Se estima que hay 310 ríos y lagos compartidos por dos o más países, además de 468 fuentes de agua subterránea conocidas como acuíferos.
Estos recursos hídricos compartidos pueden ser tanto una fuente de conflicto como un motor de cooperación, desarrollo sostenible y paz.
Solo 24 países tienen todas sus zonas de cuencas transfronterizas cubiertas por acuerdos de cooperación, afirma The Conversation.
Pero una nueva Coalición para la Cooperación sobre el Agua Transfronteriza podría coordinar a países, organizaciones internacionales, el mundo académico y ONG.
El río Danubio nace en Alemania y, tras recorrer unos 2.850 kilómetros y atravesar diez países, desemboca en el mar Negro. Si Alemania construyera una presa en el río o lo contaminara, podría afectar potencialmente a otros nueve países y a cuatro de sus capitales.
El Danubio quizá sea el río más multinacional del mundo, pero es solo uno de los 310 ríos y lagos que se estima que comparten dos o más países, además de 468 fuentes de agua subterránea conocidas como acuíferos. Hace poco viajé a Nueva York para asistir a una importante conferencia de la ONU —la primera dedicada al agua en décadas— con el propósito de ayudar a reforzar el compromiso político con estos cuerpos de agua «transfronterizos».
Es una cuestión crucial, ya que estos recursos hídricos compartidos pueden ser tanto una fuente de conflicto como un motor de cooperación, desarrollo sostenible y paz. En guerras como las de Ucrania o Siria, el agua y las infraestructuras, como puentes o alcantarillas, han sido objeto de ataques reiterados por su valor estratégico.
Las tensiones también son elevadas en África porque Etiopía está construyendo una gran presa en el Nilo, río arriba de Egipto. En una reciente reunión del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores Árabes, Sameh Shoukry, de Egipto, advirtió de las «consecuencias fatales para la seguridad nacional de Egipto» de las «prácticas unilaterales de Etiopía en… las cuencas fluviales comunes».
En cambio, la gestión conjunta del río Sava (el afluente más largo del Danubio) desde 2001 contribuyó a construir la paz y la confianza entre las antiguas repúblicas yugoslavas, menos de una década después de que estuvieran en guerra. Y cuando el caudaloso río Paraná —el segundo más largo de Sudamérica— estuvo a punto de secarse en 2021, Brasil, Paraguay y Argentina pudieron compartir de forma pacífica y sostenible los limitados recursos hídricos.
Estos ejemplos positivos de cooperación son especialmente pertinentes ante las crecientes presiones que el cambio climático ejerce sobre los recursos hídricos del mundo.
Cómo garantizar que los países compartan el agua
Los acuerdos jurídicos y de gobernanza eficaces son fundamentales. Por ejemplo, Canadá y Estados Unidos pueden señalar más de 100 años de cooperación en virtud del Tratado de Aguas Fronterizas de 1909 y de la Comisión Conjunta Internacional. Del mismo modo, un tratado de paz entre Brasil y Paraguay en 1966 dio lugar a la creación de una comisión binacional y, con el tiempo, a una de las mayores centrales hidroeléctricas del mundo en el Paraná.
Los acuerdos de gobernanza también pueden gestionar al mismo tiempo el conflicto y la cooperación. Hungría y Eslovaquia mantienen una disputa de larga data sobre la ejecución de un proyecto hidroeléctrico de la época soviética, iniciado en la década de 1970 en el Danubio: el proyecto Gabčíkovo-Nagymaros.
Pero ambos países han seguido colaborando a través de la Comisión Internacional del Río Danubio para gestionar el agua de toda la cuenca. En Asia también ha habido ejemplos de cooperación en torno a los ríos Indo (compartido por India y Pakistán) y Mekong inferior (Camboya, Laos, Vietnam y Tailandia), incluso cuando los países que los comparten estaban en guerra.
Como entidades que promueven la unidad, las organizaciones de cuenca pueden asumir responsabilidades que van mucho más allá del agua. Por ejemplo, ante las amenazas del grupo militante islamista Boko Haram, la Comisión de la Cuenca del Lago Chad puede no solo gestionar las aguas compartidas, sino también promover la integración regional, la paz, la seguridad y el desarrollo.
Por desgracia, no hay suficientes acuerdos de gobernanza de este tipo. Los organismos de la ONU responsables de supervisar los avances afirman que solo 24 países tienen todas sus zonas de cuencas transfronterizas cubiertas por acuerdos de cooperación. La situación es especialmente grave en el caso de las aguas subterráneas, donde solo existen ocho acuerdos jurídicos específicos para ellas.
Compromisos notables, pero aún insuficientes
Uno de los temas clave de la conferencia de la ONU sobre el agua fue la cooperación. Esto dio lugar a algunos compromisos notables. Una nueva Coalición para la Cooperación sobre el Agua Transfronteriza podría coordinar a países, organizaciones internacionales, el mundo académico y ONG.
Además, varios países, entre ellos Irak, Namibia, Nigeria y Zambia, se adhirieron formalmente o se comprometieron a adherirse al menos a uno de los dos convenios de la ONU sobre el agua. Se trata del Convenio de 1992 sobre la Protección y Utilización de los Cursos de Agua Transfronterizos y de los Lagos Internacionales y del Convenio de 1997 sobre el Derecho de los Usos de los Cursos de Agua Internacionales para Fines Distintos de la Navegación. Ambos, basados en el derecho internacional consuetudinario, establecen principios básicos para que los países cooperen en la gestión de sus aguas compartidas.
El convenio de 1992, con su marco institucional —que incluye reuniones de las partes cada tres años y diversos grupos de trabajo de expertos—, sirve de foro mundial para intercambiar buenas prácticas y elaborar orientaciones útiles y otras herramientas para apoyar la cooperación transfronteriza.
¿Suponen estos compromisos el cambio decisivo necesario? La respuesta breve es no. Las presiones mundiales sobre las aguas transfronterizas —debidas al aumento de la población, la creciente demanda de agua, los patrones de consumo insostenibles, la degradación ambiental, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático— requieren atención urgente.
Es positivo que más de 20 países se hayan comprometido a adherirse a uno o a ambos convenios sobre el agua. Sin embargo, actualmente solo alrededor de un tercio de los países que comparten aguas transfronterizas son parte de uno o ambos convenios.
Es posible que la conferencia de la ONU sobre el agua de 2023 pase a la historia como un paso importante para afianzar el compromiso con la cooperación en materia de aguas transfronterizas, pero mucho dependerá de lo que los países hagan en los próximos meses y años.




