Se estima que el volumen de las aguas subterráneas de África equivale al caudal total medio del río Nilo durante miles de años.
En lugares como el Cuerno de África, azotado por sequías recurrentes, el acceso a esta agua podría ser decisivo para la resiliencia y el abastecimiento de agua.
Sin embargo, acceder a estos vastos depósitos de aguas subterráneas no es sencillo y requiere una estrategia regional coherente para su desarrollo sostenible.
El calor extremo y la sequía han devastado el Cuerno de África, con consecuencias desastrosas. Para muchas personas de Yibuti, Eritrea, Etiopía y Somalia, la situación continúa hoy. Para otras, la amenaza de la sequía siempre está al acecho.
La región sufrió recientemente su peor sequía en casi medio siglo y vivió seis temporadas de lluvias consecutivas fallidas. La capacidad de adaptación es baja y las consecuencias humanitarias son graves: 50 millones de personas se vieron directamente afectadas; otras 100 millones, indirectamente; 20 millones estuvieron en riesgo de inseguridad alimentaria aguda y posible hambruna; más de 4,4 millones necesitaron ayuda humanitaria; y el número de refugiados ascendió a cientos de miles.
Las sequías recurrentes disparan los precios de los alimentos, afectan negativamente al PIB e intensifican la inseguridad y el riesgo de conflicto. El cambio climático multiplica el riesgo de desastres, agrava los ciclos extremos de sequía e inundaciones y expone a un posible desplazamiento a poblaciones ya vulnerables. El Cuerno de África alberga la mayor población de pastores nómadas del mundo, que representa la mitad de la población en algunos países y cada vez recorre mayores distancias en busca de lluvias que nunca llegan. Los agricultores de pequeña escala, menos móviles, también se ven afectados. Más de 40 millones de personas en las zonas fronterizas de la región cuentan con poca o ninguna infraestructura hídrica.
En respuesta, los organismos de ayuda y los gobiernos tienen dificultades para apoyar a las personas desplazadas que carecen de agua y alimentos, así como a las comunidades de acogida afectadas. En 2022, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) recibió menos de la mitad de los recursos financieros necesarios para responder a las sequías de la región. Y aunque aumentan las capacidades para pronosticar sequías, lo que más importa es lograr resultados concretos y sostenibles sobre el terreno en materia de resiliencia ante la sequía.
Las aguas subterráneas profundas pueden aliviar la sequía en el Cuerno de África
Al contrario de lo que suele creerse, la falta de agua no limita la resiliencia ante la sequía en la región. Lo que falta es acceso al agua durante las sequías para quienes más la necesitan. Por fortuna, la solución podría encontrarse justo bajo sus pies.
En todo el mundo, las aguas subterráneas proporcionan la mitad del agua potable y aproximadamente un tercio del agua destinada al riego y a la industria. A diferencia del agua superficial (y de los recursos de aguas subterráneas poco profundas), que suele disminuir durante las sequías, los recursos de aguas subterráneas profundas pueden ofrecer suministros abundantes, no contaminados y resilientes al cambio climático.
Tomemos el África subsahariana. Se estima que el volumen de las aguas subterráneas (renovables y no renovables) equivale a miles de años del caudal total medio del río Nilo. Sin embargo, se calcula que se utiliza menos del 5 % de las aguas subterráneas renovables disponibles cada año en la región.
En el Cuerno se dan características similares. Los estudios confirman que en los focos recurrentes de sequía suele haber abundantes aguas subterráneas accesibles —normalmente a menos de 200 m de profundidad—, que se recargan periódicamente. Esto se ha confirmado aún más mediante reinterpretaciones recientes de datos antiguos de pozos de exploración petrolera. Por ejemplo, en Somalia se descubrió agua subterránea dulce y recargable en un volumen equivalente a 400 000 piscinas olímpicas; se estima que un acuífero profundo en la cercana Tanzania puede abastecer a dos millones de personas, con caudales de hasta veinte veces superiores a los de los pozos poco profundos. Sin embargo, estos recursos siguen en gran medida sin aprovecharse, pese a que el recurso somalí se considera la «solución más rentable y sostenible a la escasez de agua que afecta a millones de personas», y a otros hallazgos según los cuales las aguas subterráneas, combinadas con sistemas de tuberías mecanizados, pueden ser 50 veces más baratas que el abastecimiento de agua de lluvia y el transporte de agua en camiones durante las operaciones de ayuda ante sequías.
