La agricultura sigue siendo un sector con una cobertura de seguros muy insuficiente; por ello, los flujos de caja volátiles y el elevado riesgo crediticio limitan la canalización de capital hacia sistemas alimentarios sostenibles.
A medida que se intensifican los riesgos climáticos y de mercado, los seguros deben integrarse en las estructuras de financiación como una capa de reparto del riesgo.
Para ampliar la adopción de seguros, es necesario abordar las brechas de asequibilidad, datos y adecuación de los productos, así como fomentar la colaboración entre instituciones financieras, proveedores de datos y expertos sobre el terreno.
Financiar la transformación de nuestros sistemas alimentarios se ha convertido en una necesidad estratégica para la estabilidad y la durabilidad de las cadenas de suministro mundiales. Los sistemas alimentarios representan aproximadamente el 30 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pero reciben menos del 7 % de la financiación climática anual. Al mismo tiempo, las perturbaciones climáticas y de la producción ya están provocando volatilidad en los precios de los alimentos e inestabilidad en el suministro, con consecuencias directas para la seguridad alimentaria mundial. La brecha de financiación está ampliamente reconocida, pero el capital comercial sigue sin fluir hacia los sistemas alimentarios sostenibles.
La limitación está cada vez más clara: no es la falta de capital, sino la falta de mitigación del riesgo para quienes proporcionan financiación. Los riesgos agrícolas suelen entenderse poco, estar muy correlacionados y concentrarse a nivel de las explotaciones. La volatilidad climática, la variabilidad de los rendimientos y las interrupciones de las cadenas de suministro generan una incertidumbre que prestamistas e inversores tienen dificultades para valorar y absorber. En ausencia de mecanismos eficaces de reparto del riesgo, el capital se retira.
Los seguros podrían ser un habilitador estructural de la financiación de los sistemas alimentarios. Al proteger frente a riesgos como las pérdidas de rendimiento causadas por el clima, las interrupciones de las cadenas de suministro y el impago de los agricultores, ayudan a estabilizar los flujos de caja y reducir la incertidumbre en toda la cadena de valor. Esto daría a prestamistas e inversores más confianza para desplegar capital a gran escala y a horizontes temporales más largos.
Sin embargo, la agricultura sigue estando muy insuficientemente asegurada en todo el mundo. Cerca del 55 % del valor asegurable de los cultivos del mundo sigue sin estar asegurado, y las brechas de protección en los sectores sensibles al clima siguen ampliándose. Ampliar la adopción de seguros es una de las medidas más inmediatas para reducir el riesgo crediticio, estabilizar los flujos de caja y atraer capital comercial. Al integrar de forma más sistemática mecanismos de reparto del riesgo en las estructuras de financiación, los seguros pueden ayudar a desbloquear una inversión más amplia en los sistemas alimentarios, a la escala necesaria para transformarlos, a la vez que refuerzan su resiliencia y contribuyen a un suministro de alimentos más estable y fiable.
Los seguros como capa habilitadora, no como solución independiente
Cuando se integran en las estructuras de financiación, los seguros ayudan a repartir el riesgo en todo el sistema alimentario de tres maneras principales.
En primer lugar, protegen los ingresos de los agricultores. La volatilidad meteorológica, como las sequías o las inundaciones, y la variabilidad de los rendimientos al adoptar prácticas regenerativas socavan la capacidad de los agricultores para devolver sus préstamos. Los productos de seguros bien diseñados, incluidos los paramétricos y los basados en índices, pueden amortiguar estas perturbaciones y ayudar a los agricultores a pagar sus préstamos y seguir invirtiendo en mejores prácticas.
En segundo lugar, protegen la estabilidad de la cadena de valor. Las empresas y los agregadores dependen de entregas previsibles de los proveedores en las etapas anteriores de la cadena. Las perturbaciones climáticas y las pérdidas de cosechas interrumpen los contratos y los flujos de caja. Al cubrir los riesgos de entrega y desempeño, los seguros refuerzan los compromisos de compra de las empresas y fortalecen los modelos de financiación impulsados por la demanda.
En tercer lugar, protegen a los inversores a nivel de cartera. Los seguros vinculados al crédito, las garantías y las estructuras de reaseguro reducen la probabilidad y el impacto de pérdidas correlacionadas en distintas regiones y materias primas. Esto permite participar a capitales más conservadores, incluidos los inversores institucionales con menor apetito por el riesgo.
¿Qué obstáculos impiden ampliar su alcance?
Pese a su potencial, la adopción de seguros agrícolas sigue siendo limitada, sobre todo entre los pequeños agricultores. El desafío no se debe a una sola limitación, sino a una combinación de obstáculos estructurales que se refuerzan entre sí:
La asequibilidad sigue siendo un desafío fundamental. Sin mecanismos de reparto de costes ni apoyo catalítico, los seguros suelen percibirse como una carga adicional en vez de como una inversión en gestión de riesgos.
