El sistema financiero se está reiniciando. Las partes interesadas deben adaptarse

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  • La arquitectura de la globalización financiera posterior a la Guerra Fría atraviesa su transformación más profunda en décadas.

  • Antes, la fragmentación geopolítica se consideraba un riesgo de cola, pero se está convirtiendo rápidamente en un factor central que influye en el rumbo de las finanzas mundiales.

  • Todos los gobiernos deben saber que la fragmentación conlleva una disyuntiva tajante.

Los mercados de capitales mundiales tuvieron un año excepcional en 2025. Los índices bursátiles de todo el mundo subieron con fuerza, mientras que los diferenciales de crédito corporativo se redujeron. El aumento del tamaño de las operaciones de fusiones y adquisiciones puso de relieve una sólida disposición a asumir riesgos. El Fondo Monetario Internacional revisó ligeramente al alza su previsión del producto interno bruto mundial.

Sin embargo, bajo este optimismo, la arquitectura de la globalización financiera posterior a la Guerra Fría, construida en torno a la Pax Americana, atraviesa lo que considero su transformación más profunda en décadas. Sin duda, el mundo se está volviendo más disputado y está más dividido por regiones.

Antes, la fragmentación geopolítica se consideraba un riesgo de cola, pero se está convirtiendo rápidamente en un factor central que influye en el rumbo de las finanzas mundiales. Todos lo vimos el mes pasado, cuando los líderes mundiales subieron al estrado en nuestra conferencia anual en Davos y hablaron de cambios y rupturas en el orden mundial. Los gobiernos de todo el mundo se están replegando hacia adentro. Algunos están desplegando instrumentos de política económica —aranceles, mandatos de inversión, sanciones y política industrial— para alcanzar objetivos geopolíticos y reforzar su resiliencia interna.

Los efectos secundarios de este comportamiento se multiplican rápidamente. La reescritura por parte de Estados Unidos de las reglas del comercio mundial mediante su régimen arancelario es lo más visible, pero también hay mandatos de inversión «Buy Canadian», empresas chinas que salen de las bolsas estadounidenses y debates europeos cada vez más controvertidos sobre las reservas rusas congeladas. Los bancos centrales están diversificando sus reservas de divisas, y se están expandiendo los sistemas alternativos de pago que reducen la dependencia del dólar estadounidense.

A los líderes mundiales les gusta decir que este tipo de medidas protege la seguridad de sus países y refuerza la resiliencia de sus cadenas de suministro. Pero, para las instituciones financieras y los inversores, el efecto acumulado es un entorno operativo más complejo, marcado por un mayor riesgo de contraparte, divergencias regulatorias e ineficiencia del capital. La fragmentación obliga a los bancos y gestores de activos a localizar sus balances y mantener capital excedentario, lo que limita la intermediación transfronteriza y frena el crecimiento.

Un estudio del FMI muestra que un aumento de una desviación estándar en las tensiones geopolíticas reduce aproximadamente un 15 % los flujos bancarios y de cartera transfronterizos. Un análisis reciente del Foro Económico Mundial estima que el aumento de la fragmentación podría reducir el PIB mundial hasta en 5,7 billones de dólares, además de avivar la inflación.

Las economías emergentes atrapadas entre superpotencias rivales quedaron especialmente vulnerables. La mayoría de los economistas jefe encuestados por el Foroprevé que la inversión extranjera directa se desacelerará ante la incertidumbre de un mundo más disputado, justo cuando la deuda externa de los países en desarrollo ha alcanzado los 11,4 billones de dólares. Muchos de sus gobiernos destinan más del 10 % de sus ingresos únicamente al pago de intereses.

Todos los gobiernos deben saber que la fragmentación conlleva una disyuntiva tajante. Sus esfuerzos actuales por proteger la soberanía y la resiliencia pueden debilitar mañana el crecimiento, la sostenibilidad fiscal y la estabilidad financiera.

Durante el último año han surgido alianzas regionales pragmáticas como estrategia tanto ofensiva como defensiva frente a esos inconvenientes. El Área de Libre Comercio ASEAN-China, el Área de Libre Comercio Continental Africana y el reciente acuerdo comercial entre la Unión Europea y la India, por ejemplo, buscan integrar financieramente economías diversas. Esperan que eso atraiga capital, impulse la innovación y refuerce la resiliencia económica. En lugar de buscar escala por separado, estos países procuran alcanzarla en conjunto.

También lo vemos en la infraestructura básica de los sistemas de pago. La conexión UPI-PayNow entre la India y Singapur, el sistema chino de compensación en renminbi CIPS y mBridge —un experimento conjunto en el que participan China, los Emiratos Árabes Unidos, Tailandia y Hong Kong— ilustran cómo las redes financieras evolucionan hacia la cooperación regional.

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Las tensiones geopolíticas y el uso cada vez más amplio de sanciones por parte de Estados Unidos para ejecutar su política exterior están motivando a algunos países a diversificarse hacia monedas distintas del dólar y activos alternativos de reserva de valor, en particular el oro y, en menor medida, las criptomonedas. Aunque las tenencias oficiales de reservas en dólares se mantienen relativamente estables, la facturación comercial se está desplazando gradualmente hacia otras monedas, lo que indica una diversificación progresiva de los pagos mundiales.

La estrella polar de la armonía financiera mundial de ayer ha cedido ante la realpolitik de hoy. Pero la cooperación regional no tiene por qué fragmentar el mundo por completo. Si exigen a los gobiernos que incorporen la interoperabilidad en la arquitectura de los sistemas financieros, los líderes empresariales pueden convertir la integración regional en un peldaño hacia una conectividad mundial renovada, en lugar de permitir que se convierta en un callejón sin salida permanente.

Quienes adapten sus modelos operativos, marcos normativos y supuestos de riesgo a esta nueva realidad ayudarán a dar forma a un sistema adecuado para un mundo multipolar. Quienes se aferren a supuestos obsoletos corren el riesgo de quedarse atrás.

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