5 estrategias para navegar por las cambiantes fronteras de la transición energética

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Este artículo se publicó originalmente en The Strait Times

  • En medio de la volatilidad económica y geopolítica, la transición energética está entrando en una fase de incertidumbre.

  • Para lograr una transición oportuna hacia las cero emisiones netas, es necesario desbloquear un mayor compromiso político, el acceso al capital y la justicia climática.

  • Los desafíos para la seguridad energética confirman la necesidad de redoblar los esfuerzos por una transición hacia energías limpias.

La transición energética mundial, fundamental para los esfuerzos de mitigación del cambio climático y para garantizar energía segura y asequible para todos, ha avanzado gradualmente en los últimos años. Según el análisis de tendencias del Índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial —un indicador compuesto que sigue los avances de la transición energética en distintos países—, la puntuación media mundial aumentó en nueve de los últimos 10 años, y más del 80 % de los países del mundo registraron mejoras.

El ritmo de la transición energética se mantuvo durante la pandemia de COVID-19. En 2021, la electricidad generada con energía eólica y solar representó por primera vez más del 10 % de la generación eléctrica mundial, y el parque de vehículos eléctricos se duplicó.

A pesar de estos avances, las alarmas sobre el calentamiento global suenan cada vez con más fuerza, y el mundo también afronta una crisis energética con inquietudes sobre la seguridad y la asequibilidad de la energía. Más de 700 millones de personas en todo el mundo aún carecen de acceso a servicios energéticos básicos, y los avances hacia el acceso universal se han estancado desde el inicio de la pandemia. El último informe de evaluación del IPCC declaró una alerta roja para la humanidad y planteó el desafío aparentemente imposible de alcanzar el máximo de emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) en los próximos tres años para mantener a la vista los objetivos del Acuerdo de París de alcanzar las cero emisiones netas para 2050.

Estrategias para la transición energética

Históricamente, gran parte de los avances en la transición energética han sido posibles gracias a intervenciones por el lado de la oferta que sustituyen las fuentes de energía con alto contenido de carbono por alternativas renovables. Dado que los combustibles fósiles todavía suministran más del 80 % de la energía mundial, las medidas por el lado de la oferta no bastarán para alcanzar la transformación hacia las cero emisiones netas. A esto se suma que la «década de la implementación» ha dado paso a una fase de incertidumbres acumuladas. Los cuellos de botella en las cadenas de suministro, agravados por la pandemia, las disputas comerciales, las dificultades macroeconómicas y la guerra de Rusia contra Ucrania han sacudido los cimientos del sistema energético.

Los países afrontan presiones simultáneas sobre los tres pilares de la transición energética: el desarrollo y el crecimiento económicos, la sostenibilidad ambiental y la seguridad energética y el acceso asequible a la energía. Más allá de las fronteras de la transición energética existen importantes incógnitas, que exigen un cambio de paradigma en las estrategias y acciones inmediatas.

El “acero verde” libre de combustibles fósiles podría reducir el impacto climático de la industria.
El “acero verde” libre de combustibles fósiles podría reducir el impacto climático de la industria.
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1. Los objetivos climáticos internacionales deben poder hacerse cumplir legalmente mediante políticas nacionales

Es esencial contar con un entorno normativo ambicioso y estable a largo plazo. A pesar del histórico consenso mundial sobre los objetivos climáticos alcanzado en el Acuerdo de París, las contribuciones determinadas a nivel nacional que los países han presentado voluntariamente no están a la altura de la ambición necesaria para limitar el calentamiento global a menos de 1,5 °C para 2050. Además de los acuerdos internacionales, se necesitan políticas nacionales jurídicamente vinculantes.

Entre los 10 mayores emisores mundiales de GEI, solo Japón, Canadá, la UE y Corea del Sur tienen objetivos de cero emisiones netas jurídicamente vinculantes. Ante un clima político cada vez más volátil, marcado por el auge del populismo, los esfuerzos contra el cambio climático no pueden quedar supeditados a prioridades políticas cambiantes. Incorporar los objetivos climáticos en leyes nacionales exigibles puede aportar estabilidad y certidumbre, y permitir avances sostenidos a lo largo de los ciclos políticos.

2. La planificación de la seguridad energética debe pasar a un modelo «por si acaso»

La recuperación económica de la pandemia, más rápida de lo esperado, y la guerra de Rusia contra Ucrania han puesto de manifiesto las vulnerabilidades de la seguridad energética incluso en los países mejor preparados. Hasta ahora, la cadena de suministro energético ha demostrado funcionar como una máquina bien engrasada, y el enfoque de «justo a tiempo» ha permitido innovar y optimizar la eficiencia en toda la cadena de valor. Sin embargo, las limitaciones de este enfoque son evidentes: las restricciones de seguridad han propiciado un fuerte regreso de la generación eléctrica con carbón en muchos países.

