Jugadores de la NFL: por qué la educación financiera cambia las reglas del juego para los deportistas universitarios

Aug 31, 2024; Berkeley, California, USA; California Golden Bears quarterback Fernando Mendoza (center) throws a pass against the UC Davis Aggies during the third quarter at California Memorial Stadium: Changes in Name, Image and Likeness rights is making financial literacy critical for student athletes
Changes in Name, Image and Likeness rights is making financial literacy critical for student athletes.Image: REUTERS/USA TODAY Sports
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  • El paso del amateurismo a los derechos sobre el nombre, la imagen y la semejanza ha desbloqueado miles de millones en ingresos para los deportistas universitarios de Estados Unidos.

  • Muchos deportistas se enfrentan a contratos complejos, impuestos e ingresos repentinos sin tener los conocimientos necesarios para gestionarlos eficazmente, por lo que la educación financiera es fundamental.

  • Las universidades y los organismos rectores deben integrar formación obligatoria en finanzas y habilidades para la vida a fin de garantizar el bienestar de los deportistas a largo plazo.

Como jugadores actuales y antiguos de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL), hemos vivido de primera mano las oportunidades —y los desafíos— que implica ganar dinero como deportista.

Estas experiencias han puesto de relieve el valor de la formación y la educación financieras, especialmente para los jóvenes deportistas que compiten en universidades de Estados Unidos. Este tema es particularmente importante hoy, ya que la introducción de los derechos sobre el nombre, la imagen y la semejanza (NIL, por sus siglas en inglés) ha transformado radicalmente el panorama del deporte universitario.

Durante la mayor parte del siglo XX y principios de la década de 2000, la Asociación Nacional Atlética Universitaria de Estados Unidos (NCAA) funcionó bajo un estricto modelo de «amateurismo». Los deportistas podían recibir becas, pero cualquier remuneración externa —incluso algo tan pequeño como firmar autógrafos a cambio de dinero— podía hacer que dejaran de ser elegibles.

Los críticos sostenían que este sistema era cada vez más injusto, sobre todo a medida que el deporte universitario se convertía en una industria de miles de millones de dólares, en la que los deportistas generaban ingresos considerables para las universidades, las empresas de medios y los patrocinadores, mientras se les impedía recibir una remuneración más allá de las becas.

Eso cambió en 2021, cuando la NCAA adoptó una política provisional sobre NIL que permitía a los deportistas obtener ganancias de sus marcas personales. En lugar de mantener una prohibición general, les permitió firmar acuerdos de patrocinio, monetizar las redes sociales y obtener ingresos por apariciones, campus deportivos y productos, todo ello sin perder la elegibilidad, siempre que respetaran las leyes estatales y las directrices de sus centros educativos.

Este cambio se debió a que los mejores deportistas empezaron a alcanzar notoriedad de celebridades y a ganar seguidores en redes sociales, lo que puso de relieve su valor de mercado, así como a casos judiciales históricos como O'Bannon contra la NCAA, en el que se alegó que restringir la remuneración de los deportistas infringía las leyes antimonopolio.

El modelo de la NCAA, bajo presión

Más adelante, el caso NCAA contra Alston asestó un duro golpe al modelo de la NCAA, pues el Tribunal Supremo de Estados Unidos expresó su escepticismo ante los límites a la remuneración.

Aunque este cambio ha abierto oportunidades sin precedentes, también ha planteado un desafío nuevo y urgente: la necesidad de que los deportistas universitarios que se desenvuelven en el mercado NIL tengan una sólida educación financiera.

Para muchos jugadores, entre ellos nosotros, dar el salto a la NFL supone tanto un choque vital como un cambio de carrera. Un día eres deportista universitario, quizá procedente de un entorno en el que el dinero escaseaba o se administraba con cuidado.

Al siguiente, firmas un contrato que vale más de lo que toda tu familia había visto jamás. Esa riqueza repentina no solo cambia tu cuenta bancaria, sino que, de la noche a la mañana, transforma tus relaciones, las presiones que afrontas y tu forma de tomar decisiones.

Las universidades y los programas deportivos suelen centrarlo todo en el rendimiento, dejando lagunas en la comprensión de otros aspectos fundamentales, como los impuestos, las inversiones, el crédito o incluso la elaboración de un presupuesto básico.

Para muchos deportistas universitarios —algunos recién salidos del instituto—, la era NIL representa su primer contacto con ingresos sustanciales, contratos, impuestos y alianzas con marcas.

El receptor de los Arizona Cardinals Larry Fitzgerald atrapa un pase durante un partido de fútbol americano de la NFL en 2011.Image: REUTERS/Jonathan Ernst

La economía de los deportistas

Los acuerdos pueden ir desde patrocinios locales modestos por unos cientos de dólares hasta contratos de seis o siete cifras con marcas nacionales. Según el informe de Opendorse de 2024, los acuerdos NIL generaron más de 1.200 millones de dólares en ingresos durante el periodo 2023-2024, y se prevé que el mercado supere los 2.500 millones de dólares en 2025-2026.

