El aumento de los precios de las materias primas, el riesgo de escasez de alimentos y las secuelas persistentes de la pandemia han suscitado preocupación por la seguridad alimentaria.
Los inversores desempeñan un papel importante al aportar el capital tan necesario para reducir el coste de los alimentos a gran escala.
Un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo se pierde entre la granja y el tenedor, lo que representa una oportunidad de inversión en los eslabones de la cadena de valor alimentaria que requieren un uso intensivo de capital.
El aumento de los precios de las materias primas, el riesgo de escasez de alimentos y las secuelas persistentes de la pandemia han suscitado preocupación por la disponibilidad y el acceso a los alimentos en todo el mundo. Para mitigar las crecientes amenazas a la seguridad alimentaria mundial, se requiere más inversión en infraestructura alimentaria que favorezca la escala. Si bien existen muchas vías para lograr el éxito, los inversores desempeñan un papel importante al aportar el capital tan necesario que puede reducir el coste de los alimentos a gran escala.
Toda la cadena de valor alimentaria, desde la granja hasta el tenedor, es un motor significativo del PIB de un país. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos afirma que la agricultura, la alimentación y las industrias afines aportaron 1,264 billones de dólares al PIB estadounidense en 2021, es decir, alrededor del 5,5 %. Los alimentos, y en concreto sus precios, podrían tener un impacto mayor en la economía mundial de lo que sugiere esta cifra, ya que tienden a contribuir de forma desproporcionada a la inflación, especialmente en los países en desarrollo.
Algunos eslabones de la cadena de valor alimentaria requieren un uso intensivo de capital para su funcionamiento y representan una oportunidad de inversión para mejorar significativamente la eficiencia y la seguridad de la producción de alimentos. Según el Instituto de Recursos Mundiales, un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo, en peso, se pierde entre la granja y el tenedor. En consecuencia, los inversores que se centran en el lado de la inversión alimentaria con mayor uso intensivo de capital pueden tener un gran impacto en la seguridad alimentaria mundial y en la asequibilidad de los alimentos para los consumidores.
La oportunidad de inversión comienza en la granja. Colaborar con los agricultores para adoptar las mejores prácticas de gestión de cultivos y regionales que beneficien tanto a sus explotaciones, como al planeta y a los minoristas ayuda a equilibrar las cuestiones de sostenibilidad y escala.
Las normas de gestión sostenible de tierras agrícolas y de abastecimiento de ingredientes, como Leading Harvest, de la que UBS Asset Management es miembro fundador, ayudan a los inversores a trabajar junto con los agricultores para establecer estas prácticas clave. Con el tiempo, estas normas se adoptarán en otros mercados (incluidos los países en desarrollo) que suministran materias primas alimentarias esenciales a las grandes empresas de consumo mundiales. Ya se trate de cacao de origen sostenible para la producción de chocolate, de soja o de café, los países en desarrollo tendrán que empezar a abordar cuestiones como la conservación del agua, la deforestación y las prácticas laborales justas si quieren seguir abasteciendo a los consumidores de los mercados desarrollados.
Al analizar la infraestructura alimentaria, como las instalaciones de procesamiento de alimentos con temperatura controlada y las instalaciones de almacenamiento en frío para refrigeración, existe una oportunidad significativa de mejorar la eficiencia mediante la inversión. Una infraestructura alimentaria mejorada puede ayudar a reducir el desperdicio de alimentos, garantizar la disponibilidad de productos perecederos durante todo el año, respaldar cadenas de suministro resilientes y, en última instancia, permitir que los costes de los alimentos para los consumidores finales sean más bajos. El desperdicio de alimentos supone más del 25 % de los vertederos y también contribuye de forma desproporcionada a las emisiones negativas de CO2.

La instalación media de almacenamiento en frío de los Estados Unidos tiene entre 40 y 50 años de antigüedad, y muchas necesitan con urgencia una tecnología mejorada. Sin embargo, pese a la creciente demanda de alimentos ecológicos o perecederos, como frutas y verduras, el almacenamiento en frío ha sido una inversión en infraestructura relativamente poco valorada, debido a los mayores costes de construcción y a la mayor especialización de las unidades. En 2021, Acumen Research and Consulting estimó que, para 2030, el mercado mundial de almacenamiento en frío podría alcanzar los 324 000 millones de dólares.
Hasta ahora, los inversores se han centrado en gran medida en oportunidades de alto crecimiento relacionadas con la seguridad alimentaria y la sostenibilidad. Los inversores han recurrido al capital riesgo y han optado por ideas experimentales; sin embargo, muchas de estas innovaciones han tenido dificultades para escalar, a menudo porque los costes de implementación son demasiado elevados.
La agricultura vertical, es decir, la práctica de cultivar alimentos en capas apiladas verticalmente, fue en su día aclamada como una solución revolucionaria para mejorar la producción y la seguridad alimentarias en las zonas urbanas. Por desgracia, el sector todavía debe demostrar que su coste de producción puede competir en igualdad de condiciones con la agricultura tradicional. Además, se enfrenta a otros desafíos medioambientales y de escasez de recursos que debe superar.
El almacenamiento en frío, en comparación, puede no ser tan revolucionario como la agricultura vertical, pero las instalaciones fiables para mantener los alimentos frescos contribuirán a garantizar su accesibilidad y tendrán un impacto real en la lucha por reducir el desperdicio y el coste de los alimentos.
La inversión en infraestructura por sí sola no mitigará los desafíos para la seguridad alimentaria. Es necesario crear un entorno propicio mediante normativas e incentivos de apoyo a las prácticas sostenibles, con una colaboración más amplia del sector, para transformar los sistemas alimentarios en toda la cadena de valor alimentaria.
Los inversores, los agricultores, los científicos, los gobiernos, las empresas alimentarias y la ciudadanía deben unirse. La colaboración con cada eslabón de la cadena de valor alimentaria es esencial. Mediante el aprovechamiento del poder colectivo de estas partes interesadas, podemos fomentar un entorno colaborativo que acelere el cambio positivo y mejore la seguridad alimentaria.



