Las empresas desempeñan un papel clave en el avance de la equidad sanitaria a través de su personal, su oferta de productos y servicios, sus comunidades y su ecosistema.
La evidencia demuestra que las empresas tienen una sólida propuesta de valor para invertir en salud.
La Red Mundial de Equidad Sanitaria del Foro Económico Mundial representa una oportunidad clave para avanzar en la equidad sanitaria.
La equidad sanitaria se define acertadamente como «la situación en la que todas las personas tienen una oportunidad justa y equitativa de alcanzar el nivel más alto de salud posible». Lamentablemente, la pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto cómo las desigualdades estructurales preexistentes contribuyen a agravar los desequilibrios en los resultados de salud por motivos de raza, etnia y otros factores sociodemográficos.
La pandemia también reveló el vínculo indisoluble entre comunidades sanas y una economía sólida y resiliente. Desde la bibliografía de salud pública, sabemos que las condiciones en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen pueden influir de manera notable en la salud, para bien o para mal.
Este blog tiene como objetivo analizar el papel de las empresas en el avance de la equidad sanitaria desde la perspectiva de la resiliencia: la capacidad de un individuo, organización o comunidad para hacer frente al estrés identificando los factores o agentes estresantes, accediendo a los recursos necesarios, soportando la presión, recuperándose de los eventos adversos y creciendo frente a los factores estresantes y las demandas cambiantes.
¿Cuál es el papel de las empresas?
A medida que el mundo pasa de la respuesta a la pandemia a la recuperación, quizá no haya mejor momento para crear las políticas y programas que puedan catalizar el cambio generalizado y sistémico necesario, y las empresas pueden desempeñar un papel central en este proceso. Las empresas pueden influir en la salud en cuatro ámbitos generales:
El valor, la salud y la seguridad de los productos y servicios que venden.
La salud, la seguridad y el bienestar de sus empleados, personas a su cargo y jubilados, así como de los trabajadores de sus cadenas de suministro.
Las inversiones que realizan en las comunidades en las que desarrollan su actividad y en las que viven sus empleados.
El efecto que tienen sobre el medioambiente.
Todas las empresas desempeñan un papel clave en el avance de la equidad sanitaria a través de su personal, su oferta de productos y servicios, sus comunidades y su ecosistema. Optimizar los resultados en materia de salud no solo es un imperativo moral de la equidad sanitaria, sino también un factor esencial para el crecimiento económico.
Existen pruebas sólidas de que las empresas tienen una importante propuesta de valor para invertir en salud. Mientras las empresas empiezan a abordar la equidad sanitaria, también crece la percepción de que los inversores, los candidatos a un empleo y los consumidores están cada vez más dispuestos a tomar decisiones basadas en la responsabilidad social corporativa.
Cómo movilizar la acción empresarial
Para quienes no trabajan en el ámbito de la salud, puede resultar difícil saber por dónde empezar. Por ello, puede ser útil recurrir a recursos y marcos ya existentes. Por ejemplo, en 2021, la American Heart Association publicó el informe, Driving Health Equity in the Workplace, con principios y estrategias para atender a los empleadores allá donde se encuentren.
Además, muchas empresas informan sobre sus objetivos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), realizan un seguimiento de su impacto en la sociedad y evalúan los avances hacia objetivos medibles. De hecho, muchos marcos ESG ya incluyen elementos de equidad, principalmente en el ámbito de la diversidad, la equidad y la inclusión en el lugar de trabajo.
Asimismo, la Red Mundial de Equidad Sanitaria del Foro Económico Mundial busca apoyar y movilizar la acción empresarial en materia de equidad sanitaria, en consonancia con el marco ESG. Al igual que la Coalición Net Zero, este proyecto tiene como objetivo crear un marco de medición y acción para alcanzar Cero brechas sanitarias.
Esta iniciativa puede ayudar a reducir las dificultades para empezar, al ofrecer un conjunto sistemático y estandarizado de medidas de equidad sanitaria que son coherentes con los marcos de información ESG convencionales y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, están vinculadas a procesos y resultados significativos, y permiten la comparabilidad entre sectores y regiones.