Sin una comprensión sólida de los fundamentos financieros, como la elaboración de presupuestos, las obligaciones fiscales, las condiciones de los contratos y la gestión del patrimonio a largo plazo, los deportistas universitarios pueden tener dificultades para tomar decisiones informadas sobre sus ingresos y oportunidades, y ser más vulnerables a acuerdos abusivos.

Si a eso se suma que familiares y amigos dependen de ti, que las exigencias de agentes y marcas te llevan en distintas direcciones y que, para la mayoría, la carrera es corta, cada dólar cuenta y no hay una hoja de ruta para gestionarlo todo, aparece un tipo de estrés silencioso.

Los deportistas pueden sentir que deberían saber qué hacer, pero nadie se lo ha enseñado. Y cuando cometen errores —como gastar de más, confiar en las personas equivocadas o no planificar la vida después del fútbol americano—, sus consecuencias pueden agravarse porque hay mucho en juego.

La educación financiera en el ámbito NIL va mucho más allá de saber simplemente cómo administrar el dinero. También implica comprender el ecosistema empresarial más amplio que ahora rodea al deporte universitario.

Los deportistas universitarios deben evaluar contratos de patrocinio, negociar estructuras de remuneración, reconocer acuerdos abusivos y comprender las implicaciones legales y fiscales vinculadas a sus ingresos.

Kelvin Beachum, de los Arizona Cardinals, durante un partido de la NFL en 2020.Image: Joe Glorioso | All-Pro Reels

Cerrar la brecha financiera

Estas responsabilidades se parecen a las que afrontan los deportistas profesionales y los emprendedores, pero muchos deportistas universitarios han recibido poca preparación formal en estos ámbitos.

En una encuesta de la NCAA de 2022 a más de 9.800 deportistas, el 49 % indicó que necesitaba recursos educativos específicamente sobre impuestos y educación financiera. En el mismo estudio, solo el 9 % de los deportistas universitarios había consultado alguna vez a un asesor financiero.

Lo que está en juego es especialmente importante porque los ingresos NIL pueden llegar rápida e inesperadamente. Un momento viral en las redes sociales o una temporada destacada pueden elevar de repente el valor de mercado de un deportista, atrayendo ofertas de patrocinio y oportunidades para hacer apariciones.

Sin la orientación adecuada, una entrada rápida de ingresos puede llevar a malas decisiones financieras, una planificación fiscal insuficiente o la vulnerabilidad ante agentes y asesores abusivos, que a menudo obtienen un beneficio personal a costa del deportista.

A medida que el ecosistema NIL sigue evolucionando, las universidades, los departamentos deportivos y los organismos rectores empiezan a reconocer que las oportunidades deben ir acompañadas de formación.

Los programas de educación financiera diseñados específicamente para las realidades de NIL pueden dotar a los deportistas de los conocimientos que necesitan para proteger sus ingresos, crear hábitos financieros sostenibles y gestionar sus marcas personales de forma responsable.

Solo 1 de cada 3 personas en el mundo tiene conocimientos financieros.
Solo 1 de cada 3 personas en el mundo tiene conocimientos financieros.
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Integrar habilidades para la vida

Según Forbes, con los nuevos sistemas de remuneración, los centros educativos pueden distribuir hasta 20,5 millones de dólares anuales por institución entre los deportistas, y más de 1.800 marcas participan actualmente en acuerdos NIL con deportistas universitarios.

Además de la entrada de capital, los centros de enseñanza superior también deben implementar un programa obligatorio de habilidades para la vida que incluya educación financiera, para que los estudiantes aprendan de primera mano a gestionar sus ingresos y a tomar el control personal de su futuro financiero.

Los jugadores que triunfan a largo plazo suelen ser quienes hacen preguntas pronto, forman un equipo de confianza, aprenden por sí mismos los conceptos básicos en lugar de delegarlo todo y se preparan para la realidad de que el fútbol americano no durará para siempre.

En esencia, es una historia sobre la transición en el deporte profesional, la responsabilidad, la identidad y la estabilidad a largo plazo: sobre ganar dinero y aprender a conservarlo, hacerlo crecer y proteger tu futuro.

Para muchos jugadores, eso significa recibir un curso intensivo de vida adulta bajo los focos, donde el coste de aprender mediante ensayo y error es mucho más alto que para la mayoría.

En última instancia, el éxito de la era NIL no debe medirse únicamente por los ingresos que generan los deportistas, sino también por su capacidad para convertir oportunidades a corto plazo en estabilidad financiera a largo plazo.

Desarrollar la educación financiera de los deportistas universitarios es más que beneficioso: es esencial para garantizar que NIL cumpla su promesa de empoderar precisamente a las personas a las que se diseñó para apoyar.

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