La tecnología nueva, más reciente y brillante no siempre es la mejor

A street in Ottawa, Canada, at night
All too often, new tech sparks a rat race among businesses competing to be the most innovative.Image: Marc-Olivier Jodoin
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En un período de mayor competencia, las entidades financieras afrontan más presión que nunca para ofrecer soluciones innovadoras que las diferencien en el mercado o reduzcan sus costos internos. Al mismo tiempo, la incertidumbre geopolítica y un mayor escrutinio regulatorio han aumentado la necesidad de estabilidad en el mercado global. Esto ha llevado a la inevitable pregunta: ¿pueden coexistir pacíficamente estas dos prioridades?

Este tema ha cobrado impulso recientemente, a medida que los experimentos del sector con registros distribuidos, robótica, computación en la nube e inteligencia artificial se acercan a aplicaciones en el mundo real. Como director ejecutivo de una infraestructura crítica del mercado que está probando activamente estas tecnologías, creo firmemente que la innovación y la estabilidad pueden complementarse, siempre que la innovación se centre en los clientes, esté orientada a alcanzar objetivos empresariales y no añada nuevos riesgos al sistema.

Sin embargo, con demasiada frecuencia las nuevas tecnologías desatan una carrera entre las empresas que compiten por ser coronadas como las más innovadoras entre sus pares. En este entorno, la tecnología se convierte en «lo importante»: un fin en sí misma, en lugar de un medio para alcanzar un fin. Pero la realidad es que, al dejar de lado la retórica exagerada y los titulares estridentes, la innovación solo es beneficiosa si crea una propuesta de valor más sólida para los clientes; y en este entorno, la mitigación de riesgos es un factor clave.

Como muchas otras empresas, la mía tiene una trayectoria de reducción de costos y riesgos y de mejora de la eficiencia mediante el uso de tecnologías innovadoras. Si nos remontamos a la fundación de DTCCen la década de 1970, utilizamos la tecnología para sustituir la entrega física de certificados de valores y cheques por un sistema informatizado que nos permitió centralizar y desmaterializar estos activos. Hoy eso no parece tan innovador, pero en la década de 1970 tuvo un impacto extraordinariamente positivo en los mercados de capitales de Estados Unidos.

Desde entonces, hemos aprendido algunas cosas que han moldeado nuestra forma de pensar sobre la actual revolución de la tecnología financiera. Una de las más importantes es que las nuevas tecnologías no siempre son la mejor opción para hacer que un proceso sea más eficiente o menos costoso. En algunos casos, pueden generar costos más altos, una mayor complejidad e incluso nuevos riesgos.

Si pensamos en las tecnologías más novedosas y de mayor auge en los servicios financieros actuales, como la tecnología de registros distribuidos (DLT), las predicciones iniciales de una transformación inmediata y revolucionaria se han revisado porque los casos de negocio no han demostrado su viabilidad o han tenido que actualizarse debido a rendimientos inferiores a los esperados. A pesar de ello, sigo siendo un firme defensor de la DLT y creo que tiene un futuro muy prometedor, pero, como ocurre con cualquier solución tecnológica, la clave del éxito está en identificar desafíos que se correspondan con los beneficios que ofrece.

Aunque los mercados financieros tienen innumerables cuestiones que requieren atención, no todas se resolverán con nuevas tecnologías. De hecho, estamos descubriendo que ciertos procesos posteriores a la negociación pueden mejorarse con la tecnología existente, evitando así que nuestros clientes tengan que realizar cambios importantes en sus sistemas para incorporar nuevas soluciones de tecnología financiera, que podrían aumentar los costos y los riesgos.

Los componentes fundamentales de las soluciones futuras

Al mismo tiempo, el sector sigue explorando oportunidades para responder a las cambiantes necesidades de los clientes mediante inversiones en investigación y desarrollo y la evaluación de nuevas tecnologías. En esta etapa inicial de experimentación, lo más importante es que el sector y la comunidad reguladora colaboren para crear los componentes fundamentales de las soluciones futuras, en particular en cuestiones esenciales como las normas y la gobernanza. En el caso de la DLT, se necesitan normas para garantizar que los registros futuros puedan integrarse entre sí y con la infraestructura heredada. Sin normas, es probable que en el futuro tengamos que recorrer un nuevo laberinto de aplicaciones y sistemas desconectados: en esencia, lo que tenemos hoy, pero construido sobre tecnología más reciente.

Del mismo modo, la gobernanza es importante desde la perspectiva de la gestión de riesgos para establecer controles sobre aspectos como los permisos de acceso a la red, la incorporación de nodos a la red, la verificación del código de los contratos inteligentes y el control del interruptor de emergencia que permite detener los resultados potencialmente desastrosos de un error de código. ¿Se imaginan el caos potencial que se produciría sin una gobernanza adecuada?

Todas estas cuestiones interesan a la comunidad reguladora, que desde el principio ha mostrado un interés activo en comprender cómo encajarán las nuevas tecnologías en el marco regulatorio existente y cómo deberá evolucionar este a medida que se implementen nuevas soluciones. A los reguladores les entusiasma el potencial de la tecnología financiera porque reconocen que las soluciones futuras pueden beneficiarlos al mejorar su supervisión de los mercados y ofrecerles una comprensión más profunda de la actividad del mercado y de los riesgos financieros.

Sin embargo, también sabemos que los supervisores se enfrentan a un delicado ejercicio de equilibrio. Por un lado, las normas deben respaldar el avance tecnológico y la innovación. Al mismo tiempo, esos objetivos no pueden anteponerse a los importantes objetivos de política pública de mitigación de riesgos, protección de los inversores, resiliencia del mercado y transparencia.

Colaborar con nuestros reguladores como socios en este camino, trabajar conjuntamente con ellos y con los distintos actores del sector, y orientar la innovación hacia el valor para los clientes contribuirá a una transformación positiva, al tiempo que protegerá la seguridad y solidez del mercado. La innovación y la estabilidad del mercado pueden coexistir pacíficamente si convertimos estos objetivos en nuestras principales prioridades.

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