Las empresas se enfrentan a una presión cada vez mayor para abordar los problemas ambientales y sociales.
Este giro hacia el capitalismo de las partes interesadas pone de relieve la necesidad de alianzas público-privadas sólidas.
La colaboración puede propiciar un cambio sistémico al promover el bien social y facilitar incentivos de mercado.
En noviembre de 2021, líderes políticos y empresariales, activistas y organizaciones sin fines de lucro de todo el mundo se reunieron en la COP26. Durante esas dos semanas, se propusieron muchas soluciones importantes y se alcanzaron acuerdos significativos. Un consenso importante resonó en los salones de la conferencia y en los titulares de los medios: abordar la crisis climática exigirá una mayor colaboración entre los sectores público y privado.
No hay duda: el momento es ahora. Los países de mercados desarrollados no han cumplido su compromiso de proporcionar 100.000 millones de dólares al año en financiación climática a los mercados emergentes. Solo una fracción (alrededor del 18 %) de la financiación proporcionada se ha etiquetado como financiación privada “movilizada”. Sin embargo, en las últimas décadas, la inversión extranjera directa del sector privado en los mercados emergentes ha superado la ayuda gubernamental (o asistencia oficial para el desarrollo). Sin ella, no puede producirse la transformación económica ni la transición a economías con bajas emisiones de carbono. Es preciso aprovechar este capital privado —junto con el capital catalizado por el aumento de los compromisos de cero emisiones netas— para abordar los desafíos más apremiantes de la sociedad. El sector privado debe estar presente en la mesa.

Por supuesto, el llamado a crear más alianzas público-privadas no se limita a la crisis climática. Se puede mencionar casi cualquier desafío social apremiante, y es muy probable que se haya propuesto una alianza público-privada para abordarlo. Parecen ser la respuesta institucional de referencia para hacer frente a una variedad de desafíos sociales, desde el crecimiento sostenible hasta la mejora de las competencias de la fuerza laboral, el avance de la diversidad y la inclusión y, más recientemente, la respuesta a la pandemia. Tienen potencial transformador, pero solo si las hacemos bien.
Ponerse en el lugar del otro
La realidad es que resulta difícil diseñar alianzas público-privadas eficaces; históricamente, ambos sectores se han centrado en generar valor para partes interesadas muy distintas, se orientan a objetivos diferentes, trabajan a ritmos distintos y a menudo hablan idiomas muy distintos. Para colaborar eficazmente, ambas partes deben desarrollar una “capacidad multilingüe” y comprender plenamente el valor que aporta la otra.
El éxito dependerá de que los líderes empresariales puedan pensar como responsables de políticas públicas y estos puedan pensar como líderes empresariales.
El sector privado debe pensar más como el sector público
Con el importante impulso que está cobrando el capitalismo de las partes interesadas, la comunidad empresarial está redefiniendo la forma en que crea valor. Al centrarse en generar valor para todas las partes interesadas, es más probable que los líderes empresariales den prioridad a objetivos sociales como reducir las emisiones de carbono, mejorar las competencias de su fuerza laboral y crear lugares de trabajo más diversos y equitativos. Además, muchos están yendo más allá de transformar sus organizaciones y se están enfocando en el cambio sistémico, un objetivo que requiere colaboración con el sector público, sus pares e incluso sus competidores.
La realidad es que debemos pensar más allá de lo que podemos hacer por nuestra cuenta y replantear nuestras ambiciones en función de lo que podemos hacer juntos.
Al trabajar juntos, el sector privado puede orientar la economía global hacia una mayor sostenibilidad, un ámbito que antes era exclusivo de los responsables de políticas públicas.
Carmine Di Sibio.
La buena noticia es que esta forma de pensar está dando lugar a cambios reales: la Alianza Financiera de Glasgow para las Cero Emisiones Netas (GFANZ)consiguió recientemente el compromiso de más de 450 empresas financieras de 45 países, que movilizarán 130 billones de dólares en activos bajo gestión para ayudar a financiar la transformación global hacia una economía con bajas emisiones de carbono. La iniciativa incluye compromisos de organizaciones individuales, entre ellas EY, para reducir las emisiones de carbono, así como esfuerzos sistémicos y colaborativos para acelerar la financiación climática privada tanto en países desarrollados como en desarrollo.
De manera similar, la Iniciativa de Mercados Sostenibles (SMI), iniciativa copresidida por Su Alteza Real el príncipe de Gales y Brian Moynihan, director ejecutivo de Bank of America, y respaldada por más de 250 directores ejecutivos de todo el mundo, busca ampliar el impacto de la financiación privada para acelerar el desarrollo sostenible. Esto incluye un grupo de trabajo con bancos multilaterales de desarrollo para catalizar la colaboración público-privada.
Esto es el sector privado pensando como el sector público: dando prioridad al cambio social y movilizando recursos de forma colectiva para lograrlo. Al trabajar juntos, el sector privado puede orientar la economía global hacia una mayor sostenibilidad, un ámbito que antes era exclusivo de los responsables de políticas públicas.
El sector público debe pensar más como el sector privado
Al mismo tiempo, los gobiernos pueden aprovechar mejor el poder de los mercados para incentivar el cambio. En el caso de las alianzas público-privadas, esto significa crear programas basados en el mercado que generen demanda, impulsen la creatividad e incentiven la innovación para alcanzar objetivos comunes. También significa incorporar a puestos del sector público a especialistas del sector privado y a personas que comprendan los incentivos de mercado, para gestionar la participación privada. Esto contribuiría en gran medida a que el sector público se comunique y colabore con el sector privado.
Una alianza público-privada anunciada recientemente, la Coalición First Movers, es un buen ejemplo de cómo aprovechar los incentivos de mercado en beneficio del bien público. El Departamento de Estado de EE. UU. y el Foro Económico Mundial han reunido a un grupo de empresas para formar un “club de compradores” de tecnologías emergentes en sectores cuyas emisiones son difíciles de reducir, con el fin de reducir las emisiones de carbono y contribuir a una transformación sostenible.
Apoyar a emprendedores, que tienen una larga trayectoria aprovechando los incentivos económicos para abordar desafíos arraigados, es otra forma de orientar la actividad económica al bien social. Por ejemplo, la Oficina de Asuntos Exteriores, de la Commonwealth y de Desarrollo del Reino Unido colaboró con EY y Unilever para poner a prueba nuevos modelos de negocioque atendieran las necesidades de hogares de bajos ingresos en el África subsahariana y Asia meridional. La iniciativa promueve soluciones basadas en el mercado para algunos de los mayores desafíos de desarrollo de la sociedad, como ampliar el acceso al agua potable y a los servicios de salud.
Es hora de cooperar y colaborar
Todos sabemos que este no es momento para pensar en compartimentos estancos, sino para resolver problemas en colaboración. Es hora de que el sector privado colabore para promover el bien social y procurar un cambio sistémico, y de que el sector público facilite los incentivos de mercado. El sector privado debe hablar el lenguaje del cambio social, y el sector público debe crear incentivos económicos para aprovechar la innovación y los conocimientos especializados del sector privado y abordar los desafíos de la sociedad. Con objetivos comunes, acciones específicas e impacto medido, podemos ir más allá del diálogo y las aspiraciones y cocrear un futuro más inclusivo, próspero y sostenible.
Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de la organización global EY ni de sus firmas miembro.



