El cambio de mentalidad que necesitan las empresas para un futuro resiliente al clima

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  • Las empresas y los gobiernos son, en gran medida, reactivos: responden a los riesgos climáticos después de que se materializan, lo que provoca costosas interrupciones.

  • Está demostrado que aplicar medidas de resiliencia climática ofrece una relación beneficio-coste de entre 2:1 y 15:1. Sin embargo, muchas empresas no están integrando estas estrategias.

  • Las pequeñas y medianas empresas afrontan altos costes de adaptación y carecen de datos climáticos fiables, lo que dificulta una planificación financiera eficaz. Se necesitan regulaciones e incentivos claros para impulsar una adopción más amplia de estrategias proactivas.

Mientras grandes zonas del mundo experimentan otro año de temperaturas récord y fenómenos meteorológicos extremos, los efectos del cambio climático ya no son una amenaza lejana. La tormenta está a nuestras puertas y no hay puerto seguro frente a sus desafíos, cada vez más intensos. Para los líderes empresariales, es necesario cambiar urgentemente de mentalidad —pasar de una actitud reactiva a una proactiva— para hacer frente al aumento de los riesgos y construir un futuro resiliente al clima.

Muchos líderes empresariales y gubernamentales reaccionan a los riesgos climáticos solo después de que se materializan y afrontan costosas interrupciones a causa de inundaciones, calor extremo, incendios forestales y grandes tormentas. Estos fenómenos entorpecen las cadenas de suministro, arruinan las cosechas y dañan activos físicos como los edificios, lo que genera enormes costes de reparación.

Swiss Re, una de las mayores aseguradoras, estima que las pérdidas económicas mundiales provocadas por fenómenos meteorológicos extremos ascienden a 200.000 millones de dólares anuales. Según el mismo análisis, solo Estados Unidos pierde más de 90.000 millones de dólares al año y sigue siendo una de las zonas del mundo más vulnerables económicamente a los peligros meteorológicos extremos. Sin embargo, el coste económico queda eclipsado por el creciente número de vidas humanas perdidas trágicamente vinculadas al cambio climático.

A pesar de las crecientes pruebas de que el cambio climático está generando enormes costes para las personas, las empresas y las sociedades, la ONU estima que existe un déficit de financiación para la adaptación de entre 194.000 y 366.000 millones de dólares al año. Esto pone de relieve la preocupante falta de urgencia entre las principales partes interesadas —empresas, instituciones financieras y gobiernos—, con consecuencias potencialmente devastadoras para las economías en desarrollo y desarrolladas.

Además, nuevas investigaciones muestran que la aplicación de medidas de resiliencia climática, como tecnologías de eficiencia hídrica o agricultura regenerativa, suele ofrecer a las empresas una relación beneficio-coste de entre 2:1 y 15:1. Sin embargo, muy pocas empresas están integrando sistemáticamente estrategias de adaptación, lo que deja las operaciones empresariales expuestas a interrupciones que podrían encarecer diversos productos, como materiales de construcción, comestibles y pólizas de seguros.

Desafíos y oportunidades

¿Por qué se están quedando rezagadas las estrategias de adaptación climática? En primer lugar, implementarlas es costoso, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas. Pensemos en la modernización de un edificio de oficinas con aislamiento resistente al calor o en la instalación de barreras resistentes a las tormentas para evitar inundaciones. Los cambios en los activos físicos y la infraestructura conllevan costes considerables y pueden resultar prohibitivos para todas las empresas salvo las más grandes. Estos gastos suelen sumarse a los desembolsos relacionados con la mitigación del cambio climático, cuyo objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

A las empresas también les cuesta lidiar con la escasez de datos y de capacidades analíticas para modelizar con precisión los resultados de los riesgos climáticos, lo que dificulta los análisis de costes y beneficios y otros cálculos financieros. Estos desafíos se presentan en distinta medida en las economías desarrolladas y en desarrollo. Sin regulaciones e incentivos claros que el sector privado deba cumplir, los líderes empresariales, de Manila a Miami y a Adís Abeba, se muestran reacios a actuar con urgencia.

