La ciudadanía se muestra preocupada por el aumento de los precios de los alimentos en todo el mundo.
Se espera que los mercados emergentes y las economías en desarrollo sean los más afectados, especialmente porque se esfuerzan por recuperarse de la pandemia.
Aquí, tres expertos del FMI analizan las implicaciones del aumento de los precios de los alimentos y sus causas.
El aumento de los precios mundiales de los alimentos para los productores acapara titulares y genera preocupación entre la ciudadanía. Los datos más recientes muestran una moderación de la inflación de los precios de los alimentos para el consumidor a escala mundial, pero, como explicamos a continuación, esto podría cambiar en los próximos meses. Esto solo agravaría los precios elevados que los consumidores de muchos países ya sufrieron el año pasado.
Si los precios vuelven a subir en algún momento, es probable que haya diferencias considerables entre países. Debido a diversos factores, es probable que el efecto lo sientan con mayor intensidad los consumidores de los mercados emergentes y de las economías en desarrollo, que todavía luchan con las consecuencias de la pandemia.
Hecho n.º 1: la inflación de los precios de los alimentos comenzó a aumentar antes de la pandemia.
El aumento de la inflación de los precios de los alimentos para el consumidor es anterior a la pandemia. En el verano de 2018, China se vio afectada por un brote de peste porcina africana, que acabó con gran parte de la cabaña porcina china, la cual representa más del 50 por ciento de los cerdos del mundo. Esto llevó los precios de la carne de cerdo en China a un máximo histórico a mediados de 2019, lo que provocó un efecto dominó en los precios de la carne de cerdo y de otras proteínas animales en muchas regiones del mundo. A ello se sumaron los aranceles chinos a las importaciones de carne de cerdo y soja de Estados Unidos durante la disputa comercial entre Estados Unidos y China.
Hecho n.º 2: las primeras medidas de confinamiento y las interrupciones de las cadenas de suministro provocaron un fuerte aumento de los precios de los alimentos para el consumidor.
Al inicio de la pandemia, las interrupciones de la cadena de suministro de alimentos, el paso de los servicios de restauración (como comer fuera de casa) al comercio minorista de alimentación y el acaparamiento por parte de los consumidores (junto con una fuerte apreciación del dólar estadounidense) elevaron los índices de precios de los alimentos para el consumidor en muchos países, alcanzando la inflación de los alimentos su punto máximo en abril de 2020, aunque los precios al productor de las materias primas, incluidos los alimentos y la energía, descendieron bruscamente a medida que se alteró la demanda de materias primas alimentarias. Sin embargo, a comienzos del verano de 2020, varios precios de los alimentos para el consumidor se moderaron, lo que redujo la inflación de los alimentos para el consumidor en muchos países.
Así pues, aunque los precios de los alimentos en su supermercado (es decir, los precios de los alimentos para el consumidor) puedan haber aumentado, sería exagerado afirmar que actualmente suben al ritmo más rápido en años. Tampoco contribuyen actualmente a la inflación general, aunque podrían hacerlo más adelante este año y en 2022 (véase la perspectiva más abajo). Los precios al productor, por su parte, se han disparado recientemente (véase el hecho n.º 4). Pero los precios al consumidor tardan al menos entre 6 y 12 meses en reflejar los cambios en los precios al productor. Además, de media, la transmisión de los precios al productor a los precios al consumidor es de solo alrededor del 20 por ciento. Esto se debe a que los precios de los alimentos para el consumidor incluyen los costes de transporte de las materias primas alimentarias, el procesamiento, la comercialización y el envasado de los alimentos, y los costes finales de distribución, como los del transporte.
Los dos últimos hechos nos ayudarán a comprender qué cabe esperar en los precios de los alimentos para el consumidor.
Hecho n.º 3: fuerte aumento de los costes de transporte marítimo y terrestre.
Las tarifas de flete marítimo, medidas por el Índice Báltico de Fletes Secos (una medida de los costes de transporte marítimo), han aumentado entre 2 y 3 veces en los últimos 12 meses, mientras que los precios más altos de la gasolina y la escasez de conductores de camión en algunas regiones están elevando el coste de los servicios de transporte por carretera. Los mayores costes de transporte acabarán aumentando la inflación de los alimentos para el consumidor.