Hay varios factores que podrían estar retrasando los avances. A escala mundial, predomina un discurso sobre la conservación de las aguas subterráneas que advierte del riesgo de sobreexplotación, contaminación, salinización y hundimiento del terreno. Hasta hace poco, en 2020, las Naciones Unidas clasificaban las aguas subterráneas profundas como un recurso hídrico «no convencional»». Antes de eso, se pensaba que las aguas subterráneas de todo el África subsahariana estaban muy extendidas, pero tenían poco volumen. Hoy sigue faltando información sobre la dinámica de los recursos locales y persisten retos relacionados con la economía política, las finanzas, el conocimiento y las capacidades.
Sin embargo, los discursos están cambiando. Ahora se considera que las aguas subterráneas son fundamentales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y hay llamamientos de alto nivel a tomar medidas concertadas para «desarrollar y proteger adecuadamente las aguas subterráneas» y hacer visible «lo invisible». El recién creado Mecanismo de Acceso a las Aguas Subterráneas del PNUD busca utilizar de forma sostenible grandes volúmenes de recursos de aguas subterráneas sin explotar en la región para apoyar a quienes más sufren sequías crónicas e inseguridad alimentaria grave. El siguiente paso es pasar a medidas concretas.
Una red estratégica para combatir la sequía
Una opción que merece estudiarse más a fondo es crear una red estratégica de pozos profundos de aguas subterráneas para reforzar la resiliencia regional ante la sequía. Este concepto se basa en el conocimiento de que:
Las aguas subterráneas profundas son accesibles en las zonas donde más se necesitan y su aprovechamiento es cada vez más rentable;
Los focos recurrentes de sequía son bien conocidos y cada vez se pueden pronosticar mejor;
Se conocen cada vez mejor las partes interesadas más afectadas por las sequías, sus ubicaciones y sus patrones migratorios estacionales.
Una red de pozos profundos podría utilizarse de forma permanente para abastecer de agua a las comunidades con múltiples fines, o solo durante emergencias por sequía, según factores como la sostenibilidad del recurso y las preferencias locales de gestión. Los pozos podrían diseñarse y construirse especialmente para funcionar de manera fiable incluso en las condiciones de sequía más severas. Los enfoques inclusivos y participativos podrían empoderar a las comunidades como agentes del cambio e implicarlas en la planificación, el diseño, la operación, el mantenimiento y la propiedad. Por ejemplo, las comunidades locales podrían determinar la ubicación óptima de los pozos para los períodos de grave escasez de agua. Se podría solicitar financiación a los gobiernos y a los organismos de ayuda y desarrollo, justificándola por los mayores beneficios humanitarios, socioeconómicos y económicos que genera la creación anticipada de resiliencia, frente a las medidas de ayuda posteriores a la crisis.
El desarrollo de pozos profundos podría formar parte de una gestión integrada de los recursos hídricos más amplia y resiliente al clima. Por ejemplo, cuando a una sequía le siguen inundaciones, el exceso de agua superficial podría desviarse para que se infiltre en las reservas de aguas subterráneas. Los pozos profundos podrían vincularse a iniciativas agroforestales de pequeña escala para apoyar la producción de alimentos y forraje de emergencia. Los pozos podrían convertirse en recursos en torno a los cuales coordinar los programas de ayuda ante sequías.
¿Qué está haciendo el Foro para abordar el desafío mundial del agua?
Cómo superar los desafíos
La propuesta, aunque potencialmente prometedora, también conlleva desafíos y contrapartidas. Por ejemplo, ¿cómo afectarían los pozos profundos a la movilidad, la toma de decisiones y la capacidad de adaptación de los pastores nómadas y las comunidades desplazadas? ¿Podrían convertirse los pozos en posibles focos de conflicto en contextos ya frágiles? ¿Deberían explotarse los acuíferos fósiles no renovables? ¿Será necesario tratar el agua y cómo se gestionará de forma sostenible? ¿Cómo podrían gestionarse los posibles impactos ambientales y los recursos transfronterizos?
Estas preguntas, y muchas otras, requieren respuestas. Aunque es razonable actuar con cautela, la devastadora realidad que viven hoy millones de personas en la región justifica sin duda explorar soluciones innovadoras, prácticas y viables. Con el Foro Mundial del Agua, el Día Mundial de Acción contra el Calor Extremo y las próximas Conferencias de las Partes (COP) sobre cambio climático, naturaleza y desertificación previstas para 2024, el momento de actuar es ahora.
Saber que hay abundante agua dulce a profundidades accesibles bajo los pies de quienes sufren una escasez de agua aguda y crónica se convierte ahora en una cuestión de justicia que nos concierne a todos.
El artículo académico de Jude Cobbing y Bradley Hiller ha sido citado más de 75 veces, y el informe del Banco Mundial que escribieron en coautoría ha sido citado más de 220 veces. Bradley Hiller desarrolló este artículo durante una estancia de investigación de la Fundación Rockefeller en Bellagio.


