Los bosques tropicales de montaña de África no solo son ricos en carbono: también son ricos en biodiversidad.
Una investigación publicada recientemente en Nature demuestra que los bosques tropicales de montaña de África almacenan, en realidad, por hectárea tanto carbono como los de las tierras bajas africanas.
Esto se debe a que, aunque los bosques tropicales de montaña de África tienen menos árboles que sus homólogos de tierras bajas, cuentan con una mayor abundancia de árboles grandes (de más de 70 cm de diámetro), cuya mayor masa les permite retener más carbono.
Los bosques tropicales son conocidos como los “pulmones” “pulmones” de nuestro planeta. Mediante la fotosíntesis, los árboles de estos bosques producen oxígeno y eliminan de la atmósfera enormes cantidades de dióxido de carbono, lo que contribuye a mitigar el calentamiento global.
Los bosques tropicales de tierras bajas más famosos del mundo, como los del Amazonas o Borneo, son célebres por su capacidad para almacenar carbono. La selva amazónica, por sí sola, retiene en sus árboles y suelos hasta cinco años de emisiones humanas de carbono.
Aunque también existen bosques tropicales en montañas tropicales como el monte Kinabalu en Borneo, durante mucho tiempo se ha asumido que almacenan mucho menos carbono. En las montañas, la temperatura disminuye al aumentar la altitud, lo que afecta negativamente al crecimiento de los árboles. Además, rasgos habituales de las montañas, como la niebla densa, el viento y las pendientes pronunciadas, tienden a limitar la altura de los árboles.
Si los árboles son más pequeños y crecen más despacio, los bosques de montaña deberían retener menos carbono extraído de la atmósfera a través de los procesos de crecimiento: una hipótesis que se ha reflejado en estudios sobre montañas tropicales de los Andes y del sudeste asiático.
Sin embargo, nuestra investigación, publicada recientemente en Nature, demuestra que los bosques tropicales de montaña de África almacenan, en realidad, por hectárea tanto carbono como los de las tierras bajas africanas, un hallazgo específico de este continente.
Esto se debe a que, aunque los bosques tropicales de montaña de África tienen menos árboles (unos 450 por hectárea, frente a 600 en otros continentes) que sus homólogos de tierras bajas, cuentan con una mayor abundancia de árboles grandes (de más de 70 cm de diámetro), cuya mayor masa les permite retener más carbono.
Nos preguntamos si este hallazgo inusual se debía a las poblaciones de elefantes que habitan en muchas regiones tropicales montañosas de África, que se alimentan de troncos de árboles pequeños y los destruyen —lo que deja espacio para que otros crezcan más— y que además transportan nutrientes, escasos en los suelos de montaña.
No obstante, no encontramos diferencias significativas en la altura de los árboles entre los bosques con y sin elefantes, aunque, por desgracia, nuestros datos solo indicaban si había elefantes presentes en una zona determinada, pero no cuántos había. Otras explicaciones podrían ser la baja frecuencia de ciclones tropicales o de volcanes activos en África, lo que hace menos probable que los árboles sean destruidos antes de alcanzar gran altura.
Almacenamiento de carbono
Un grupo de 101 investigadores, que trabajan en distintas instituciones de África, Europa, Norteamérica, Asia y Nueva Zelanda, midió 72 336 árboles con troncos de más de 10 cm de diámetro en 44 montañas de 12 países del continente africano. Para cada árbol registramos el diámetro del tronco, la especie y la altura.
Utilizamos una ecuación para estimar el carbono almacenado en estos bosques, ya que cortar, secar y pesar los árboles —técnicamente, el método más preciso para analizar la captura de carbono— socavaría nuestro objetivo de mitigar el cambio climático.
Después calculamos cuánto bosque tropical de montaña se había perdido en el continente africano durante los últimos 20 años, utilizando datos de satélites. Estimamos que se habían perdido 0,8 millones de hectáreas, principalmente en la RDC, Uganda y Etiopía.
Sorprendentemente, dado que los terrenos escarpados dificultan las operaciones de tala o la agricultura a gran escala, comprobamos que, en muchos países africanos, las tasas de deforestación eran más altas en las montañas que en las tierras bajas.la tala de árboles.
Por tanto, si estos bosques de montaña almacenan más carbono del esperado, estamos liberando más dióxido de carbono a la atmósfera de lo que se suponía. De hecho, las 0,8 millones de hectáreas de bosque de montaña destruidas desde 2001 han emitido más de 450 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera del planeta, lo que acelera el calentamiento global.
Pérdida de biodiversidad
Los bosques tropicales de montaña de África no solo son ricos en carbono: también son ricos en biodiversidad. Entre sus enormes árboles viven elefantes, gorilas de montaña, chimpancés y numerosas especies de aves, anfibios y serpientes que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo. La deforestación continuada empujará a muchas de estas especies más cerca de la extinción.
Estos bosques también actúan como “torres de agua” (como enormes depósitos de agua), al regar tierras agrícolas y alimentar numerosos ríos vitales, entre ellos el Congo y el Nilo. Esto los hace fundamentales para el crecimiento de cultivos a nivel local y regional, para los sistemas hidroeléctricos que proporcionan energía renovable y para la pesca continental, que sustenta dietas nutritivas y los medios de vida de las comunidades locales.
Los bosques de montaña suelen captar gotas de agua de la niebla mediante un proceso conocido como “precipitación oculta”. Esto hace que los paisajes locales sean mucho más húmedos de lo que serían sin estos bosques. Por tanto, destruirlos no solo es terrible para el clima mundial, sino también para el tiempo meteorológico regional y la biodiversidad, ya que muchas especies necesitan las condiciones específicas que genera esta humedad para prosperar.
Pero nuestro estudio también ofrece cierta esperanza. Si estos bosques almacenan más carbono del que se suponía, podríamos aumentar los beneficios económicos concedidos a los países en desarrollo que reduzcan con éxito la deforestación, lo que supondría mayores incentivos para la conservación de los bosques y mejores perspectivas para quienes viven en los bosques de montaña.










