Tras la última crisis alimentaria mundial, los líderes del mundo se unieron para crear sistemas alimentarios más resilientes y nutritivos.
Estas enseñanzas nos ayudarán a gestionar mejor la actual crisis alimentaria mundial, provocada por la invasión rusa de Ucrania.
Los líderes políticos y quienes toman decisiones deben redoblar sus esfuerzos para apoyar a los países, tanto financiera como técnicamente, y respaldar soluciones para la alimentación y la nutrición que sean propias de cada país e impulsadas por este.
Hace quince años, ante una crisis alimentaria mundial que se cobró la vida de millones de personas en algunos de los países más pobres del planeta, el mundo dijo: «Nunca más». Los líderes gubernamentales se comprometieron a trabajar juntos para crear sistemas alimentarios resilientes y hacer de la nutrición un pilar fundamental de estos. Sin embargo, aquí estamos otra vez, frente a una crisis mundial de alimentación y nutrición que amenaza la vida de millones de personas en todo el mundo. ¿Cómo podemos aprovechar el poder del «nosotros» para impulsar soluciones y reforzar la resiliencia ante futuras crisis?
Algunos dicen que la crisis mundial actual ha borrado todos los avances logrados durante la última década, pero no estoy de acuerdo. Ya se trate del clima, de un conflicto o de una pandemia, siempre habrá crisis. Lo que determinará si se pierde o se gana terreno no es la existencia de estas crisis, sino la capacidad de las personas para anticiparse, afrontarlas e incluso encontrar oportunidades para innovar.
Me preocupa que los líderes mundiales sigan recurriendo a un enfoque obsoleto que solo considera la seguridad alimentaria, es decir, las calorías, y descuida las necesidades nutricionales. Sin embargo, soy optimista respecto a los esfuerzos de las personas y las comunidades para responder juntas a la actual crisis de alimentación y nutrición con una visión más orientada al futuro. Como coordinadora del Movimiento para el Fomento de la Nutrición (SUN), veo y escucho directamente esta respuesta en los países más afectados.
Se avecina una crisis mundial de malnutrición
El Movimiento SUN organizó recientemente una serie de diálogos con sus 65 países miembros. Todos se ven afectados por el aumento de los precios o la menor disponibilidad de alimentos, combustible y fertilizantes, debido a la invasión rusa de Ucrania, que ha agravado los efectos que ya tenían en algunos países la pandemia de COVID-19, el cambio climático y otros conflictos. Los países prevén una menor producción agrícola en la próxima cosecha debido al fuerte aumento del precio de los fertilizantes y el combustible. Esto está llevando a los hogares a comer menos, saltarse comidas, reducir la variedad de sus menús y optar cada vez más por dietas poco saludables, lo que pone a millones de mujeres, niños y hombres en riesgo de caer en la trampa de la malnutrición.
A pesar de estas dificultades, los países están demostrando su resiliencia al procurar que la nutrición forme parte de todos los paquetes de emergencia, incluso de las redes de protección social, pues es una herramienta eficaz y valiosa para mantenerla. Los gobiernos y las partes interesadas también ayudan a los agricultores a producir alimentos biofortificados, promueven el consumo de alimentos nutritivos disponibles localmente para sustituir los productos importados a base de trigo, animan a las familias a diversificar su alimentación y amplían la producción local de fertilizantes y otros insumos agrícolas para reducir la dependencia de las importaciones. Este enfoque de «cultivar localmente, comer localmente» se está extendiendo a muchos países.
¿Qué puede sustituir al trigo en las dietas locales?
Para ofrecer productos alimentarios alternativos nutritivos, asequibles y disponibles, los países del Movimiento SUN trabajan para sustituir los ingredientes de trigo por mijo, yuca, fonio, escanda, trigo almidonero, quinoa y otros cultivos alimentarios autóctonos. Chefs y otros cocineros se están esforzando por preparar con estos ingredientes platos sabrosos y atractivos para las familias.
Este énfasis en producir más alimentos locales encaja perfectamente con las vías de transición de los sistemas alimentarios de los países. Crea una oportunidad para impulsar políticas e inversiones innovadoras hacia un sistema alimentario nacional que produzca alimentos nutritivos y variados de forma respetuosa con el suelo y el planeta, a la vez que proporcione ingresos dignos.
Reasignar el presupuesto para los alimentos de producción local
Los países también están reordenando sus prioridades presupuestarias nacionales para aumentar las partidas destinadas a programas de alimentación escolar nutritiva con alimentos locales y participación comunitaria; a canastas de alimentos nutritivos subvencionadas para familias vulnerables; a ampliar los servicios de nutrición para mujeres y niños menores de cinco años; y, algo fundamental, a la capacitación y los subsidios para pequeños agricultores, así como a líneas de crédito y condonación de deudas.
Aunque los países están dando pasos para atender las necesidades nutricionales de su población y ampliar enfoques innovadores frente a las crecientes necesidades generadas por la crisis mundial de alimentación y nutrición, muchas naciones que ya son económicamente frágiles y están endeudadas se verán obligadas a contraer más deuda. Esto pondrá en riesgo su propio desarrollo nacional y lo retrasará muchos años, además de amenazar la estabilidad política y el logro de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Por esta razón, los líderes políticos y quienes toman decisiones deben redoblar sus esfuerzos para apoyar a los países, tanto financiera como técnicamente, y respaldar soluciones para la alimentación y la nutrición que sean propias de cada país e impulsadas por este. Con ese apoyo, los países podrán ampliar sistemas alimentarios innovadores, reforzar su resiliencia e integrar la seguridad alimentaria y nutricional en sus políticas, inversiones e instituciones nacionales.
Al impulsar soluciones para los sistemas alimentarios concebidas e impulsadas por cada país, estos podrán responder eficazmente a la crisis actual y reforzar su resiliencia para anticiparse y responder eficazmente a nuevas crisis durante los próximos años, garantizando la prosperidad de las personas y del planeta.



