Las aguas subterráneas son aguas que se han filtrado desde la superficie terrestre hasta las grietas y los espacios del suelo, la arena y las rocas.
Son una fuente fundamental de agua potable y un recurso clave para la agricultura, la industria y los ecosistemas naturales. Sin embargo, las reservas de aguas subterráneas están amenazadas por la sobreexplotación y los contaminantes.
Varias instituciones sostienen que se necesitan protecciones legales y un mayor seguimiento de este recurso.
¿Se te ocurre algo que no puedes ver, pero que es esencial para la vida? Probablemente hayas pensado en el oxígeno, pero otra respuesta correcta serían las aguas subterráneas.
Las aguas subterráneas son aguas que se han filtrado desde la superficie terrestre hasta las grietas y los espacios del suelo, la arena y las rocas. Casi toda el agua dulce líquida del mundo se encuentra bajo tierra, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), lo que la convierte en un componente vital de la vida en la Tierra.
Los espacios subterráneos vacíos que ocupan las aguas subterráneas se conocen como zonas saturadas: espacios situados por debajo del nivel freático. El agua sigue descendiendo hasta llegar a una capa de roca impermeable, desde donde vuelve a salir a la superficie a través de formaciones de roca y sedimentos llamadas acuíferos.
Entre las salidas naturales de las aguas subterráneas se encuentran los manantiales, los arroyos, los ríos y los océanos, pero también pueden extraerse artificialmente mediante pozos perforados en los acuíferos. El tiempo que las aguas subterráneas permanecen bajo tierra puede variar entre unos pocos días y miles de años.
¿Por qué son importantes las aguas subterráneas?
La FAO describe las aguas subterráneas como «el ingrediente invisible de los alimentos», y el Servicio Geológico de Estados Unidos afirma que son uno de los recursos naturales más importantes del mundo.
Alrededor del 70 % de las aguas subterráneas del mundo se utiliza para producir alimentos, ganado y cultivos industriales, y aproximadamente un tercio del agua empleada para regar los cultivos procede de aguas subterráneas.
Las personas que viven en las zonas más secas del mundo dependen casi exclusivamente de las aguas subterráneas para abastecerse de agua. En Estados Unidos, las aguas subterráneas proporcionan al menos el 50 % del agua dulce de ocho estados —el más dependiente es Misisipi, con un 84 %— y, en conjunto, representan algo menos de un tercio del consumo de agua dulce del país.
India es el mayor usuario de aguas subterráneas del mundo, ya que representa una cuarta parte del total mundial, según el Banco Mundial; además, América del Norte y Asia meridional son las regiones que más dependen de este recurso para el riego.
Nuestros ecosistemas naturales también necesitan aguas subterráneas, pues estas garantizan el flujo de agua hacia los humedales y los arroyos.
Y muchos procesos industriales utilizan recursos de aguas subterráneas —por lo general, aquellos en los que la calidad del agua es importante, pero el acceso a las aguas superficiales es limitado. Entre ellos se encuentran la manufactura, la minería, el petróleo y el gas, la generación de energía, la ingeniería y la construcción.
Problemas relacionados con las aguas subterráneas
La dependencia de las aguas subterráneas aumenta rápidamente y, en muchas zonas, se extraen más rápido de lo que la naturaleza puede reponerlas.
Una de las causas es el aumento de la producción de alimentos. La FAO afirma que la producción tendrá que aumentar un 50 % para 2050 a fin de satisfacer la demanda de una población mundial que, según las previsiones, alcanzará los 9.000 millones de personas.
Otra preocupación es la contaminación. Los fertilizantes químicos y orgánicos utilizados en la agricultura pueden contaminar las aguas subterráneas, y a los expertos les preocupa que esto amenace la salud humana y la de los ecosistemas. La revista científica PNAS estima que hasta la mitad de estos contaminantes podría llegar al nivel freático.
La sobreexplotación es otro aspecto del problema: se extrae de los acuíferos más agua subterránea de la que la lluvia y la nieve reponen. La sobreexplotación continua puede reducir los niveles de las aguas subterráneas a largo plazo, lo que amenaza a los ecosistemas que dependen de ellas como los manantiales y las comunidades vegetales.
¿Cuál es la solución?
La FAO afirma que es fundamental proteger las aguas subterráneas de los contaminantes y recomienda mejorar su seguimiento.
«El uso sostenible de las aguas subterráneas requiere un seguimiento continuo del consumo de agua, en particular en los sistemas de riego abastecidos por acuíferos no renovables», afirma. «Las tecnologías satelitales ofrecen opciones rentables para estimar el consumo y los niveles de extracción de aguas subterráneas».
El Banco Mundial también pide un mayor seguimiento, pero afirma que la sostenibilidad a largo plazo de las aguas subterráneas también requiere el apoyo de instituciones influyentes, así como protección legal. Propone detener la contaminación mediante la creación de zonas de protección alrededor de los puntos de extracción de aguas subterráneas.
El Foro Económico Mundial afirma que garantizar un suministro adecuado de agua limpia a pesar de los efectos perjudiciales del cambio climático es uno de los desafíos más urgentes del mundo. Añade que muchos medios de vida rurales dependen a menudo de la agricultura y, por tanto, de las aguas subterráneas. Pide una mejor planificación y cooperación, más inversión, análisis de datos e innovación tecnológica para ayudar a gestionar y preservar los recursos hídricos mundiales.



