Investigadores de Estados Unidos han encontrado suficiente plástico
para fabricar más de 120 millones de botellas cayó a la Tierra en solo 11 lugares.
Se está descomponiendo en partículas tan pequeñas que podrías estar inhalándolas.
Para 2025 podría haber 11.000 millones de toneladas de plásticos en el medio ambiente.
Si vieras caer del cielo 120 botellas de plástico, tendrías motivos para preocuparte. Pero ¿y si multiplicáramos esa cifra por un millón?
Eso equivale a la cantidad de microplásticos que caen solo en 11 parques nacionales y áreas silvestres de Estados Unidos cada año, según una nueva investigación: más de 1.000 toneladas solo en esas zonas.
Algunos de esos plásticos son tan diminutos que no se ven. Pero puedes inhalar parte de ellos. Probablemente ya lo hayas hecho.
En un artículo publicado en la revista Science, los autores del informe advierten que para 2025 se acumularán 11.000 millones de toneladas de plásticos en el medio ambiente.
La naturaleza en estado puro
El equipo de investigadores, dirigido por un científico de la Universidad Estatal de Utah, recogió muestras de aire y agua de lluvia en 11 lugares del oeste de Estados Unidos. Descubrieron que cantidades inesperadamente grandes de microplásticos habían caído con la lluvia y eran transportadas por el aire.
A lo largo del año, el 98 % de las muestras recogidas contenía diminutas partículas de plástico, a veces microscópicass.
Quizá no sorprenda que las partículas más diminutas fueran las transportadas por el viento; las más grandes se encontraron por lo general en el agua recogida. Las implicaciones de ese hallazgo por sí solas ponen claramente de manifiesto el problema generalizado de los plásticos que no se eliminan de forma responsable.
Uno de los mayores atributos del plástico también ha resultado ser su mayor maldición: es tan resistente y duradero que cuesta deshacerse de él. Ya sea una botella, una bolsa o un envoltorio de burrito, el plástico no se descompone, sino que se fragmenta. Un solo objeto de plástico puede acabar convirtiéndose en innumerables fragmentos de microplástico.
Cuando se desecha como basura, la contaminación por plásticos también suele llegar a muchos de los principales ríos del mundo y, finalmente, acaba en el mar.
Se han encontrado microplásticos en el lecho marino y en el hielo marino del Ártico. También están en ríos y lagos, en las cimas de las montañas y en las dunas de arena de los desiertos, y quizá incluso en la cadena alimentaria. En 2019, investigadores encontraron fibras y microplásticos en ocho playas españolas que gozan de un estatus de protección especialen virtud de las directivas de la UE sobre hábitats y sobre aves.
No es la primera vez que se encuentra contaminación por microplásticos en espacios naturales protegidos. En 2014, se hallaron partículas en 125 playas de tres de las islas Canarias: Lanzarote, La Graciosa y Fuerteventura. Se detectaron hasta 100 g de plástico por cada litro de arena.
También se ha encontrado en el Pacífico Sur y el Atlántico Norte, en el punto más bajo de la Tierra (la fosa de las Marianas, a 11 km bajo la superficie del océano Pacífico), y en el punto más alto, el monte Everest.
En resumen, está en todas partes. Incluso se ha detectado en heces humanas.
Aunque la Organización Mundial de la Salud ha afirmado que los microplásticos en el agua potable no parecen suponer un problema para la salud humana según la escasa información disponible, ha pedido que se realicen más investigaciones y que se tomen medidas enérgicas contra la contaminación por plásticos.
De los microplásticos a los nanoplásticos: un problema creciente
Se considera que las partículas de menos de aproximadamente 5 mm son microplásticos. Aún más pequeños son los nanoplásticos, que pueden medir tan solo una millonésima de milímetro. Algunos se producen deliberadamente y se utilizan en diversas aplicaciones domésticas e industriales, desde productos cosméticos hasta trabajos de diagnóstico. Otros son el resultado de la erosión del plástico.
Algunas de estas partículas son tan diminutas que incluso las que han llegado al mar pueden ser levantadas por el viento y transportadas a grandes distancias. Las corrientes de aire a gran altitud las arrastran a lo largo de miles de kilómetros, mientras que algunas se adhieren a las nubes que forman la lluvia.
Se cree que las que permanecen en el mar también están entrando en la cadena alimentaria. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura: «La ingestión de microplásticos por organismos acuáticos, incluidas especies de importancia comercial para la pesca y la acuicultura, se ha documentado en estudios de laboratorio y de campo».
No está claro hasta qué punto esto perjudica a los seres humanos. La ONU también afirma que los posibles efectos nocivos de los plásticos ingeridos por las criaturas marinas solo se han detectado hasta ahora en condiciones de laboratorio. Incluso en esos casos, solo cuando las concentraciones de plástico eran altas.
En general, la gente solo come pescado al que se le ha extraído previamente el aparato digestivo. Esto podría reducir la posibilidad de que los microplásticos pasen del pescado a las personas. Pero no siempre es así. Los moluscos, como los mejillones, las almejas, las vieiras y las ostras, se comen enteros, al igual que muchas especies de peces pequeños.



