La desinformación y la falta de comprensión han sido generalizadas durante la pandemia de COVID-19, lo que ha provocado una vacunación desigual y ha prolongado el brote.
Pero dos años gestionando el virus nos han dotado de los conocimientos y la tecnología necesarios para erradicar este virus y los que puedan surgir en el futuro.
Al dar voz a voces poco convencionales, aprovechar el análisis de datos y la elaboración de modelos predictivos, y centrarse en las comunidades a escala hiperlocal, los futuros brotes no tienen por qué ser tan devastadores como la COVID-19.
La COVID-19 ha trastocado la vida de las personas, las familias y la economía. Desde el comienzo de la pandemia, la falta de comprensión científica y la desinformación —ya sea sobre la eficacia de las mascarillas o las vacunas, o sobre la letalidad del propio virus— han prolongado y agravado el daño causado.
La mala noticia es que, debido a los cambios en el clima, la población, los sistemas alimentarios y las cadenas de suministro, cada vez es más probable que surjan nuevos brotes de enfermedades a la escala de la COVID-19. Sin embargo, gracias a nuestra experiencia en la gestión de esta pandemia, ahora estamos mejor preparados para afrontar futuros brotes.
Varias lecciones clave de la pandemia ayudarán a mejorar la confianza en la ciencia y a crear un conjunto de herramientas para cerrar activamente las brechas de conocimiento, fomentar comportamientos saludables positivos y evitar la propagación de otra infodemia, que podría reducir nuestra capacidad de gestionar la propagación de enfermedades a medida que surgen.
Cuando surgió la COVID-19, la frecuencia de las sesiones informativas científicas de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), así como de las autoridades sanitarias y los expertos, no bastaba para llegar a los segmentos de la población reticentes a vacunarse.
Determinados grupos demográficos, como las minorías desatendidas, la generación Z, y las personas con diversas opiniones políticas, seguían rezagados en las tasas de vacunación. Para llegar a estas personas y convencerlas se necesitaban voces diversas y distintos canales.
Tres factores clave seguirán siendo herramientas esenciales en los próximos años: las voces poco convencionales, el análisis de precisión y segmentación digital, y las actividades hiperlocales.
Recurrir a voces poco convencionales para hacer frente a la COVID-19
Tomemos como ejemplo a la generación Z. El 41 % de la generación Z usa TikTok como fuente principal para informarse a diario, más que cualquier otra generación.
Durante los dos últimos años, los médicos han acudido a TikTok a diario para desmentir la desinformación sobre las vacunas, explicar la ciencia del ARNm, comparar las diferencias entre las vacunas y mucho más. Influentes con grandes y pequeñas audiencias se han sumado a tendencias que promueven la vacunación y el distanciamiento social.
El auge de voces poco convencionales en las redes sociales responde a la demanda del público joven de recibir información veraz de una fuente creíble o fiable, pero presentada de forma cercana, entretenida y fácil de asimilar.
Los datos de los CDC también mostraron que las tasas de vacunación de la comunidad negra iban a la zaga de las de otros grupos étnicos, lo que llevó a más de 1.000 creadores de microcontenidos en TikTok a asociarse con organizaciones locales de base. Juntos, contribuyeron a concienciar sobre la pandemia con la campaña «See Friends Again», que informó a jóvenes de color sobre la importancia de la COVID-19 y la vacunación.
Las voces no tradicionales también propiciaron cambios mediante iniciativas de comunicación de boca en boca. Por ejemplo, el estado de Wisconsin creó un programa de embajadores comunitarios, el Crush Covid Crew, para formar a voluntarios de zonas de alto riesgo y que hablaran con sus vecinos sobre las vacunas y desmintieran la desinformación al respecto.
Uso de análisis de precisión y segmentación digital
Desde informar en tiempo real sobre los focos de COVID-19 hasta cartografiar los centros de vacunación cercanos y detectar comunidades reticentes a vacunarse, la adopción de nuevas tecnologías digitales desempeñó un papel esencial para que las autoridades sanitarias pudieran responder a la pandemia de COVID-19.
En Estados Unidos, las herramientas de cartografía digital fueron fundamentales para comprender las tasas de vacunación en relación con factores demográficos. Las autoridades de condados y ciudades pudieron localizar los «desiertos de vacunas» y darles prioridad en la asignación de recursos. La iniciativa «Count Me In» de Georgia utilizó una tecnología similar para cartografiar los centros de vacunación y descubrir posibles obstáculos para vacunarse, como la falta de acceso a computadoras y las bajas tasas de propiedad de automóviles.7
La tecnología también ha desempeñado un papel a la hora de llegar a las minorías. El Departamento de Salud Pública de California utilizó un chatbot en español e inglés para ayudar a difundir información fiable sobre la COVID-19 y la seguridad de las vacunas.
Diseñado específicamente para llegar a la comunidad hispanohablante, el chatbot ayudó a los usuarios a acceder a información para reservar citas de vacunación y obtener certificados de vacunación.
En otro ejemplo, científicos y expertos sanitarios pusieron en marcha la iniciativa #ScienceUpFirst, una campaña bilingüe dirigida a poblaciones sociodemográficas diversas en Twitter, Instagram, Facebook y TikTok, que ofrecía contenido pertinente y basado en pruebas de forma concisa y atractiva.
Iniciativas hiperlocales
Los expertos recurren ahora al uso de datos a escala hiperlocal. De este modo, pueden orientar y cambiar comportamientos al comprender las comunidades concretas y adaptar las medidas a sus necesidades.
La COVID-19 debería gestionarse del mismo modo que se gestionan los patrones meteorológicos: utilizando los resultados de las pruebas y los datos de salud pública para pronosticar y modelizar el nivel y la propagación de la enfermedad en una zona determinada.
La gestión de los datos en tiempo real puede ayudar a modelizar «cuándo y dónde» deben imponerse medidas contra la pandemia, como el uso de mascarillas y los confinamientos. También orientará las decisiones sobre el traslado de recursos sanitarios a los lugares donde más se necesitan, lo que optimizará nuestra capacidad de tratar rápidamente a los pacientes y frenar la propagación de la enfermedad.
El año pasado, la farmacéutica Moderna se asoció con la cadena de supermercados Albertsons y la red social vecinal Nextdoor para crear el Nextdoor Vaccine Map. La aplicación se creó para ayudar a aumentar la tasa de vacunación proporcionando información sobre los centros y permitiendo concertar citas.
En lugar de aprovechar la influencia de celebridades de gran notoriedad, la aplicación Nextdoor funcionaba como un tablón de anuncios vecinal y daba protagonismo a voces locales, como pastores y entrenadores de secundaria.
La directora ejecutiva de Nextdoor, Sarah Friar, resumió el valor de la aplicación: «Encontrar a la persona influyente adecuada es clave para conectar con la forma de pensar de ese vecino y lograr que quizá cambie de opinión».
La experiencia adquirida y las lecciones aprendidas durante dos años de COVID-19 serán esenciales para hacer frente a futuras amenazas pandémicas y enfermedades emergentes. Debemos recurrir a voces poco convencionales, al análisis de datos y a la elaboración de modelos predictivos, y centrarnos en las comunidades a escala hiperlocal para afrontar futuros brotes.
Aunque la COVID-19 fue devastadora en Estados Unidos y en otros lugares, la próxima pandemia no tiene por qué serlo.




