Los sistemas alimentarios contribuyen a las crisis relacionadas con el clima, la pérdida de biodiversidad y la pobreza.
Una posible solución son los sistemas alimentarios circulares, que producen alimentos de maneras que protegen y regeneran la naturaleza y abordan el reto de la pérdida y el desperdicio de alimentos.
WRI África trabaja con gobiernos, socios para el desarrollo y empresas para impulsar sistemas alimentarios circulares en África.
Estos sistemas también ofrecen a las empresas la oportunidad de crear cadenas de suministro resilientes y sostenibles, y generar empleos más sostenibles.
El mundo se ve sacudido por tres crisis: la naturaleza, la pérdida de biodiversidad y la pobreza. Los sistemas alimentarios contribuyen considerablemente a todas ellas.
En cuanto a la crisis climática, alrededor del 30 por ciento, o un tercio, del total de gases de efecto invernadero (GEI) proviene de los sistemas alimentarios. Un estudio reciente de la FAO muestra que las emisiones de los procesos relacionados con los alimentos anteriores y posteriores a la producción, como la fabricación de fertilizantes, el procesamiento de alimentos, el envasado, el transporte, la venta minorista, el consumo doméstico y la eliminación de residuos alimentarios, se duplicaron entre 1990 y 2019 y están a punto de superar las emisiones causadas por el cambio de uso del suelo. Por ejemplo, la descomposición de residuos alimentarios sólidos en vertederos y basureros al aire libre genera cantidades importantes de metano, un GEI cuyo potencial de calentamiento global es entre 28 y 34 veces mayor que el del CO2. Las empresas están a cargo en gran medida de los procesos anteriores y posteriores a la producción y, por ello, desempeñan un papel importante en la reducción de los GEI en esta parte del sistema alimentario.
En cuanto a la biodiversidad, la producción de alimentos ha impulsado su pérdida mediante la destrucción de hábitats, al despejar bosques, humedales y pastizales. Un estudio reciente de la Universidad de Maryland y WRI muestra que, desde principios del siglo XXI, se han convertido en tierras de cultivo 252 millones de acres de terreno, una superficie equivalente a Egipto. Aproximadamente la mitad, 131 millones de acres, se encontraba en África. Los sistemas alimentarios contribuyen a la contaminación de los suelos y las masas de agua por los productos químicos utilizados en la agricultura. Estos incluso matan la biodiversidad beneficiosa para la agricultura, como los polinizadores, y amenazan la sostenibilidad de los sistemas alimentarios.
La inseguridad alimentaria y nutricional sigue aumentando en los países pobres, pese a que la producción mundial de alimentos es suficiente. Según el informe de 2022 El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, en 2021 el hambre afectó a un promedio de 765 millones de personas en todo el mundo. De ellas, 278 millones vivían en África (el 20,2 por ciento de la población). El mundo produce 1,5 veces la cantidad de alimentos necesaria para alimentar a toda la población del planeta, pero la pobreza y la desigualdad impiden que la mayoría de las personas pobres del mundo accedan a los alimentos. Las políticas comerciales mundiales agravan la pobreza y la desigualdad al asignar alimentos e insumos agrícolas a los sectores más acomodados de la sociedad. Esto alimenta el nexo entre pobreza y medio ambiente: las comunidades de los países pobres despejan hábitats naturales para alimentarse, con efectos negativos para el medio ambiente. Estos ciclos negativos pueden detenerse si los gobiernos y las empresas adoptan políticas de cero desperdicio de alimentos.
Una de las principales soluciones a estos problemas es un sistema alimentario circular. Este concepto se basa en tres principios: producir alimentos de maneras que protejan y regeneren la naturaleza; abordar el reto de la pérdida y el desperdicio de alimentos; y convertir materiales que, de otro modo, se desecharían en productos útiles.
WRI África trabaja con gobiernos, socios para el desarrollo y empresas para impulsar sistemas alimentarios circulares en África. Por ejemplo, mediante el proyecto de sistemas alimentarios circulares en Ruanda, sus socios están desarrollando enfoques novedosos para acelerar el crecimiento de pequeñas y medianas empresas (pymes), a través de un servicio de asesoría técnica que las conecta con conocimientos, herramientas y oportunidades de circularidad. El proyecto está creando vínculos de mercado con empresas ancla y proveedores de financiación para que las pymes reciban todo el apoyo técnico y financiero que necesitan para hacer crecer sus negocios de alimentación circular. En una fase avanzada, creará un entorno propicio para la economía circular en el sector alimentario mediante un diseño inteligente de políticas. Aunque el proyecto aún está en sus primeras etapas, los datos del primer año de implementación apuntan a formas fundamentales en que las empresas pueden crear sistemas alimentarios circulares.
Cómo pueden las empresas ayudar a impulsar sistemas alimentarios circulares
1. Pagar un precio superior
En primer lugar, las empresas deben abastecerse de productos alimentarios producidos de maneras que protejan y regeneren la naturaleza y pagar por ellos un precio superior.
