La pesca ilegal plantea un enorme desafío: podría estar robando una quinta parte de la captura legal total del mundo. Los costes humanitarios y medioambientales son bien conocidos: océanos saqueados, inseguridad alimentaria, e incluso la trata de personas.
Lo que no se conoce bien es cuál es la mejor manera de detener este comportamiento a gran escala. Necesitamos una forma de detectar anomalías en un océano lleno de tráfico: señalar con una alerta las actividades que merezca la pena examinar más de cerca con un número limitado de lupas.
DigitalGlobe y Planet tienen juntas esas lentes en el cielo: un punto de observación único desde nuestra posición en el espacio. Pero identificar comportamientos lo bastante sospechosos como para dirigirlas hacia ellos exige examinar las acciones de cientos de miles de buques por todo el planeta, casi en tiempo real y con la rapidez necesaria para captar pruebas fotográficas por satélite que permitan identificar actividades ilícitas.
El objetivo es detectar los transbordos. Se producen cuando un arrastrero transfiere su captura ilegal a un buque de carga refrigerado (un reefers), mezclando capturas legales e ilegales y perdiendo la procedencia que permite a las autoridades hacer un seguimiento adecuado del pescado a bordo. Estos arrastreros difíciles de rastrear pueden entonces reanudar la pesca en alta mar sin estar sujetos a la supervisión de las autoridades portuarias.
Todavía en 2015, identificar un solo buque refrigerado que recibiera transbordos requería más de tres meses de investigación, análisis del comportamiento y seguimiento satelital de buques. En 2016, unos periodistas dedicados incluso obtuvieron el Premio Pulitzer de Servicio Públicopor su diligencia; en su investigación les ayudaron imágenes de satélites de DigitalGlobe.
Pero ese tipo de análisis no podía ampliarse a gran escala. La pista de los periodistas —«¡Miren aquí!»— no podía automatizarse.
Hasta ahora. SkyTruth y Global Fishing Watch (GFW), su organización asociada, quizá puedan cambiar eso.
Los grandes buques comerciales que faenan en alta mar, incluidos muchos arrastreros pesqueros y todos los buques refrigerados capaces de recibir capturas ilegales, están obligados a transmitir continuamente una señal universal del Sistema de Identificación Automática (AIS), aunque no siempre lo hacen. Estas señales públicas se exigieron originalmente para evitar colisiones, pero están surgiendo nuevos usos. Sobre todo cuando esas señales dejan de emitirse.
El proyecto GFW cartografía cada señal AIS, haciendo visible toda la actividad pesquera en cualquier lugar del océano. Entre todos esos datos, los analistas de GFW están detectando patrones que sugieren transbordos en curso, a menudo cuando un capitán apaga el AIS. Recientemente, GFW también ha incorporado el reconocimiento de patrones mediante aprendizaje automático para ampliar el análisis. Así pueden examinar 21.000 millones de señales y destacar solo unos pocos miles de incidentes sospechosos. GFW los denomina encuentros posibles y probables.
Un punto podría representar un encuentro entre barcos pesqueros pequeños y buques refrigerados con AIS, que navegan lentamente uno junto al otro para transferir pescado. O podría indicar silencio de radio del AIS en una zona conocida por la sobrepesca o la pesca furtiva. En cualquiera de los dos casos, es algo que merece un examen más detenido. Por satélite.
La flota de satélites Dove de Planet cubre el planeta y lo fotografía entero cada día con una resolución suficientemente alta como para reducir aún más la lista de objetivos: las imágenes de Planet pueden localizar barcos cuando las señales AIS están sospechosamente ausentes, detectar barcos que se encuentran en el mar y seguir el comportamiento pesquero.


Y una confirmación de Planet puede enviar una alerta automatizada a DigitalGlobe para solicitar que uno de nuestros satélites de mayor resolución tome imágenes panorámicas desde arriba. Ese examen visual podría revelar bodegas de carga abiertas, grúas de transbordo e incluso cabos de amarre entre barcos: pruebas útiles para que las autoridades actúen.


Aprovechando nuestro punto de observación único desde el espacio y con la ayuda de una inteligencia artificial cada vez más precisa para conectar los puntos a gran escala, trabajamos para agilizar el proceso desde la detección de una señal sospechosa hasta la obtención de pruebas en tiempo real.
En la comunidad satelital lo llamamos «alertar y orientar»: detectar algo interesante y dirigir los sensores hacia ello. Es simplemente una forma técnica de decir que cuidemos unos de otros. Y que usemos para ello las herramientas más inteligentes del planeta.
A menudo, los obstáculos para actuar son obstáculos de imaginación: no considerar cómo podrían aplicarse a escala planetaria los modelos de una industria. No permitamos que la falta de imaginación ponga en peligro nuestra riqueza común en alta mar.
Los autores son miembros del Consejo Global del Futuro sobre Tecnologías Espaciales.




