El hambre en el mundo existe desde hace siglos. Persiste a pesar de que se han eliminado causas aparentes, como los problemas de producción de alimentos. La expresión «intentar resolver el hambre en el mundo» se ha convertido en una forma abreviada de referirse a cualquier problema que parece insuperable.
Las estadísticas son desalentadoras. Según el Programa Mundial de Alimentos, una de cada nueve personas en el mundo pasa hambre. La asombrosa cifra de 800 millones de personas se acuesta con hambre cada día, según una población mundial estimada de 7.600 millones en diciembre de 2017.
Pero el panorama no es del todo sombrío. El número de personas que pasan hambre en el mundo ha disminuido en más de 200 millones desde principios de la década de 1990, pese al considerable aumento de la población mundial, gracias a los esfuerzos conjuntos de gobiernos, organizaciones internacionales, organizaciones benéficas y entidades locales. Sin embargo, el objetivo de un mundo sin hambre sigue eludiéndonos.
La tragedia es que el mundo sí produce suficientes alimentos para alimentar a todas las personas del planeta, y más. En 2010, el mundo produjo un 20 % más de alimentos de los necesarios para alimentar a toda la población, según indicó un estudio de 2016 del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, en Alemania . Se prevé que este excedente aumente considerablemente para 2050. La mayoría de los países y regiones, incluso los que padecen desnutrición, producen excedentes de alimentos sin procesar. Entonces, ¿por qué siguen pasando hambre 800 millones de personas?

Varios factores contribuyen a este dilema, entre ellos el poder adquisitivo de las poblaciones que padecen hambre. Pero la ausencia de un sistema mundial eficiente de distribución de alimentos es un factor clave.
Según el Banco Mundial, se pierde o desperdicia entre un tercio y una cuarta parte de todos los alimentos producidos para el consumo humano. Esto equivale a mil millones de toneladas métricas de alimentos cada año. Sus consecuencias van mucho más allá del hambre en el mundo. Si el desperdicio de alimentos fuera un país, sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero, después de Estados Unidos y China.
Frenar el hambre en el mundo mediante una cadena de suministro basada en el Internet de las cosas
Es de suma importancia atajar el problema del desperdicio y desarrollar una cadena de suministro de alimentos con el equipamiento adecuado.
Los avances en las tecnologías relacionadas con el Internet de las cosas (IoT) pueden ayudar a eliminar las principales causas del desperdicio de alimentos. Pueden impulsar iniciativas relacionadas que ya están en marcha y han dado resultados prometedores. El IoT puede proporcionar a estos programas una infraestructura de datos en tiempo real (o casi en tiempo real) para analizar sus esfuerzos y ayudar a tomar futuras decisiones sobre inversiones y políticas.
El IoT puede, potencialmente:
- Mejorar el rendimiento de la cosecha y el almacenamiento. Según las estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se puede perder hasta entre el 30 y el 40 % de la producción antes incluso de que los alimentos lleguen al mercado. Esto supone un problema especialmente grave en los países en desarrollo. El IoT puede ofrecer capacidades de supervisión rentables para orientar a los agricultores. Estos datos pueden ayudarles a elegir los mejores métodos para cosechar y almacenar los productos, en especial los cultivos que sufren grandes pérdidas, como las frutas y las verduras.
- Mejorar la red de distribución existente. En Asia meridional y sudoriental, casi el 90 % de las calorías de los alimentos desperdiciados se pierde durante el almacenamiento y el transporte, según las estimaciones del Banco Mundial. Incluso en los países desarrollados, el IoT puede hacer que la red de distribución sea más eficiente y productiva. Puede ofrecer una mejor supervisión y acceso a datos en tiempo real para tomar decisiones. Por ejemplo, puede rastrear los vehículos de carga en carretera, detectar congestiones y crear rutas alternativas, así como supervisar las condiciones dentro de los contenedores. Estas tecnologías ya son viables y están desplegadas comercialmente.
- Aprovechar datos rentables en tiempo real, obtenidos de la infraestructura de la cadena de frío (cadena de suministro con temperatura controlada, necesaria para los productos refrigerados), con capacidades de seguimiento y localización. Puede permitir un sistema de supervisión las 24 horas del día, los 7 días de la semana, de alimentos perecederos y sensibles, y generar alertas cuando sea necesario actuar (por ejemplo, si los sensores detectan una temperatura superior a la de referencia en los contenedores o los rastreadores de ubicación indican más tráfico en las carreteras). Esto ayuda a tomar medidas preventivas y de precaución en el momento adecuado, reducir el desperdicio y mejorar la calidad de los productos. También puede garantizar la seguridad alimentaria de productos que suelen estar contaminados y ayudar a evitar el costoso desperdicio de productos y las retiradas del mercado.
- Mejorar los hábitos de compra de alimentos en los países prósperos para minimizar el desperdicio. Los refrigeradores inteligentes pueden controlar la cantidad y la calidad de los alimentos. Pueden enviar alertas u órdenes de compra recomendadas, e incluso sugerir qué calidad de alimentos comprar según los patrones de consumo.
- Prolongar la vida útil de los productos agrícolas. Puede permitir que las tiendas vendan durante más tiempo alimentos que aún están en buen estado, gracias a una detección mejorada mediante sensores. Por ejemplo, todas las cadenas de supermercados danesas ya cuentan con una estrategia para reducir el desperdicio de alimentos. El IoT puede hacerla exponencialmente más eficaz.
- Permitir que se compartan los excedentes de alimentos. Puede ayudar a tiendas, hoteles, restaurantes y otros lugares donde suele desperdiciarse comida a donarla a organizaciones benéficas locales y otros programas de distribución, en vez de tirarla. El IoT puede difundir información en tiempo real a todas las partes interesadas, lo que hace más eficiente el reparto.
Resolver el hambre en el mundo no es solo una cuestión ética o humanitaria. Está estrechamente relacionado con el crecimiento y la prosperidad mundiales. Según un estudio de 2015 de la Universidad de Nottingham, el hambre oculta puede costarle a un país el 1 % de su PIB anual. Otro estudio indicó que los costes anuales asociados a la desnutrición infantil superan el 16 % del PIB nacional en varios países africanos. La oportunidad es enorme. El uso de tecnologías del IoT de rápida maduración puede acelerar el fin de uno de los problemas más trágicos de la humanidad.



