Por qué los gobiernos deberían seguir el Mundial

Boys play soccer in Fundacion, northern Colombia May 27, 2014. Picture taken May 27, 2014. REUTERS/John Vizcaino (COLOMBIA - Tags: SPORT SOCCER WORLD CUP) - GM1EA5T043601
Sport has numerous social and health benefits.Image: REUTERS/John Vizcaino
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Los países de América Latina y el Caribe gastan aproximadamente un tercio de lo que gastan sus homólogos europeos en programas deportivos con amplios objetivos sociales. Sin embargo, antes de aumentar esa inversión, los responsables de formular políticas deberían comprometerse a probar y evaluar diversas estrategias para averiguar cuáles funcionan realmente.

Mientras se disputa el Mundial y cautiva a los aficionados al fútbol de todo el mundo, queda patente el amplio atractivo del deporte de alto nivel. Pero el impacto del deporte va mucho más allá de los grandes acontecimientos internacionales, por impresionantes que sean, y abarca beneficios de gran alcance para la gente común.

Las iniciativas que animan a las personas a hacer ejercicio con regularidad pueden ayudar a reducir la incidencia de los accidentes cerebrovasculares, el cáncer y la depresión, lo que se traduce en una mayor productividad y menores costos sanitarios. Estos son objetivos importantes para una región como América Latina y el Caribe, donde uno de cada cuatro adultos es obeso, una tendencia que ha empeorado durante la última década.

Image: BID

El deporte también puede fortalecer las relaciones sociales al reunir a personas de distintos orígenes y crear un sentido de propósito e identidad compartidos. Además, puede ofrecer a los jóvenes una salida productiva, mantenerlos concentrados y comprometidos y reforzar su autoestima, reduciendo así su vulnerabilidad a influencias sociales perjudiciales. También puede fomentar cualidades como la perseverancia, el trabajo en equipo y el liderazgo —las habilidades interpersonales que buscan los empleadores en los candidatos— e incluso contribuir a la igualdad de género.

En resumen, los programas deportivos benefician a las personas, las comunidades y los países. Por eso, desde 2004, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), del que soy presidente, ha apoyado programas de deporte para el desarrollo dirigidos a jóvenes en situación de riesgo en 18 países. Estos programas suelen combinar el deporte en sí (concretamente, el fútbol) con formación profesional y pasantías.

Los resultados son prometedores, por decir lo menos. Cerca del 70 % de los participantes completa el programa; de ellos, más del 65 % consigue un empleo formal, vuelve a estudiar o inicia un negocio en el plazo de un año. Un proyecto llevado a cabo en El Alto, Bolivia, utilizó el fútbol para que más de 600 niñas aprendieran liderazgo y otras habilidades útiles para la vida. Aunque solo contamos con datos limitados sobre sus avances, sabemos, gracias a otras investigaciones realizadas en Estados Unidos, que la participación en deportes puede aportar beneficios a largo plazo para las mujeres, como un mayor nivel educativo y mejores ingresos laborales.

A pesar de estos beneficios, los países de América Latina y el Caribe destinan una proporción relativamente modesta del 0,1 % del PIB a programas deportivos con amplios objetivos sociales: aproximadamente un tercio de lo que destinan sus homólogos europeos. ¿Significa esto que estos países deberían aumentar su inversión en deporte? Depende de la inversión.

No todos los programas deportivos son iguales. En Europa, los investigadores han descubierto que los centros recreativos para jóvenes donde las actividades carecen de estructura a veces se convierten en puntos de reunión para menores involucrados en conductas de alto riesgo, como la actividad de pandillas.

Los programas muy estructurados, que crean vínculos sólidos entre los estudiantes y sus entrenadores u otros mentores, son mucho más eficaces. Por ejemplo, los programas deportivos supervisados para escolares pueden reforzarse como parte de las iniciativas para ampliar la jornada escolar, una tendencia que se acelera en toda América Latina y el Caribe.

La investigación y la experiencia del BID con programas de deporte para el desarrollo respaldan estas conclusiones e indican que el valor de la inversión pública depende de la estrategia específica. Sin embargo, aún no está claro cuáles son exactamente las estrategias más eficaces. Por eso, para maximizar los beneficios económicos y sociales de la inversión gubernamental en deporte, los responsables de formular políticas necesitan más información.

En concreto, es necesario experimentar más, mejorar la recopilación de datos y realizar evaluaciones rigurosas, incluidas comparaciones fiables con enfoques alternativos. En el BID hemos comprobado que la clave está en probar proyectos piloto y analizar los datos que generan. Luego, los gobiernos y otras organizaciones, incluidas instituciones de desarrollo como el BID, pueden colaborar para ampliar los programas que demuestren ser más eficaces y aplicar las lecciones de las intervenciones menos eficaces.

Al igual que marcar un gol, conectar un jonrón o encestar una canasta, lograr que funcionen los programas de deporte para el desarrollo requiere mucha práctica, tanto para dominar la técnica o el enfoque como para poder aplicarlos en circunstancias diversas. Lo que ocurre en el terreno de juego depende de todo lo que sucedió antes, tanto de los fracasos como de los éxitos.

Si los gobiernos no están dispuestos a hacer el trabajo necesario, sus inversiones no valdrán la pena. Sin embargo, si se comprometen con la experimentación, la recopilación de evidencia y la evaluación que exige todo gasto público bien gestionado, la inversión en el deporte puede contribuir en gran medida a fortalecer las comunidades y permitir que los jóvenes lleven una vida más sana, feliz y productiva.

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