En un contexto marcado por fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, la lógica empresarial de apoyar la adaptación resulta cada vez más clara. Cuanto mayor sea la resiliencia climática de una organización, mejor preparada estará para soportar las perturbaciones que afecten a sus operaciones y cadenas de valor.

Un estudio de 100 grandes empresas, realizado por el Centro para la Naturaleza y el Clima del Foro Económico Mundial, concluyó que el impacto financiero de los riesgos climáticos físicos equivale aproximadamente al 10 % de las ventas anuales y al 4 % del valor de mercado. La implementación eficaz de estrategias de adaptación reduciría considerablemente ese impacto con el tiempo.

A medida que aumentan los riesgos relacionados con el clima, también crece la necesidad de nuevos productos y servicios, lo que ofrece a las empresas oportunidades para innovar y mejorar la eficiencia operativa. El mismo análisis señala que las empresas que aprovecharon las oportunidades de adaptación aumentaron sus ingresos gracias al incremento de la capacidad de producción y redujeron sus costes.

Desde el punto de vista de la gobernanza, las empresas líderes deberían garantizar que las consideraciones sobre los riesgos climáticos —que abarquen tanto los objetivos de mitigación como los de adaptación— formen parte esencial de los debates estratégicos a nivel directivo. Dado el desafío de acción colectiva que supone el cambio climático, también es importante que los líderes empresariales aprovechen la oportunidad de colaborar de forma proactiva con los gobiernos locales y nacionales para definir políticas e incentivos que movilicen capital e inversión para la adaptación.

Precedentes en el mundo

La adaptación estratégica puede frenar futuras pérdidas, generar oportunidades de ingresos y reducir costes para quienes actúen con decisión.

En todo el mundo están surgiendo ejemplos de estrategias de adaptación. One Concern, una empresa de tecnología analítica, desarrolló un gemelo digital de Japón y Estados Unidos, que reúne datos sobre cada elemento de la infraestructura existente en ambos países. Este enorme conjunto de datos ayuda a predecir cómo afectarán los fenómenos o peligros a activos específicos y a sistemas interconectados, y pone de relieve el papel de la infraestructura resiliente en la adaptación climática.

Los gobiernos también están tomando medidas. El Ministerio de Agricultura de la India puso en marcha el Sandbox para la Seguridad, la Tecnología y los Seguros Agrícolas y Rurales (SARATHI), que ofrece productos de seguros a agricultores. El objetivo es reducir la brecha de cobertura para los agricultores y reforzar su resiliencia frente a los riesgos climáticos.

Otro ejemplo nos lleva a la ciudad occidental de Ahmedabad en Gujarat, India, donde las autoridades elaboraron un plan para alertar a los residentes sobre los periodos previstos de calor extremo, habilitar centros de refrigeración y proporcionar al personal sanitario recursos educativos sobre el tratamiento de enfermedades relacionadas con el calor. En todo Gujarat, los principales hospitales cuentan ahora con unidades para tratar golpes de calor, y los tejados se pintan de blanco o se cubren con tejas blancas para reflejar la luz solar y ayudar a refrescar los edificios.

El mundo debe conocer mejor estos enfoques pioneros. Con el objetivo de reposicionar la adaptación como motor de oportunidades económicas y reforzar la rendición de cuentas en materia de riesgos en los sectores público y privado, la Iniciativa de Adaptación Climática del Foro Económico Mundial busca difundir estrategias destacadas para promover el intercambio de conocimientos entre países, la innovación y la adopción de medidas.

Para tener éxito, los líderes empresariales deben replantearse la supuesta relación entre la adaptación y el aumento de los costes. Con incentivos eficaces de política pública y una perspectiva centrada en el ahorro a largo plazo que permiten evitar los peligros climáticos, podrán materializarse plenamente los beneficios económicos que sustentan la integración proactiva de estrategias de adaptación climática.

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