Numerosas organizaciones de desarrollo han capacitado a pequeños agricultores en prácticas sostenibles de gestión de la tierra que pueden aumentar la producción de alimentos y reducir al mismo tiempo los insumos perjudiciales para el medio ambiente. Sin embargo, la adopción de estas tecnologías sigue siendo escasa en África y otras partes del mundo en desarrollo. Por lo general, requieren mucha mano de obra y conocimientos, pero los agricultores que las adoptan no necesariamente reciben una recompensa económica del mercado. Además, las empresas que han invertido en insumos químicos para la agricultura ejercen una intensa presión para obtener incentivos normativos y de precios que faciliten el acceso de los agricultores a sus productos.
Si las empresas pudieran cambiar sus modelos y compensar a los agricultores que adopten prácticas sostenibles de gestión de la tierra, así como sustituir los insumos perjudiciales para el medio ambiente por otros favorables, se generaría una demanda de mercado que impulsaría una mayor adopción de estas prácticas y productos entre los agricultores. Estamos viendo cómo actores clave del sector agroalimentario cobran más conciencia y comienzan a hacer estos cambios, pero el progreso ha sido lento e irregular. Ante la rapidez del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y los efectos sobre la salud humana, es necesario acelerar las transiciones.
2. Invertir en innovaciones para abordar la pérdida de alimentos
Las empresas interesadas en reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos pueden adoptar un enfoque de tres pasos: medir, fijar objetivos y actuar. Se necesitan innovaciones en las tres áreas. La medición permite dirigir las acciones hacia los puntos de la cadena alimentaria donde más se necesitan.
Empresas de todo el mundo siguen probando y aplicando, con distintos grados de éxito, numerosas innovaciones para reducir las pérdidas de alimentos después de la cosecha. Cada cadena alimentaria —lácteos, cereales, frutas, etc.— es diferente. Por ejemplo, la logística de cadena de frío que conecta los productos cosechados con los consumidores se aplica con éxito en los países desarrollados, pero se adopta menos en los países pobres debido al escaso acceso a la energía y a la falta de infraestructura. Además, los sistemas de cadena de frío suelen utilizar refrigerantes con un alto potencial de calentamiento global y electricidad de la red basada en combustibles fósiles, o generación y transporte fuera de la red que dependen del diésel. Esto significa que se resuelve un problema (la pérdida de alimentos) mientras se crea otro (los gases de efecto invernadero). Las empresas pueden invertir en instalaciones de cadena de frío alimentadas por energías renovables y aptas para muchos países tropicales. Por ejemplo, dado el alto potencial de la energía solar y geotérmica en gran parte del África subsahariana, es posible pasar a instalaciones de cadena de frío que utilicen estas fuentes de energía y reducir drásticamente la dependencia de los combustibles fósiles. Las alianzas entre instituciones de investigación, empresas y gobiernos, como el Centro Africano de Excelencia para la Refrigeración Sostenible y la Cadena de Frío (ACES) de Ruanda, pueden acelerar la transición a sistemas de refrigeración y cadena de frío asequibles y de bajas emisiones de carbono en todo el continente, haciendo posibles los sistemas alimentarios circulares.
3. Invertir en circularidad para los residuos alimentarios
Actualmente, se recicla menos del 2 por ciento de los valiosos nutrientes presentes en los subproductos y residuos alimentarios; la mayoría termina en vertederos, donde se deja descomponer y producir gases de efecto invernadero. Pymes como Bureau des Initatives de Developpement Communautaire (BIDEC) convierten los residuos alimentarios en abono de compostaje y también producen insecticidas y plaguicidas orgánicos. Al convertir los residuos orgánicos en compost, devuelven los nutrientes al suelo, mejoran de forma sostenible la productividad agrícola y reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.
Otra pyme que transforma los residuos alimentarios en productos útiles es Nyungu Africa. Utiliza hojas de maíz y coronas de piña para fabricar toallas sanitarias biodegradables. En el continente están surgiendo numerosas pymes. A través del proyecto de sistemas alimentarios circulares en Ruanda, descubrimos que estas pymes buscan constantemente maneras de mejorar sus productos y conseguir financiación asequible y flexible para ampliar sus negocios. Además, necesitan un entorno normativo propicio para prosperar. Al combinar estos tres factores —apoyo técnico, financiación y políticas— es posible aumentar el número y la capacidad de las empresas que convierten distintas partes de los residuos alimentarios en productos aprovechables.
Los sistemas alimentarios circulares ofrecen a las empresas la oportunidad de crear cadenas de suministro resilientes y sostenibles y generar empleos más sostenibles, evitando al mismo tiempo externalidades sociales y ambientales negativas. Un sistema alimentario circular requiere un uso más eficiente de recursos como la tierra, la energía y el agua, al tiempo que aumenta la productividad sin generar impactos ambientales negativos. También reduciría las pérdidas posteriores a la cosecha mediante mejores prácticas de almacenamiento, transporte, procesamiento y envasado, reduciría el desperdicio de los consumidores y mejoraría la gestión de los residuos alimentarios. Un negocio alimentario circular y sostenible debe prestar atención a las distintas formas de equidad, especialmente en los países pobres, donde los pequeños agricultores que aportan sus conocimientos y trabajo para producir alimentos saludables y seguros para el medio ambiente reciben un precio superior por sus inversiones. Sin embargo, es importante señalar que ninguna empresa puede afirmar que es circular al 100 por ciento. El objetivo de cualquier empresa comprometida con la sostenibilidad es avanzar a lo largo del espectro de circularidad para alcanzar el modelo más sólido.



