El universo Web3 de la cadena de bloques, los tokens no fungibles y las criptomonedas pretende democratizar diversos ámbitos de la vida, pero, en realidad, es extremadamente difícil de usar, según la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania.
Se necesitan diseñadores de experiencia de usuario e ingenieros de usabilidad, así como normativas, para que este entorno resulte más acogedor.
Los recursos educativos también ayudarán a las personas a realizar el gran cambio desde la Web 2.0.
Las criptomonedas y Web3 tienen un problema. No se trata de la reciente caída del valor de Bitcoin, del colapso de la «stablecoin» Terra (LUNA), del hecho de que los primeros proyectos ofrecían poca utilidad y estaban impulsados sobre todo por la especulación con activos de una comunidad pequeña pero muy activa, ni siquiera de los numerosos casos de fraude. Este problema es igual o más preocupante, y perdurará más allá de las fluctuaciones del mercado y de la falta de una regulación adecuada. Consiste en que, para un producto destinado a democratizar todo, desde la inversión hasta el activismo y el arte, Web3 —el universo de la cadena de bloques, los tokens no fungibles (NFT) y las criptomonedas— es endiabladamente difícil de usar.
«Obtenemos y gastamos, y así malgastamos nuestras horas», escribió Wordsworth en su crítica poética al capitalismo. Con las criptomonedas, no es la obtención lo que consume tiempo o exige conocimientos técnicos. De hecho, parte de su atractivo está en lo fácil que resulta comprarlas. Comprar Bitcoin o Ethereum es tan sencillo como crear una cuenta en una de las numerosas plataformas de intercambio registradas y vincularla a una tarjeta de crédito (o a otra fuente de fondos).
Es el gasto lo que ha ocupado cantidades vergonzosas de nuestro tiempo en los últimos años, y creemos que representa un límite real para lo transformadoras que pueden llegar a ser estas innovaciones. Al principio, el problema de las criptomonedas era la imposibilidad de gastarlas en algo que no fueran compras ilícitas en sitios web como Silk Road. Todo cambió con la aparición de los NFT y de las organizaciones autónomas descentralizadas, que permiten a los usuarios comprar arte digital, invertir en músicos a cambio de una parte de sus derechos de autor o unirse a clubes que les dan acceso a actividades IRL (en la vida real), como conciertos o eventos de networking. Pero participar en estos proyectos —o, en general, operar dentro de Web3— exige ser capaz de entender y ejecutar contratos inteligentes escritos en código, a menudo en cuestión de segundos.
Ambos llevamos décadas trabajando en tecnología, y uno de nosotros domina, o casi, los lenguajes de programación empleados en el criptoverso. Aun así, incluso nosotros hemos encontrado tediosa y difícil la sencilla tarea de interactuar con contratos inteligentes e invertir en un proyecto Web3 con fondos almacenados en una cartera de criptomonedas.
A veces puede llevar días averiguar cómo invertir pronto en un NFT que nos entusiasma, o cómo reclamar una recompensa por una contribución que hicimos al proyecto de otra persona. El problema es que algunos proyectos de NFT pueden no tener sitio web, de modo que hay que buscar en Twitter los detalles de lo que se ofrece y de cómo comprarlo. Puede haber distintos conjuntos de instrucciones, complicados por consejos contradictorios de personas en Discord, la principal plataforma de conversación sobre Web3. Algunos consejos están bien intencionados pero son incorrectos, y otros son malintencionados.
Para completar una transacción de compra de un NFT, normalmente hay que conectar la cartera de criptomonedas a un sitio que interactuará con el contrato inteligente y pedirá que firmemos una transacción. Con frecuencia, el texto de la transacción está redactado de forma difícil de entender para los usuarios y no explica con claridad lo que se solicita. Esto lleva a los usuarios a firmar transacciones que podrían otorgar a contratos maliciosos derechos para vaciar su cartera de criptomonedas y activos.
