La tasa de obesidad en Chile se duplicó entre 1980 y 2014.
Pero tres políticas clave están cambiando la actitud de la gente hacia lo que come.
Las leyes incluyen etiquetas destacadas en los envases, restricciones a las ventas y la prohibición de anunciar alimentos poco saludables a los niños.
Los padres dicen que muchos niños ahora rechazan los alimentos etiquetados como poco saludables.
En 2016, Chile se enfrentaba a una grave crisis sanitaria. La tasa de obesidad se había duplicado desde 1980 y se preveía que elevaría los costos de la atención sanitaria nacional en 750 millones de dólares cada año durante las dos décadas siguientes.
Por ello, el Gobierno tomó medidas drásticas: prohibió la comercialización de alimentos poco saludables dirigida a los niños, prohibió su venta dentro y alrededor de las escuelas y estampó un gran símbolo negro de «alto» en los envases de alimentos con altos niveles de azúcar, sal, grasas o calorías.
Las medidas parecen estar dando resultado, según investigadores que han observado la respuesta de los padres y sus hijos. Informan que los niños evitan los alimentos con símbolos de alto y que las madres han cambiado sus hábitos de compra para poner comida saludable en la mesa.
A nivel mundial, la obesidad es responsable de 4,7 millones de muertes prematuras cada año; esto equivale a casi cuatro veces el número de personas que mueren en accidentes de tránsito.
En Chile, la obesidad y las afecciones relacionadas siguen siendo la principal causa de muerte en una población en la que uno de cada cuatro niños y un tercio de los adultos tienen obesidad. En 2016, casi el 45 % de los niños de entre dos y cuatro años tenía sobrepeso.
Las madres saben más
Investigadores de la Universidad Diego Portales de Chile y de la Universidad de Carolina del Norte afirman que las madres chilenas tienen la clave de lo que comen los niños, ya que son ellas quienes toman la mayoría de las decisiones de compra de alimentos y actúan como guardianas de la disponibilidad de alimentos en el hogar.
En las entrevistas, las madres dijeron que las nuevas normas les habían abierto los ojos a los efectos perjudiciales de algunos alimentos. Una madre de un niño de cinco años les contó: «Gracias a esta nueva ley, mi hija ha aprendido mucho sobre estos logotipos negros. Dice: “No, mamá, no me puedes comprar eso”».
Los docentes también han desempeñado un papel crucial para ayudar a cambiar la conducta: supervisan las elecciones de los niños para el almuerzo y les ayudan a entender el significado de las etiquetas de los alimentos. Como resultado, las madres han cambiado sus hábitos de compra de alimentos.
La madre del niño de cinco años explicó: «Como yo también me he adaptado, cuando vamos a hacer las compras, veo un producto y pienso: “No, ella no lo aceptará si se lo compro”, así que tengo que buscar otro producto».
La necesidad de cambiar
A nivel mundial, los gobiernosgastan aproximadamente 570.000 millones de dólares al año en subsidiospara los productores de alimentos, lo que les da la capacidad de hacer que los alimentos sean más sostenibles y nutritivos, si así lo deciden. Sin embargo, un nuevo informe del Foro Económico Mundial afirma que será difícil cambiar los hábitos de compra.
«Los patrones y comportamientos alimentarios de los consumidores están profundamente arraigados en los hábitos y la cultura», afirma el informe Incentivar la transformación de los sistemas alimentarios, publicado antes de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de 2021.
«Para que cambie el comportamiento, los consumidores deben entender por qué deberían valorar más los alimentos sostenibles y saludables, así como los efectos concretos de la inacción en su vida y su salud», afirma el informe.
El Foro afirma que existe una necesidad cada vez más urgente de transformar los sistemas alimentarios para que puedan nutrir de forma sostenible a una población mundial en crecimiento y, al mismo tiempo, ofrecer oportunidades económicas y medios de vida a las comunidades urbanas y rurales.
Los avances históricos en la productividad alimentaria han tenido «costos ambientales y sanitarios alarmantes» y, para que el mundo pueda crear sistemas alimentarios capaces de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, se necesita una transformación integral.


