La guerra de Francia contra el desperdicio la convierte en el país más sostenible del mundo

An employee fills up the meat department in a discount supermarket in Nice southern France, February 28, 2008 days after the country's National Consumer's Institute (INC) reported a raise of food prices between the end of November 2007 and early January 2008. French consumer confidence fell to its lowest in more than two decades in February as accelerating inflation made households less inclined to make big purchases. REUTERS/Eric Gaillard (FRANCE)
France are going to war with food waste by banning supermarkets from throwing away unsold foodImage: REUTERS/Eric Gaillard
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La lucha contra el desperdicio de alimentos en Francia, donde se prohíbe a los supermercados tirar la comida no vendida y los restaurantes deben ofrecer bolsas para llevar las sobras cuando se solicitan, le ha ayudado a ocupar el primer puesto en una clasificación de países según la sostenibilidad de sus sistemas alimentarios.

Japón, Alemania, España y Suecia completaron los cinco primeros puestos de un índice publicado por la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU), que evaluó a 34 países en función del desperdicio de alimentos, la agricultura respetuosa con el medio ambiente y la calidad de la nutrición.

Desperdiciar recursos es «poco ético e inmoral» cuando cientos de millones de personas pasan hambre en todo el mundo, afirmó el martes Vytenis Andriukaitis, comisario de la UE de Salud y Seguridad Alimentaria, durante la presentación del Índice de Sostenibilidad Alimentaria 2017.

«Todos somos responsables, cada persona y cada país», dijo en la ciudad italiana de Milán, según un comunicado.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, se desperdicia un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo: 1.300 millones de toneladas al año.

Los alimentos liberan gases que calientan el planeta al descomponerse en los vertederos. Los alimentos que el mundo desperdicia generan más emisiones de gases de efecto invernadero que cualquier país, salvo China y Estados Unidos.

«Lo realmente importante es la visión y la importancia que se concede a la sostenibilidad alimentaria en las agendas y políticas de estos gobiernos», declaró Irene Mia, directora editorial global de la EIU, a la Fundación Thomson Reuters.

«Es un tema que va ganando importancia en las agendas de los gobiernos de todo el mundo».

El año pasado, los niveles de hambre en el mundo aumentaron por primera vez en más de una década: 815 millones de personas, más de una de cada diez en el planeta, pasaban hambre.

Francia fue el primer país en introducir legislación específica contra el desperdicio de alimentos y pierde solo el 1,8 % de su producción total de alimentos cada año. Tiene previsto reducir esa cifra a la mitad para 2025.

«Francia ha dado pasos importantes y bienvenidos, entre ellos obligar a los supermercados a dejar de tirar alimentos perfectamente comestibles», afirmó Meadhbh Bolger, activista de Amigos de la Tierra Europa.

«Esto debe ir acompañado, a escala europea, de un objetivo vinculante de reducción del desperdicio de alimentos para toda la UE».

Los países de ingresos altos obtuvieron mejores resultados en el índice, pero Estados Unidos quedó rezagado en el puesto 21, lastrado por la mala gestión del suelo y los fertilizantes en la agricultura, así como por el consumo excesivo de carne, azúcar y grasas saturadas, señaló el estudio.

Según el estudio, los Emiratos Árabes Unidos quedaron en último lugar, pese a tener el ingreso per cápita más alto de los 34 países. El resultado refleja un elevado desperdicio de alimentos, de casi 1.000 kilos por persona al año, el aumento de la obesidad y un sector agrícola dependiente de recursos hídricos cada vez más escasos.

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