Uno de nosotros, Kartik, había intentado adquirir un NFT de un proyecto dedicado a incorporar a más mujeres a Web3. Por desgracia, el proyecto tenía mucha popularidad y no logró conseguir uno de los pocos NFT disponibles. Más tarde llegó un mensaje directo sobre un nuevo lote de NFT recién lanzado. Distraído por una llamada telefónica, Kartik siguió el enlace y no se dio cuenta de que le habían llevado a un sitio copiado. Aún en la llamada, compró el NFT. Aunque se dio cuenta de su error en cuestión de segundos, ya era tarde: le habían estafado unos 350 dólares. Pero podría haber sido peor: en el fondo del código del contrato que había firmado, podría haber existido permiso para hacer algo más que transferir unos cientos de dólares; podría haber vaciado su cartera de criptomonedas.
Hay que admitir que el miedo a quedarse fuera (FOMO, por sus siglas en inglés) fue en parte responsable. Si Kartik hubiera esperado a que terminara la llamada, leído el contrato con atención y comprobado con un experto que lo había entendido correctamente, quizá habría detectado la estafa, pero también habría perdido la oportunidad de formar parte de un proyecto muy codiciado.
De forma similar, Myriam quería adquirir un NFT gratuito de un proyecto que generaba mucha expectación. En este tipo de proyectos, hay que actuar con rapidez para asegurar el NFT. Cuando el tiempo apremia, no se tiene la oportunidad de realizar la diligencia debida que a menudo se requiere antes de interactuar con contratos inteligentes. Para mitigar este riesgo, Myriam utiliza lo que denomina una cartera de criptomonedas desechable, configurada con muy pocos fondos y que emplea para interactuar con sitios web y contratos en los que no confía. Esta técnica sirve para evitar lo que le ocurrió a Kartik. Pese a que el NFT era gratuito y se usó la cartera desechable, el proyecto exigía que los usuarios interactuaran directamente con el contrato. Las numerosas capas necesarias para obtener el NFT gratuito hicieron que Myriam no lograra su objetivo. Más tarde, los mismos NFT se vendieron en el mercado secundario con una prima considerable.
El FOMO o la necesidad de tomar decisiones en fracciones de segundo no son, ni mucho menos, exclusivos de Web3. Pero las personas que se abalanzaron sobre la chaqueta acolchada de Kanye West para Gap el pasado invierno no corrían el riesgo de perder cientos de miles de dólares por entrar por error en una tienda de aspecto similar, también llamada Gap y diseñada para parecerse exactamente a la original. Y el fraude en el mundo real o en Internet —las falsificaciones de Chinatown o los estafadores por correo electrónico— generalmente no requiere un título en informática para detectarlo.
¿Qué soluciones podrían conducir a una experiencia Web3 más segura?
La mayoría de los entusiastas de las criptomonedas quieren mejores salvaguardas frente a los estafadores y otros actores moralmente dudosos. Por tanto, sí, hay que aportar claridad normativa. Pero también hay que incorporar a los diseñadores de experiencia de usuario y a los ingenieros de usabilidad. Estos son algunos pasos que podrían darse a nivel de hardware, de aplicaciones y de comunidad para que este entorno resulte más acogedor.
Diseñar una experiencia de usuario más completa. El hecho de que las solicitudes de transacción resulten incomprensibles para la mayoría de los usuarios crea una barrera evidente para la adopción y una forma sencilla de inducir a error. Utilizar textos sencillos para desmitificar las transacciones sería de gran ayuda. ¿Qué fondos se están moviendo? ¿En qué dirección? ¿Qué permisos específicos concede el usuario al firmar una transacción?
Señalar las transacciones peligrosas. Las carteras de criptomonedas pueden ofrecer información oportuna sobre la naturaleza potencialmente maliciosa de los contratos con los que interactúan los usuarios. Pueden permitir a los usuarios valorar una transacción o una contraparte, hacer un seguimiento de si otros usuarios han marcado un contrato o una contraparte como fraudulentos y mostrar advertencias antes de que firmen el contrato.
Proporcionar recursos educativos. El espacio de los NFT es descentralizado, y la autocustodia es un elemento constitutivo de Web3. Se trata de un cambio importante respecto de la Web 2.0. Los recursos educativos ayudarán a incorporar de forma segura a más usuarios en este espacio.
Web3 bien podría convertirse en el nuevo paradigma, pero no vemos que eso ocurra a menos que la comunidad aborde primero los desafíos de usabilidad y seguridad que actualmente afectan a este espacio.



