Cómo Italia está reduciendo el desperdicio de alimentos y alimentando a los pobres

A worker carries vegetables at a local market in Turin, Italy, October 20, 2018.
A worker carries vegetables at a local market in Turin, Italy, October 20, 2018.Image: REUTERS/Stefano Rellandini
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La joven mujer romaní tocó con cuidado las naranjas y las coles, brillantes, frescas y ordenadamente apiladas en cajas. Francesco Fanoli, antropólogo, insistió en que podía llevárselas: gratis.

Con un niño pequeño jugando en un cochecito cercano y más bocas que alimentar en casa, la madre aceptó agradecida el lote y le explicó a Fanoli que no podía encontrar trabajo sin un documento de identidad.

A continuación: una variedad de panes de Viola de Andrade Piroli, profesora de pilates que acababa de pasar por una tienda cercana.

Los panes fueron recibidos con gratitud.

Poco después llegó María Roccatelli, de 91 años, envuelta en una gran chaqueta verde y una bufanda gruesa para protegerse del frío invernal, empujada en silla de ruedas por su hijo.

Recogieron una piña, naranjas, judías, achicoria y coliflores, y llenaron dos grandes bolsas de plástico. Esto debería ayudarles a aguantar la semana, explicó Roccatelli, que vive en un cuarto piso cercano, a la Thomson Reuters Foundation.

Ahora es una cliente habitual; supo del proyecto por un desconocido en la calle. “(Ella) me dijo: “Ve allí, les dan cosas a los pobres”, así que vine”, explicó. “Cualquier ayuda sirve”.

Desde septiembre, Fanoli y de Andrade Piroli pasan los sábados por la tarde en el mercado al aire libre de Alberone, a pocas paradas de metro de los atractivos turísticos de Roma, convenciendo a los comerciantes para que entreguen los alimentos no vendidos y ayuden a las personas con hambre.

Image: FAO

Cuando cierra el mercado, colocan una caja de cartón con un cartel escrito a mano, “raccolta e distribuzione gratis” (“recogida y distribución gratuitas”), y reparten todo.

En un país orgulloso de sus productos y con mercados de alimentos legendarios, la iniciativa es pionera: ayuda a los necesitados y reduce el desperdicio.

Gastrónomos

La comida es un pilar cultural en Italia; sin embargo, la encuesta gubernamental más reciente, realizada a 400 familias, reveló que cada una desperdicia el equivalente a 85 kg de alimentos, por un valor conjunto de 8.500 millones de euros (10.490 millones de dólares) al año. Cifras anteriores han situado el desperdicio de alimentos hasta en 145 kg por familia, con un coste de 16.000 millones de euros.

En 2016, Italia aprobó una ley para limitar el desperdicio de alimentos, facilitando la donación de los alimentos no vendidos.

Aún es pronto para hacer cálculos, pero las señales son positivas, afirmó Roberto Moncalvo, presidente de la asociación agrícola italiana Coldiretti.

“En 2017, seis de cada diez personas entrevistadas afirmaron haber reducido el desperdicio de alimentos, una señal de que las familias ya son conscientes de este problema”, le dijo por teléfono a la Thomson Reuters Foundation.

Aun así, queda mucho por hacer.

La mayor parte del mercado de Alberone ocupa una sola calle corta, pero aquel sábado Fanoli y de Andrade Piroli recogieron 99 kg de alimentos que probablemente se habrían echado a perder.

“Al principio recogíamos entre 30 y 50 kilos. Luego empezó a crecer. Ahora recogemos una media de 130 a 150 kilos cada sábado”, afirmó de Andrade Piroli.

A nivel mundial, un tercio de todos los alimentos producidos, con un valor de casi 1 billón de dólares, se desperdicia cada año, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Los críticos afirman que el desperdicio de alimentos no solo es poco ético en un mundo con hambre creciente, sino también destructivo para el medio ambiente.

La mayor parte del desperdicio se produce en los hogares, pero los programas en mercados ayudan a concienciar, afirmó Paulo Hutter, que dirige la organización no gubernamental Eco dalle Città.

Su organización reclutó a solicitantes de asilo procedentes del África subsahariana y del norte de África para recoger, reciclar y distribuir alimentos no vendidos en Porta Palazzo, el mayor mercado al aire libre de Europa, situado en la ciudad de Turín, en el norte de Italia.

El objetivo era fortalecer las relaciones entre las comunidades y “mostrar a los voluntarios africanos haciendo algo útil por las personas pobres”, explicó a la Thomson Reuters Foundation.

La migración es un tema muy polémico en Italia, y los partidos políticos adoptan una postura dura contra los inmigrantes antes de las elecciones nacionales del 4 de marzo.

¿Carroñeros?

El proyecto de Turín, respaldado por Novamont, una empresa biotecnológica italiana, recoge actualmente unos 400 kg de productos no vendidos cada día. Fue la inspiración para la iniciativa del mercado de Roma, y Hutter asesoró a los voluntarios que ahora lo gestionan.

Les cuesta encontrar socios del sector privado que puedan ayudar a ampliar el proyecto, ya sea recogiendo con más frecuencia en el mercado de Alberone o poniendo en marcha proyectos similares en otros lugares.

Por ahora, trabajando de su bolsillo y en su tiempo libre, de Andrade Piroli y Fanoli agradecen a los puestecitos que han acogido su proyecto, como Roberta Cantalini, vendedora de frutas y verduras de tercera generación.

“Para mí, la iniciativa es útil…”, dijo la mujer de 48 años.

“Está bien ayudar a la gente, pero a veces hay personas que no lo necesitan y que recogen la comida gratuita.”

La mitad de las tiendas del mercado apoyan ahora el proyecto, afirmó de Andrade Piroli, que pasó días hablando con los comerciantes para disipar los temores de que sus medios de vida estuvieran en juego.

Aquella tarde de enero, una docena de personas acudió a recoger la comida, entre ellas Ludmilla, una moldava de 60 años que realiza múltiples trabajos domésticos.

Ludmilla explicó que así ahorra unos 10 euros a la semana, mientras llenaba sus bolsas con verduras para dos vecinas mayores.

“La mayoría de los que vienen son personas necesitadas. No nos corresponde juzgar”, afirmó de Andrade Piroli.

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