Hecho n.º 4: los precios mundiales de los alimentos para los productores han repuntado y alcanzado máximos de varios años.
Desde su mínimo en abril de 2020, los precios internacionales de los alimentos (al productor) han aumentado un 47,2 por ciento, alcanzando en mayo de 2021 sus niveles más altos (en términos reales) desde 2014 (el nivel más alto de la historia en términos de dólares corrientes). Entre mayo de 2020 y mayo de 2021, los precios de la soja y del maíz aumentaron más de un 86 y un 111 por ciento, respectivamente.
Hay tres factores principales detrás del reciente repunte de los precios al productor: 1) la demanda de productos básicos, tanto para el consumo humano como para piensos, se ha mantenido elevada, especialmente desde China, ya que los países han acumulado reservas de alimentos por la preocupación relacionada con la pandemia en torno a la seguridad alimentaria. 2) El reciente episodio de La Niña de 2020-2021, un fenómeno meteorológico mundial que se produce cada pocos años, ha provocado sequía en importantes países exportadores de alimentos, como Argentina, Brasil, Rusia, Ucrania y Estados Unidos. En algunos casos, esto ha hecho que las cosechas y las previsiones de cosecha queden por debajo de las expectativas. Dado que la demanda ha superado a la oferta, las relaciones entre existencias y uso (stocks-to-use) de Estados Unidos y del mundo —una medida del grado de escasez en el mercado— han alcanzado mínimos de varios años para algunos productos básicos. 3) La fuerte demanda de biocombustibles ha incrementado la demanda especulativa de operadores no comerciales, y las restricciones a la exportación son otros factores que sostienen los precios mundiales al productor.
Perspectivas
Sobre la base de los cuatro hechos presentados, es plausible que la inflación de los precios de los alimentos para el consumidor vuelva a repuntar en el resto de 2021 y en 2022. De hecho, el reciente y fuerte aumento de los precios internacionales de los alimentos ya ha empezado a trasladarse lentamente a los precios internos al consumidor en algunas regiones, ya que los minoristas, incapaces de absorber el aumento de costes, lo trasladan a los consumidores. Sin embargo, lo más probable es que haya más aumentos, puesto que se espera que los precios internacionales de los alimentos suban alrededor de un 25 por ciento en 2021 con respecto a 2020, y que se estabilicen en 2021. Una transmisión del 20 por ciento (13 por ciento en el primer año y 7 por ciento en el segundo) implicaría, por tanto, un aumento de la inflación de los precios de los alimentos para el consumidor de alrededor de 3,2 puntos porcentuales y 1,75 puntos porcentuales de media en 2021 y 2022, respectivamente. Los mayores fletes podrían sumar otro punto porcentual a la inflación mundial de los alimentos para el consumidor en 2021.
No obstante, el impacto variará según el país. Los consumidores de los mercados emergentes podrían experimentar subidas aún mayores debido a su mayor dependencia de las importaciones de alimentos (por ejemplo, los países del África subsahariana y de Oriente Medio y el norte de África). La transmisión de los precios al productor a los precios al consumidor también tiende a ser mayor en los mercados emergentes. En el caso de los países de bajos ingresos que luchan contra las consecuencias de la pandemia, los efectos de un mayor aumento de la inflación alimentaria podrían ser graves y poner en riesgo los avances para erradicar el hambre.
Los mercados emergentes y los países de bajos ingresos también son más vulnerables a las perturbaciones de los precios de los alimentos, porque los consumidores de estos países suelen destinar una proporción relativamente alta de sus ingresos a la alimentación. Por último, en los mercados emergentes y las economías en desarrollo, otro factor de riesgo adicional es la depreciación de la moneda frente al dólar estadounidense, posiblemente debida a la caída de los ingresos por exportaciones y turismo y a las salidas netas de capital. Dado que la mayoría de las materias primas alimentarias se negocian en dólares estadounidenses, los países con monedas más débiles han visto aumentar su factura de importación de alimentos.







