La mayoría de los estadounidenses parece pensar que los déficits comerciales internacionales son algo malo.
Una encuesta de marzo, por ejemplo, mostró que más de dos tercios piensan que Estados Unidos debería tomar medidas para reducir el déficit comercial con China, incluso si una guerra comercial resultante hace subir los precios al consumidor.
Esto se debe en gran medida a la noción expresada por algunos de que Estados Unidos está “perdiendo” si tiene un déficit comercial, uno de los principales argumentos utilizados para librar una guerra comercial con China.
Como explicaré, esa noción es mala economía.
Ventaja comparativa
Una de las primeras cosas que aprenden los economistas en formación es el principio de “ventaja comparativa.” Un país tiene una ventaja comparativa cuando puede producir un bien o servicio más barato que otros.
Por ejemplo, Estados Unidos se especializa en la producción de trigo porque es más barato hacerlo aquí que en Japón, mientras que Japón se especializa en la producción de automóviles por la misma razón. La especialización con comercio permite a los consumidores de ambos países comprar más trigo y más automóviles.
Mucha investigación económica ha demostrado que cuando los países comercian entre sí, la riqueza mundial crece y todos los países ganan.
Qué significa esto para los déficits comerciales
Las políticas que pretenden reducir los déficits comerciales obstaculizan el comercio y van en contra de las posibles ganancias derivadas de la ventaja comparativa.
Un país como Estados Unidos registra un déficit comercial anual con un país socio cuando los estadounidenses compran más bienes y servicios a ese socio de los que le venden. Como resultado, el dinero sale de Estados Unidos hacia ese país, lo que suena mal.
Pero no es el final de la historia. Esos extranjeros con el superávit comercial –digamos que en China– ahora tienen ahorros adicionales que deben ponerse a trabajar. La falta de oportunidades de inversión productiva en su país hace que busquen otros países –como Estados Unidos– para utilizar su dinero de forma rentable.
En otras palabras, el dinero que sale para pagar las importaciones regresa para ayudar a financiar la inversión productiva en nuevo capital. Estados Unidos es un lugar atractivo para que los chinos inviertan su dinero porque Estados Unidos es realmente bueno en la producción de bienes de capital. Dicho de otra manera, tiene una ventaja comparativa en inversión.
En 2017, los estadounidenses compraron alrededor de US$552.000 millones más bienes y servicios del extranjero de los que los extranjeros compraron a Estados Unidos. Pero los extranjeros enviaron casi esa cantidad de vuelta a Estados Unidos para ayudar a las empresas estadounidenses a construir fábricas, crear empleos e impulsar el crecimiento.
En resumen, los déficits comerciales significan que los mercados internacionales de capital funcionan como deberían. No implican una pérdida de riqueza estadounidense, ni que otros países se estén “aprovechando” de Estados Unidos.
Más ricos como resultado
En general, los desequilibrios comerciales son impulsados por fuerzas naturales del mercado y reflejan un endeudamiento y un préstamo eficientes en todo el mundo. Y aunque siempre es importante considerar las consecuencias del comercio internacional para la desigualdad y la distribución de las ganancias del comercio –no hay garantías de que esas ganancias se distribuyan de manera equitativa– el resultado final es un mayor crecimiento económico mundial general.
Los déficits comerciales pueden ser un problema cuando se deben a préstamos gubernamentales en países con instituciones económicas y políticas débiles, o en países pequeños donde los flujos de capital libres podrían desestabilizar.
Pero para economías que funcionan bien, como la de Estados Unidos, los déficits comerciales no son un problema inherente. De hecho, estamos mejor teniendo déficits comerciales que imponiendo aranceles y políticas comerciales restrictivas para evitarlos.
Los déficits comerciales hacen grande a América.





