Los bancos de alimentos y las organizaciones benéficas hacen un trabajo extraordinario ayudando a personas que viven con inseguridad alimentaria. Pero el estigma que rodea a pedir ayuda hace que algunas personas se queden sin comer.
Mediante tecnología móvil y los sistemas existentes del sector alimentario, esta startup conecta a personas con hambre con fuentes de ayuda.
Salvaguardar la dignidad de las personas cuando necesitan apoyo también es de vital importancia.
Más de uno de cada diez hogares en EE. UU. se encontró sin alimentos suficientes en al menos una ocasión durante 2019, según datos del Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA).
Es una estadística sorprendente en un país que, al mismo tiempo, lucha contra la propagación de la obesidad – el 42,4 % de los estadounidenses fueron clasificados como obesos en el año 2017/18 según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Pero la realidad de la vida cotidiana de millones de personas en el país más rico del mundo es que no siempre saben de dónde vendrá su próxima comida.
Casi la mitad de todos los hogares que sufrieron inseguridad alimentaria tenían una seguridad alimentaria muy baja, según el USDA. Son unos 5,3 millones de hogares en total. Para las personas con problemas de salud subyacentes, o que viven con otras formas de vulnerabilidad, el problema se agrava.
Un excedente de alimentos
El problema no es la falta de alimentos, afirma Mick Ebeling, director ejecutivo y cofundador de una startup tecnológica llamada Bento. No, afirma, “esto es Estados Unidos: en este país hay un excedente de alimentos”. La empresa ha desarrollado una aplicación, llamada Bento, que conecta a los proveedores de alimentos con personas que necesitan comer. Se integra con una serie de plataformas existentes de pedidos de comida (entre ellas UberEats, OrderMark y Toast), lo que conecta Bento a una red de restaurantes, tiendas de comestibles y otros proveedores de alimentos.
El hambre afecta de forma desproporcionadamente mayor a los hogares con niños, según indica el USDA. En 2019, el 13,6 % de los hogares con niños vivía sin alimentos suficientes. Aunque en alrededor de la mitad de ellos, los adultos pasaban hambre deliberadamente para que sus hijos pudieran comer; en el 6,5 % de los hogares, tanto los niños como los adultos experimentaron episodios de inseguridad alimentaria muy alta.
En 213 000 hogares de todo EE. UU., el USDA constató que “tanto los niños como los adultos experimentaron episodios de seguridad alimentaria muy baja”.
Parte del problema, según Ebeling, es conectar los alimentos disponibles con quienes los necesitan de una manera fácil, eficaz y –quizá lo más importante– que permita a las personas mantener su dignidad. Para quienes luchan por alimentarse a sí mismos y a sus familias, acudir a un banco de alimentos puede estar empañado por el estigma. Algunas personas sienten tal vergüenza ante la posibilidad de pedir ayuda que prefieren pasar hambre, según cree Bento.
Salvaguardar la dignidad de las personas
Para cualquier persona que use Bento, será similar a muchas otras aplicaciones de entrega de comida y, según un informe de Fast Company, muchos empleados de los restaurantes que entregan comidas a los usuarios de Bento no tienen idea de si están atendiendo a un cliente habitual que paga o a alguien que lucha contra la inseguridad alimentaria.
Los usuarios de la aplicación simplemente envían por mensaje de texto la palabra HUNGRY y se conectan con un servicio que les permite elegir un restaurante, una tienda de comestibles u otro establecimiento de alimentos, escoger lo que desean y luego ir a recogerlo. “La tecnología móvil se ha utilizado para resolver muchas necesidades no cubiertas de comunidades en riesgo”, afirma Ebeling en un vídeo que explica cómo funciona el servicio de Bento. “Pero nunca se ha dirigido todo su potencial hacia la inseguridad alimentaria, hasta ahora”.
Además de salvaguardar la dignidad de las personas, la aplicación también ofrece una amplia gama de opciones. “Si eres usuario de Bento, puedes declarar que eres vegano, vegetariano o que tienes cualquier restricción alimentaria”, explicó Ebeling a Fast Company.
Ayuda sin fricciones
Bento también está conectado con organizaciones comunitarias, municipios y sistemas de salud. Estas entidades ayudan a inscribir a las personas que reúnen los requisitos para recibir ayuda y financian las comidas para sus comunidades más vulnerables.
Los participantes son elegibles según los criterios de cada organización comunitaria. Una de las agencias con las que trabaja Bento ha ayudado a crear un programa para personas de bajos ingresos que viven con VIH y sida.
Además de ofrecer acceso a alimentos, Bento ayuda a identificar objetivos de salud para cada participante y luego envía comunicaciones personalizadas para animarles a alcanzar sus metas, desde informarse más sobre alimentación y nutrición hasta acudir con más regularidad a clínicas e instalaciones sanitarias.
“Nuestro objetivo es hacer que esto sea lo más fluido posible”, dijo un portavoz de Bento al Foro Económico Mundial. “Intentamos mejorar los resultados sanitarios reduciendo la barrera para recibir apoyo por parte de personas que sufren inseguridad alimentaria. Todo lo que hemos diseñado pretende lograrlo y mantener intacta la dignidad”.
Bento se une a una lista creciente de empresas que trabajan estrechamente con gobiernos, organizaciones benéficas y organizaciones comunitarias para combatir el hambre en todo el mundo.
Africa Improved Foods es una alianza público-privada de 70 millones de dólares con el gobierno de Ruanda que trabaja con 35 000 pequeños agricultores, principalmente mujeres, para mejorar sus medios de vida. Ayuda a alimentar a 100 000 de las madres y lactantes más pobres de Ruanda.
Con sede en Egipto, Sekem trabaja en agricultura sostenible y desarrollo desde 1977. Ha transformado grandes extensiones de desierto virgen en tierra fértil, utilizando únicamente compost y agua. La mejora de las estructuras del suelo fértil, la agrobiodiversidad y la promoción del compostaje orgánico forman parte de la visión de la organización.
Desde la producción hasta la distribución y la marca, Javara trabaja en cadenas de valor agrícolas en Indonesia para promover la biodiversidad y productos orgánicos de alta calidad. La empresa vende más de 800 productos artesanales (de los cuales 250 están certificados como orgánicos) y atiende a más de 700 empresas (puntos de venta minoristas y sector de restauración) en Indonesia. También exporta a 22 países.