A medida que los sistemas energéticos se reconfiguran con la transición energética, la planificación de la seguridad energética debe pasar del enfoque «justo a tiempo» al enfoque «por si acaso». Esto requiere mantener suficiente capacidad de reserva e infraestructura de almacenamiento, con mecanismos de mercado que incentiven la inversión en estas soluciones. También es posible mejorar la seguridad energética trabajando en el lado de la demanda, además de la oferta: la eficiencia y el ahorro energéticos también pueden contribuir.

Además, la sencilla regla de «no poner todos los huevos en la misma cesta» también se aplica a la seguridad energética. Diversificar la matriz energética y los países de origen de las importaciones de energía puede mejorarla.

3. Reducir los riesgos de las inversiones en energía limpia es esencial para mantener el flujo de capital a medida que aumentan los tipos de interés

La brecha de financiación sigue siendo grande y es fundamental reducir los riesgos de las inversiones energéticas, especialmente en los países emergentes. La inversión mundial en la transición energética se multiplicó por más de tres en la última década, hasta alcanzar los 755.000 millones de dólares en 2021. Sin embargo, este auge de la inversión se produjo tras una década de expansión económica y fue posible en parte gracias a una política monetaria expansiva y a unos tipos de interés de referencia bajos. Ante la perspectiva de tipos de interés más altos para contener la inflación, los desafíos en las cadenas de suministro y el alza de los precios de las materias primas, la competitividad en costes de los proyectos de energía renovable frente a los activos existentes de combustibles fósiles podría verse afectada.

Las tecnologías de energía renovable, que requieren mucho capital, son más sensibles al aumento de los costes de financiación que los combustibles fósiles. Con el aumento de los tipos de interés de referencia, abordar los riesgos operativos, de ejecución y normativos puede ayudar a mantener la competitividad en costes de las tecnologías de energía renovable. Medidas como ofrecer estabilidad de ingresos, mejorar la solvencia de los compradores, realizar mejoras operativas y de infraestructura para reducir las limitaciones de generación y transmitir señales claras de demanda para que las industrias puedan financiarse con sus propios balances pueden ayudar a mantener el flujo de inversión necesario en energía limpia.

4. La equidad y la justicia deben ocupar un lugar central en la transición energética

Consumidores y empresas de todo el mundo sufren precios de la energía sin precedentes, en gran medida debido a una recuperación extraordinaria de la demanda energética en 2021, la insuficiente inversión en la oferta y la volatilidad geopolítica. Debido a la relativa inelasticidad de la demanda energética a corto plazo, los altos precios de la energía han contribuido a que la inflación de los precios al consumidor alcance su nivel más alto en décadas. Los sectores vulnerables de la población y las pequeñas empresas se ven afectados de manera desproporcionada, lo que pone de manifiesto los desafíos de equidad y justicia de la transición energética. Mantener la energía asequible es esencial no solo para el crecimiento económico y el bienestar social, sino también para sostener el apoyo a las políticas climáticas.

Los desequilibrios temporales en los mercados energéticos pueden repetirse durante la transición energética, por lo que se necesitan soluciones sistémicas a largo plazo que garanticen un acceso asequible a los grupos vulnerables y las pequeñas empresas. La eficacia de los mecanismos de apoyo dependerá de la capacidad para identificar a quienes deben recibir las transferencias necesarias y diseñar medidas que no desincentiven un consumo eficiente y responsable.

5. Aprender de la gestión de la pandemia para superar las barreras conductuales a la eficiencia energética

Las intervenciones por el lado de la oferta deben complementarse con medidas por el lado de la demanda para acelerar la transición energética. La mejora de la eficiencia energética —considerada ampliamente el primer combustible por su competitividad en costes y abundancia— está por debajo de los niveles necesarios para lograr a tiempo la transformación hacia las cero emisiones netas. Según la Agencia Internacional de la Energía, la intensidad energética del PIB mundial mejoró un 1,3 % anual durante los últimos cinco años, muy por debajo del ritmo de mejora del 4 % que se necesita en esta década para alcanzar las cero emisiones netas en 2050.

La participación y el compromiso activos de los consumidores son fundamentales para gestionar eficazmente la demanda. Aunque las barreras conductuales y cognitivas han persistido en las iniciativas de eficiencia energética, la experiencia de la pandemia demostró que es posible adaptar el comportamiento social a corto plazo. La difusión de información transparente y coherente, la recuperación de la confianza en las instituciones y el diseño de intervenciones que tengan en cuenta los efectos distributivos entre grupos de ingresos pueden impulsar la participación de los consumidores en la eficiencia energética.

Necesitamos una transición energética equilibrada

En el actual contexto de turbulencia macroeconómica y geopolítica, el sistema energético no es inmune a las perturbaciones. Es esencial navegar por la transición energética en medio de estas incertidumbres, aunque los avances incrementales significativos y rápidos irán más allá de los logros más fáciles de conseguir. Equilibrar y avanzar simultáneamente en los imperativos del crecimiento y el desarrollo económicos, la seguridad energética y el acceso asequible, y la sostenibilidad ambiental puede aumentar la resiliencia de la transición. Ahora es más necesario que nunca.

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