La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria del Reino Unido (OBR) elabora pronósticos periódicos de indicadores económicos clave, como la inflación de precios.
Pero, dado que se publican dos veces al año y ofrecen proyecciones a 5 años, ¿hasta qué punto son precisos?, pregunta un economista político.
Aquí, analiza los datos de los últimos 7 pronósticos y examina cómo podría adaptarse en el futuro el modelo de la OBR.
Entre las propuestas está incorporar las expectativas de los consumidores a los pronósticos de inflación, lo que podría generar predicciones más sólidas sobre el aumento de los precios al consumidor, sugiere.
La muy esperada declaración financiera de otoño del primer ministro británico Rishi Sunak y del ministro de Hacienda Jeremy Hunt incluye un elemento clave: un informe de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR) sobre los efectos generales previstos de las políticas del Gobierno en la economía. El Gobierno de Liz Truss evitó cuidadosamente elaborar este informe, lo que contribuyó a desencadenar la drástica reacción de los mercados al minipresupuesto de septiembre de 2022.
El Gobierno del Reino Unido creó la OBR en 2010 para ofrecer un análisis independiente de la economía. Ahora elabora pronósticos periódicos de indicadores económicos clave, como el crecimiento del Reino Unido, el desempleo y la inflación de precios. Publica estos pronósticos dos veces al año y abarca un horizonte de cinco años.
Pero ¿qué grado de precisión tienen estos pronósticos? El gráfico de abajo muestra los pronósticos del índice de precios al consumidor para marzo de 2022. Estos pronósticos comenzaron cinco años antes, en noviembre de 2017, y se publicaron después en marzo de 2018, octubre de 2018 y así sucesivamente hasta marzo de 2022.
Pronósticos de inflación para marzo de 2022
Los cinco primeros pronósticos, desde 2017 hasta marzo de 2020, preveían una tasa de inflación del 2 % para marzo de 2022, que es la tasa objetivo del Banco de Inglaterra. Después, los pronósticos de noviembre de 2020 y marzo de 2021 quedaron por debajo de ese nivel, pero empezaron a subir en octubre de 2021.
El pronóstico final, publicado en marzo de 2022, preveía una tasa de inflación del 7,4 %. Esta cifra fue inferior a la tasa real de inflación de marzo de 2022, del 8,5 % —la última barra del gráfico anterior—. Esto refleja que las estadísticas se revisan tras su publicación inicial, a medida que se recopilan nuevos datos. Por eso, se tarda un tiempo en determinar la tasa oficial de inflación definitiva.
El Banco de Inglaterra utiliza datos como este pronóstico para fijar los tipos de interés del Reino Unido con el fin de mantener la inflación bajo control. Se le ha criticado por no haber subido los tipos lo bastante rápido para hacer frente a la inflación reciente.
Pero el gráfico deja claro el motivo. Los siete primeros pronósticos igualaban o quedaban por debajo de la tasa de inflación que el Banco considera adecuada, lo que sugiere que el modelo de la OBR servía de poco para ayudar al Banco a predecir la inflación con hasta cinco años de antelación. En realidad, fue mucho más alta. Incluso cuando llegó el mes previsto, la predicción seguía sin ser precisa.
Implicaciones para la política económica
Dado que los cambios en los tipos de interés afectan a la inflación con retrasos prolongados y variables, los miembros del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra (MPC) —encargados de fijar los tipos de interés— actúan a ciegas hasta que se acerca la fecha del pronóstico. Esto dificulta aún más que el comité determine qué ocurrirá con la economía si sube los tipos, algo que ha tenido que hacer con frecuencia últimamente.
Gran parte del problema se debe a la ecuación bastante compleja del modelo de la economía de la OBR que se utiliza para elaborar pronósticos de inflación y que depende en gran medida de medir la inflación pasada. Esto hace que el pronóstico sea más bien una proyección en la que el pasado domina el panorama. En realidad, quienes diseñan las políticas necesitan saber qué ocurrirá en el futuro.
Conviene aclarar que los economistas que elaboran los pronósticos no intentan manipular las cifras. El problema es, sencillamente, que sus modelos no permiten realizar pronósticos precisos más allá del muy corto plazo. Los resultados se ven especialmente distorsionados por acontecimientos imprevistos, como la pandemia de COVID-19 o la guerra de Rusia en Ucrania.
La OBR reconoce este problema en su análisis de los modelos de pronóstico:
El modelo es una herramienta que utilizamos, mientras que el pronóstico es el resultado de los juicios y supuestos que incorporamos a él. Casi inevitablemente, otros pronosticadores que utilicen el mismo modelo generarán pronósticos distintos.
En esencia, esto significa que los expertos hacen todo lo posible por compensar las deficiencias de sus modelos con juicios puntuales.
Un enfoque alternativo
¿Hay alguna forma de mejorar estos pronósticos en el futuro? Podría ser útil tener en cuenta lo que se ha denominado la «sabiduría colectiva».
La idea es que los grupos grandes de personas pueden acertar más al predecir los resultados de un suceso incierto que los grupos pequeños, aunque estos últimos estén formados por expertos en un campo determinado. La gente recurre a esta teoría cuando utiliza foros como Quora o Reddit para encontrar respuestas colectivas a todo tipo de preguntas y dilemas: desde la crianza de los hijos hasta las relaciones de pareja y la puntuación.
Richard Curtin, economista del comportamiento del Survey Research Center de la Universidad de Michigan, mide desde la década de 1970 las expectativas de los consumidores sobre la inflación y otras variables económicas en Estados Unidos. Su método se basa en encuestas a muestras representativas de la población estadounidense. Ha estudiado detenidamente la relación entre estas expectativas y los resultados reales, y ha descubierto que la población estadounidense predice bastante bien la inflación de Estados Unidos.
Esto se aplica a personas encuestadas con distintos niveles educativos, según Curtin, incluso cuando cabría esperar que las personas con más estudios o más experiencia (como los miembros del MPC) acertaran más.
Estos hallazgos apuntan a una posible solución. En lugar de depender de ecuaciones dominadas por observaciones pasadas, la OBR también podría realizar encuestas periódicas a los consumidores del Reino Unido para saber qué piensan sobre la inflación futura.
Quienes diseñan las políticas ya siguen las reacciones de los hogares a los cambios en los tipos de interés y a las noticias sobre la inflación, pues consideran que los pronósticos de inflación pueden convertirse en una especie de profecía autocumplida que influye en el comportamiento de los consumidores. Pero incorporar sus expectativas a los pronósticos de inflación podría generar predicciones más sólidas sobre el aumento de los precios al consumidor.
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