¿Cómo está mejorando el Foro Económico Mundial el estado de la atención sanitaria?
El Centro de Salud y Atención Sanitaria conecta a líderes para comprender los desafíos que enfrentan los sistemas de salud en todo el mundo, incluidos el acceso, la equidad, la resiliencia y la preparación.
Mediante un diálogo de confianza y la colaboración público-privada, el Centro permite a sus socios alinearse en torno a prioridades compartidas y avanzar en la acción colectiva para mejorar los resultados en salud.
Importancia de los datos y la medición
Al pasar de las aspiraciones a la acción, las empresas se enfrentan a varios desafíos. Uno de los principales consiste en establecer objetivos significativos, alcanzables y medibles, con trayectorias de éxito claramente definidas. Las organizaciones pueden entonces identificar las métricas cuantitativas asociadas a esos objetivos, evaluar la situación de partida y, por último, aplicar políticas y programas que impulsen el progreso. Si bien las métricas y acciones exactas variarán según la empresa, el sector y los recursos disponibles, podemos ofrecer las siguientes consideraciones generales que conviene incluir:
Mida lo que importa. Es un viejo refrán que dice que «lo que se mide, se hace», por lo que las mediciones deben reflejar prioridades empresariales vinculadas de forma más explícita a los resultados en salud.
Estandarice las mediciones. Aunque cada organización es única y puede resultar atractivo crear métricas a medida, adoptar sistemas de medición existentes puede reducir el coste general de recopilación de datos, permitir la comparabilidad y la evaluación comparativa, y favorecer la creación de comunidades de aprendizaje.
Las métricas deben alinearse con programas específicos y resultados previstos. Los objetivos y las métricas deben vincularse directamente con las acciones que las empresas pueden emprender para alcanzar el resultado de equidad sanitaria previsto, y orientarlas.
Identifique las fuentes de datos que sirvan de base para las métricas. Comience con los datos actualmente disponibles para respaldar la evaluación de la situación de partida y el seguimiento; después, analice qué datos clave podrían faltar y explore formas de obtenerlos que requieran un esfuerzo reducido.
Existen varios posibles puntos de fallo del sistema que pueden hacer descarrilar el esfuerzo. Por ejemplo, los cuatro ámbitos de acción mencionados anteriormente suelen estar aislados en distintas áreas de una organización: personal en Recursos Humanos; producto y servicios (es decir, la oferta) en el desarrollo y la comercialización; comunidad en la responsabilidad social corporativa; y ecosistema en las alianzas o en la gestión inmobiliaria y de edificios.
Del mismo modo que las divisiones operativas suelen funcionar como compartimentos estancos, también lo son los datos necesarios para medir y hacer seguimiento de los avances. Esto dificulta la colaboración entre departamentos y genera una falta de conocimiento de la situación a nivel organizativo. Establecer un sistema sólido e interoperable de datos y seguimiento permite a las organizaciones comprender, cuantificar y reducir sus brechas sanitarias, al tiempo que refuerzan su resiliencia empresarial. Este sistema requiere una gobernanza sólida y controles de acceso estrictos para proteger la privacidad y la seguridad de datos potencialmente sensibles.
Unir fuerzas para avanzar en la equidad sanitaria
Tras la COVID-19, nuestro objetivo debe ser ir más allá de la «actividad habitual», reconociendo las profundas desigualdades estructurales de la era previa a la COVID y comprometiendo a nuestras organizaciones a eliminar o mitigar los efectos de dichas desigualdades. Podemos construir una nueva y mejor normalidad con mayor resiliencia individual, organizativa y comunitaria mediante una acción sostenida, la medición del impacto y la presentación de informes.
Una forma de avanzar es unirnos y coordinar la acción. La Red Mundial de Equidad Sanitaria representa una oportunidad clave para avanzar en la equidad sanitaria, al alinear a los líderes ejecutivos de todo el mundo e incorporar la equidad sanitaria en nuestras estrategias organizativas.