Las carencias de datos complican la evaluación y suscripción de riesgos. La escasez de datos a nivel de las explotaciones, especialmente en los mercados emergentes, limita la evaluación precisa de los riesgos y la fijación de precios. Las alianzas con comerciantes, proveedores de insumos y otros actores locales con conocimiento directo sobre el terreno son esenciales para reducir la incertidumbre y generar confianza.
La falta de adecuación entre los productos y las necesidades socava la confianza. Si el calendario de los pagos no coincide con los ciclos de flujo de caja de los agricultores, o si los umbrales de los índices no reflejan las pérdidas reales, la adopción se resiente. Los seguros deben diseñarse en función de la volatilidad real de los ingresos, no de eventos de riesgo teóricos.
Los costes de transacción y distribución son elevados. Atender individualmente a pequeños agricultores dispersos es caro. La agregación a través de cooperativas, instituciones financieras y plataformas de la cadena de valor es esencial para alcanzar una escala viable.
La fragmentación regulatoria y los distintos niveles de madurez del mercado complican aún más la ampliación, por lo que se necesitan estructuras que puedan operar tanto en mercados de seguros desarrollados como en países con baja penetración.
De los proyectos piloto a la expansión: lecciones de modelos exitosos
No faltan proyectos piloto para reducir el riesgo de la financiación agrícola. Lo que sigue siendo escaso son los modelos que pueden ampliarse. Los modelos exitosos comparten algunas características:
Integran los seguros en estructuras financieras o programas de cadena de valor existentes. Los productos de seguros independientes tienen dificultades para lograr una adopción amplia y afrontan elevados costes de distribución. Sin embargo, cuando la protección se combina con préstamos, financiación de insumos o programas de abastecimiento, y se incorpora a la estructura de financiación, aumenta la adopción, disminuye el riesgo para los prestamistas y se reducen los costes de transacción.
Se apoyan en sólidas alianzas locales. Los comerciantes, las empresas de insumos agrícolas, las cooperativas y los agregadores aportan el conocimiento directo sobre el terreno que a menudo les falta a las aseguradoras y los prestamistas. Este conocimiento local mejora la evaluación y suscripción de riesgos, reduce la selección adversa y genera confianza entre los agricultores. Sin estas alianzas, los productos tienen dificultades para reflejar los riesgos reales.
Aprovechan los datos digitales y la teledetección para reducir fricciones y volatilidad. Las soluciones basadas en índices y las paramétricas, activadas por datos meteorológicos o el seguimiento por satélite, reducen los costes de evaluación de reclamaciones y permiten agilizar los pagos. También hacen posible atender a pequeños agricultores dispersos a gran escala.
Utilizan estructuras de capital organizadas por tramos. Los mecanismos de financiación combinada que combinan capital de primera pérdida con tramos sénior asegurados pueden atraer a inversores comerciales con menor apetito por el riesgo. En estas estructuras, el capital catalítico absorbe las pérdidas iniciales, los seguros cubren el tramo sénior y el capital institucional puede entrar a gran escala con mejores condiciones de precio.
Estas características se están poniendo en práctica en diversos lugares para transformar los sistemas alimentarios desde la base. En el Manual de soluciones de financiación del Foro Económico Mundial se pueden consultar estudios de caso detallados y una gama más amplia de modelos exitosos. En conjunto, estos modelos demuestran que ampliar la transformación de los sistemas alimentarios requiere pasar de productos de seguros aislados a arquitecturas integradas de gestión de riesgos.
Próximos pasos para integrar los seguros en la financiación de los sistemas alimentarios
Integrar los seguros en las estructuras de financiación de los sistemas alimentarios requiere una mayor colaboración entre los actores clave. Esa colaboración ofrece beneficios claros para todos los implicados.
Para las instituciones financieras, integrar los seguros en las estructuras de préstamo reduce el riesgo crediticio, mejora la resiliencia de las carteras y permite conceder préstamos a mayor escala, con plazos más largos y a nuevos segmentos de prestatarios.
Para las aseguradoras, la colaboración abre el acceso a nuevos grupos de clientes y volúmenes de primas, al tiempo que mejora la selección y la fijación de precios de los riesgos gracias a mejores datos y una mayor correspondencia con la realidad de las cadenas de valor.
Para las empresas y los coordinadores de las cadenas de valor, integrar los seguros en los programas de abastecimiento y transición de proveedores estabiliza el suministro, reduce el riesgo de desempeño y refuerza la credibilidad de las señales de demanda.
En conjunto, estos cambios convierten los seguros de un producto independiente en una infraestructura de riesgos compartida que mejora la previsibilidad, refuerza los incentivos y hace que la financiación de los sistemas alimentarios sea más escalable y comercialmente viable.
Agradecemos a Christian Graf, socio y responsable de la práctica de Sostenibilidad y Responsabilidad en Servicios Financieros para EMEA en Bain & Company; a Carlo Farina, socio y miembro clave de la práctica de Sostenibilidad y Responsabilidad en Bain & Company; y a Celine Unneberg, gerente sénior en Bain & Company, quienes también contribuyeron a este trabajo.


