28 en noviembre-diciembre y, posiblemente, la COP29, Oriente Medio y el Norte de África tienen la oportunidad de dar forma al debate sobre sostenibilidad a nivel regional y mundial, reflejando las necesidades y la exposición particulares de la región. Las estrategias pragmáticas y con visión de futuro podrían ayudarle a superar a otras regiones en su camino hacia la sostenibilidad.

Para que esto ocurra, los responsables políticos, las empresas y la ciudadanía de la región deben comprometerse plenamente con un futuro sostenible, comprender mejor los riesgos críticos a los que se enfrenta la región y tomar mayor conciencia de las importantes oportunidades que ofrece la transición energética, y aprovecharlas.

Los datos sugieren que esto está lejos de ser así. Si bien es cierto que los gobiernos están intensificando sus esfuerzos (el 60 % de las emisiones de carbono actuales y del producto interior bruto de la región se han acogido a compromisos de emisiones netas cero en los últimos dos años), el sector privado no refleja actualmente este mismo nivel de compromiso. En comparación con economías similares, las empresas de Oriente Medio y el Norte de África están rezagadas en sus ambiciones de sostenibilidad. Solo el 12 % de las empresas de la región se han comprometido con objetivos de emisiones netas cero, y aún menos, el 7 %, han detallado cómo piensan alcanzar estas metas.

Las investigaciones sugieren que los consumidores también subestiman la vulnerabilidad de la región ante el cambio climático. Junto con Bain & Company, hemos encuestado a 2.000 personas de la región y hemos descubierto que, aunque el 65 % de los encuestados reconoce el cambio climático como una amenaza mundial, solo el 45 % percibe la vulnerabilidad de Oriente Medio y el Norte de África. También cabe señalar que Oriente Medio y el Norte de África solo son superados por América del Norte en cuanto a emisiones totales per cápita. Esto subraya la necesidad de sensibilizar mejor sobre el cambio climático, el ahorro energético y la sostenibilidad.

Más allá de estas generalizaciones, un problema importante es que no existe una política ni un enfoque común frente al cambio climático que pueda funcionar en toda la región de Oriente Medio y el Norte de África.

Aunque las grandes economías del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) dependen actualmente de la exportación de hidrocarburos para crecer, son los únicos países que cuentan con los recursos y la capacidad para adaptarse rápidamente a las oportunidades inexploradas que presenta la transición energética mundial. La mayoría de los demás países de la región se enfrentan a varios desafíos, como la devaluación de la moneda, el desempleo generalizado y una crisis del coste de la vida. Es necesaria la financiación climática para financiar nuevas infraestructuras energéticas si se quiere garantizar una transición energética justa para estos países.

Sin embargo, los efectos del cambio climático no se detienen en las fronteras nacionales. Para una región de Oriente Medio y el Norte de África resiliente y sostenible, una agenda regional de sostenibilidad debe priorizar la cooperación y adoptar la acción climática no como un coste, sino como una oportunidad. Para lograrlo, serán fundamentales estrategias audaces, innovadoras y de alcance regional.

El papel de las empresas

Las empresas pueden desempeñar un papel fundamental en este cambio radical, liderado en parte por las grandes empresas estatales de Oriente Medio y el Norte de África. Pueden marcar el camino impulsando la acción de los proveedores (animándolos a adoptar medidas positivas para medir y reducir las emisiones); mostrando liderazgo con objetivos y planes ambiciosos; aumentando la concienciación de los consumidores; y creando coaliciones climáticas transfronterizas público-privadas.

Estas medidas no estarán exentas de costes, ya que las empresas deberán afrontar inversiones financieras y de capital humano. Pero con este tipo de política, impulso y liderazgo, los países de Oriente Medio y el Norte de África estarán mejor posicionados para avanzar con rapidez en su camino hacia la sostenibilidad.

La otra cara de la ecuación es la inversión en energía limpia. Más allá de los beneficios de reducir las emisiones de carbono, la transición hacia las energías renovables creará nuevos empleos y fomentará el desarrollo del talento local. La localización de las cadenas de suministro ayudará a desarrollar capacidades de fabricación locales, sentando, a su vez, las bases para el desarrollo del capital humano y de los conocimientos especializados de la región.

Planteado de esta manera, la respuesta de Oriente Medio y el Norte de África al cambio climático tiene el potencial de impulsar notablemente la diversificación económica, las exportaciones, el crecimiento y la creación de empleo. Pero estos actores regionales deberán actuar en varios frentes. Deben fijar objetivos de emisiones sólidos y cumplirlos; aplicar medidas de eficiencia energética, priorizar una gestión responsable del agua, incluida la conservación; y apostar por las finanzas e inversiones verdes.

En toda la región, el lema de la transición energética debería ser consumir menos (priorizar la eficiencia energética), ecologizar el suministro (desplegar energías renovables) y gestionar el resto (invertir en tecnología de eliminación de carbono como parte de la cadena de producción energética y en soluciones basadas en la naturaleza que actúen como sumideros de carbono).

Todo esto debería ser fácilmente alcanzable dadas las ventajas naturales de Oriente Medio y el Norte de África. Sus horas de sol, su clima ventoso y el hecho de disponer de grandes extensiones de terreno sin uso lo convierten en el lugar perfecto para instalaciones de energía solar y eólica. En los países no pertenecientes al CCG, las energías renovables en general son ahora más rentables que los combustibles fósiles. Al cambiar a energías renovables, pueden eliminarse las subvenciones a los combustibles y sustituirse por otras formas de apoyo específico a la ciudadanía. A su vez, esto aumenta las posibilidades de estos países de lograr una transición energética justa, al tiempo que contribuye a reducir la pobreza gracias a los fondos reorientados.

Una unidad móvil con hidrógeno en Dhahran, Arabia Saudí.Image: REUTERS/Hajer Abdulmohsin

En toda la región, pero especialmente en el CCG, los importantes recursos renovables, combinados con la infraestructura existente, ofrecen a la región la oportunidad de satisfacer la creciente demanda internacional de energía limpia. En este sentido, Oriente Medio y el Norte de África ya están dando pasos firmes. La mitad de sus empresas estatales están desarrollando hidrógeno verde y azul o participan en la creación de capacidades de captura, utilización y almacenamiento de carbono. La tarea ahora es convertirse en líder en este ámbito, lo que ayudaría a mantener la influencia energética mundial del CCG durante generaciones.

Las recientes crisis ya han sacudido el ecosistema de Oriente Medio y el Norte de África, distorsionando las cadenas de suministro de alimentos, energía y otras materias primas, y generando una crisis del coste de la vida en algunos de sus países.

El futuro dependerá en gran medida de cómo los líderes de la región, tanto políticos como empresariales, equilibren dos necesidades muy distintas: proporcionar un alivio inmediato a sus poblaciones y, al mismo tiempo, prepararse para los problemas relacionados con el clima y actuar para mitigarlos. La región ya está experimentando los primeros efectos de esta crisis, pero su impacto total se manifestará en las próximas generaciones.

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