Por supuesto que Davos debería hablar de gravar a los ricos. Pero resolver la desigualdad requiere algo más

'Taxes, taxes, taxes. The rest is bulls**t,' historian Rutger Bregman told participants at Davos.Image: Sikarin Fon Thanachaiary
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¿Nos acercamos a un punto de inflexión en la forma en que vemos la desigualdad? A juzgar por los debates de Davos de la semana pasada, desde la apasionada petición del historiador Rutger Bregman de que los ricos paguen más impuestos hasta la promoción que la primera ministra Jacinda Ardern hace del modelo neozelandés de «presupuesto de bienestar», es difícil no tener la impresión de que se está forjando un consenso.

Entonces, ¿cómo lograr este cambio? La respuesta de Bregman, según la cual los ricos deberían pagar más y evadir menos, tiene mérito. «Impuestos, impuestos, impuestos», dijo en un debate de panel en Davos. «Todo lo demás son tonterías, en mi opinión.» En esto se hacía eco de los comentarios que el académico Erik Brynjolfsson había hecho un día antes en la conferencia, quien mencionó que Estados Unidos en el pasado gravaba más a sus ricos sin causar mucho daño al crecimiento. Ambas posturas coinciden con el Informe sobre el futuro del empleo, que afirma que «el aumento de los ingresos fiscales brinda margen para mejorar las redes de protección social».

Los impuestos son importantes tanto para abordar la desigualdad excesiva como para mejorar la cohesión social. También proporcionan recursos para la inversión en áreas que promueven el crecimiento inclusivo. En este sentido, son un elemento vital de una sociedad más justa. Pero ¿tiene razón Bregman cuando sugiere que todo lo demás son tonterías? Nuestra investigación nos dice que no.

Eche un vistazo a las transferencias fiscales, por ejemplo. No se trata solo de los impuestos, sino de la forma en que se gastan. Europa, por ejemplo, cuenta con varias economías con impuestos elevados, pero algunas tienen más éxito que otras a la hora de abordar la desigualdad. El grado de progresividad de un sistema fiscal, el grado en que incentiva el trabajo, así como el monto que los gobiernos destinan a los servicios públicos, influyen en el panorama general, al igual que otros factores, como la cobertura de las pensiones de vejez, la atención sanitaria y las prestaciones por desempleo.

Luego está la educación y las competencias. El acceso a la educación es un requisito fundamental de cualquier sociedad inclusiva, pero, a medida que la tecnología sigue alterando la forma en que vivimos, se requiere un enorme esfuerzo para ayudar a estudiantes y trabajadores de todas las edades a afrontar con éxito la transición. Juan David Aristizabal, emprendedor social y uno de los copresidentes de la Reunión Anual de este año, pidió una revolución en la educación. Nuestra propia investigación concluyó que, por ahora, ni los gobiernos ni las empresas están preparados para la tarea de recualificar a los trabajadores de hoy para los empleos del mañana, aunque ofrecer nuevas competencias podría ser bueno para los beneficios y para la recaudación fiscal.

¿Y qué pasa con nuestras redes de protección social? Del mismo modo que las tecnologías digitales nos obligan a replantearnos cómo prepararnos para un futuro del trabajo incierto, también nos exigen replantearnos cómo atender a quienes verán sus medios de vida alterados. Por ejemplo, cómo protegeremos los derechos de los trabajadores a medida que la economía de los trabajos esporádicos se vuelva más común. A medida que los mercados laborales cambian de forma fundamental, un documento de enero del Foro Económico Mundial instó a los gobiernos a «centrarse en gestionar la transición hacia una nueva economía» y a encontrar formas de «ampliar las redes de protección social y medios alternativos para proporcionar ingresos o servicios».

En cuanto al tema de empleos y salarios, la desigualdad de ingresos nunca se abordará sin un enfoque integral del trabajo. Esto implica no solo combatir el desempleo desde el principio mediante la creación de empleo integral, sino también una remuneración justa. Esto requiere diversidad de género en la fuerza laboral, movilidad social y, entre otras medidas, controlar el volumen de empleo temporal, todas ellas necesarias.

Emprendimiento y creación de activos también son importantes en la lucha por la igualdad. El emprendimiento es el motor de una economía inclusiva, que crea empleo, impulsa los salarios y amplía la propiedad de activos. Asimismo, los planes de propiedad de acciones para los empleados son igualmente eficaces para diversificar la distribución de la riqueza en una economía.

Y, por último, la corrupción. Sin medidas para prevenir el soborno y la búsqueda de rentas (rent-seeking), es decir, la obtención de un beneficio económico sin ninguna contrapartida para la sociedad, nunca será posible un terreno de juego equilibrado. Estos desequilibrios pueden adoptar la forma de «captura» de los reguladores o de presiones para crear condiciones favorables en un sector determinado. Las instituciones sólidas son clave en este punto. Matthew Caruana Galicia, periodista de investigación que formó parte del equipo que destapó los Papeles de Panamá, afirma que la creación de una red mundial de delincuencia organizada transnacional y corrupción ha sido una de las historias de éxito más duraderas de la globalización.

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