Las remesas —el dinero que las personas envían a sus familiares y amigos— están en crisis debido a la recesión económica mundial.
Esto ocurre después de que el valor total de las remesas alcanzara los 714.000 millones de dólares en 2019.
Al menos 60 países de ingresos bajos y medios dependen de las remesas para más del 5 % de su PIB.
Economistas y activistas piden reducir las comisiones por transferencia y brindar más apoyo a los migrantes en los países de acogida.
El volumen de las remesas es enorme. Pero está amenazado.
El dinero que envían a casa alrededor de mil millones de trabajadores en el extranjero o dentro de su propio país a sus familias es en conjunto superior al de la inversión extranjera directa o la asistencia oficial para el desarrollo. El año pasado ascendió a casi tres cuartos de billón de dólares: una cifra récord.
Pero el Banco Mundial estima que la recesión mundial eliminará el 19,7 % —o 109.000 millones de dólares— de la parte de ese dinero que llega a los países de ingresos bajos y medios (PIBM) que más lo necesitan. Esas economías se preparan ahora para afrontar el impacto.
Hasta ahora, los gobiernos del Reino Unido y Suiza han encabezado un llamamiento a favor de reducir las comisiones por transferencia, y economistas y activistas piden más apoyo para los trabajadores migrantes. Pero quizá no se pueda evitar el daño.
Un flujo vital
Las remesas pueden ayudar a construir una casa, pagar facturas médicas o enviar a un hijo a la escuela. Pero no solo ayudan a los familiares y amigos que las reciben. También son una parte fundamental de muchas economías.
Según el Banco Mundial y KNOMAD, el centro de estudios mundial sobre migración, las remesas representan más del 5 % del PIB en al menos 60 PIBM.
Pero en varios países la proporción es mucho mayor: Tayikistán y Bermudas, por ejemplo, dependen de las remesas para más del 30 % de su PIB. Entre los países que dependen mucho de ellas también están Nepal y Haití. Y los países que más dependen de las remesas suelen tener economías que ya son frágiles.
Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), este dinero suele ayudar a compensar los déficits comerciales y constituye una fuente clave de ingresos fiscales, sobre todo mediante impuestos indirectos como el impuesto sobre el valor añadido y el impuesto sobre las ventas.
La tormenta perfecta
Aún no se conoce la magnitud de las recesiones y depresiones previstas en todo el mundo. Pero, dada la dependencia de ciertas naciones y poblaciones de las remesas, se dan las condiciones para que el impacto sea máximo.
Es probable que dos factores agraven estos efectos: primero, la trayectoria del coronavirus; segundo, la estrecha relación entre las economías que acogen a trabajadores migrantes y sus países de origen.
Es una cruel ironía que se estime que el 75 % de los migrantes trabaja en países donde se han registrado tres cuartas partes de los casos de COVID-19.
Esto agravará el impacto económico del problema. Los economistas describen las remesas como «anticíclicas»: cuando la situación se pone difícil, los migrantes pueden salir de su país y enviar ingresos valiosos, contrarrestando las perturbaciones económicas internas. Sin embargo, también puede ocurrir lo contrario.
Y las consecuencias podrían ser graves. Por ejemplo, el FMI señala que las posibles recesiones en algunos Estados del Golfo podrían desencadenar un éxodo de trabajadores migrantes de Oriente Medio, el norte de África y el sudeste asiático.
Esto, a su vez, podría disparar el desempleo en los países de origen, aumentar la presión sobre unos sistemas de salud pública frágiles e incluso agravar la crisis de refugiados.
Tomar medidas
La forma más rápida de ayudar a los trabajadores migrantes es reducir sus costes, que actualmente pueden ser considerables. Por ejemplo, los trabajadores de África subsahariana que viven en el extranjero y envían dinero a casa pagan, en promedio, un dólar de cada 10 en comisiones por transferencia. A escala mundial, las comisiones rondan el 7 %.
«Las medidas rápidas que faciliten el envío y la recepción de remesas pueden brindar un apoyo muy necesario a los migrantes y sus familias», insta Dilip Ratha, director del centro de estudios sobre migración KNOMAD.
«Entre ellas se cuentan considerar esenciales los servicios de envío de remesas y hacerlos más accesibles para los migrantes».
El Banco Mundial insta a los países —tanto los que acogen a trabajadores migrantes como sus países de origen— a establecer sistemas eficaces de protección social.
El Banco estima que el próximo año las remesas a los PIBM se recuperarán, aunque no alcanzarán los niveles de 2019. Pero es probable que el camino hacia esa recuperación sea difícil.





