El grupo de la ONU, Alianza Bancaria Net-Zero, se ha comprometido a alcanzar emisiones netas de carbono cero en sus carteras de préstamos para 2050.
Los bancos pueden influir en el comportamiento corporativo mediante préstamos e inversiones que tienen en cuenta los riesgos relacionados con el clima.
Solo mediante la acción colectiva de los sectores público y privado podremos afrontar la crisis climática.
El desafío climático ha sido tan difícil de superar, en parte, por lo que los economistas denominan «externalidades», es decir, problemas ajenos al sistema económico que no puede resolver una sola empresa o nación por sí misma. Las emisiones de carbono son, con mucho, la mayor externalidad de la economía mundial y, como resultado, ningún grupo ha sido considerado responsable de reducirlas.
Los bancos están dando un paso al frente. El nuevo grupo convocado por la ONU, conocido como la Alianza Bancaria Net-Zero reúne a 53 bancos de 27 países, con activos por valor de 37 billones de dólares. Su histórico compromiso es alcanzar emisiones netas de carbono cero en sus carteras de préstamos para 2050. Forma parte de la más amplia Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto, que también incluye a gestores de activos que administran más de 70 billones de dólares en activos mundiales.
Lo que hace tan significativos estos compromisos es que los bancos no solo han demostrado un alto grado de compromiso con la cuestión al poner en juego su credibilidad, sino que también han invitado al mundo a verificar sus avances en el desplazamiento del capital hacia las empresas que llevan a cabo la transición hacia el cero neto.
Los bancos están especialmente bien posicionados para influir en el comportamiento corporativo. No solo conceden préstamos a empresas, sino que también suscriben emisiones de acciones y bonos corporativos y gestionan carteras de inversión. Cuentan con una enorme experiencia en sus organizaciones, que pueden aprovechar para ayudar a sus clientes a realizar la transición y para comunicarse con partes interesadas como reguladores, accionistas y comunidades.
Pero los bancos no pueden impulsar por sí solos a la humanidad hacia las emisiones netas de carbono cero. Incluso en Europa, que va muy por delante de Estados Unidos, existe una brecha de 4 billones de dólares entre el volumen de fondos disponibles y las empresas que actualmente cumplen los requisitos de alineación con París, según un informe reciente de CDP-Europe y Oliver Wyman.

¿Cómo pueden los bancos alcanzar el cero neto?
Para que los bancos cumplan sus compromisos y contribuyan de forma significativa a reducir las emisiones globales de carbono, es necesario reorientar de múltiples maneras los sistemas de incentivos más amplios que impulsan la actividad empresarial mundial.
En primer lugar, las empresas necesitan una forma universal de estimar el volumen y el coste del carbono que emiten. Actualmente, la situación es una mezcla que depende en parte de la jurisdicción. Cuarenta países y 20 ciudades y regiones han implantado precios del carbono, cobrando a las empresas un impuesto o una tasa por cada tonelada de carbono emitida. Sin embargo, los precios varían mucho.
Un precio global del carbono, impulsado por acciones políticas colectivas y por la dinámica del mercado, aportaría una claridad muy necesaria. Pero lograrlo no será fácil, ya que no existe ningún organismo de gobierno lo bastante poderoso como para hacerlo cumplir en todo el planeta. Si algún organismo internacional de prestigio, por ejemplo el G20, lograra un acuerdo entre sus países miembros, ello podría ayudar a marcar la pauta para el resto del mundo.
Asimismo, los bancos necesitan un acuerdo internacional sobre las prácticas contables adecuadas para el carbono, de modo que todos puedan medir sus avances de la misma manera. Nadie tiene una idea precisa de la cantidad de carbono que producen las empresas, porque los datos no están disponibles de forma inmediata ni universal. Los bancos tendrán que elaborar normas para su propio uso, pero estas podrían diferir.
Las autoridades podrían contribuir creando normas para que todas las empresas utilicen el mismo lenguaje al informar sobre sus actividades relacionadas con el carbono. La Fundación de Normas Internacionales de Información Financiera, con sede en Londres, pretende elaborar dichas normas para mediados de 2022, y la SEC ha abierto un periodo de comentarios públicos para la elaboración de normas sobre divulgación de información climática.
Los escépticos señalarán que los bancos centrales no se crearon para hacer cumplir políticas climáticas. Pero sí buscan la estabilidad financiera. Los bancos se enfrentan a riesgos importantes derivados del cambio climático, como los préstamos concedidos a empresas situadas en zonas costeras expuestas al aumento del nivel del mar y a inundaciones por marea. Si un banco sufre un golpe importante, los demás también sufrirán.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?
El gobernador del banco central de Francia declaró al Financial Times en junio que «los riesgos relacionados con el clima forman parte de los riesgos financieros. Por tanto, para las instituciones financieras y los supervisores también, no es algo opcional. No forma parte de la [responsabilidad social corporativa]. Es imprescindible y forma parte de la gestión de riesgos». La Autoridad Reguladora Prudencial del Banco de Inglaterra exige ahora a los bancos que midan sus exposiciones climáticas, mientras que el Banco Central Europeo lleva a cabo una prueba de estrés climático y los reguladores franceses pusieron en marcha un ejercicio piloto en el que bancos y aseguradoras midieron su exposición financiera al riesgo climático hasta 2050.
Los bancos también necesitan la capacidad de hacer un seguimiento de las emisiones de carbono en todo el mundo. Si bien los datos de emisiones de las empresas están disponibles a partir de múltiples fuentes, estos conjuntos de información no son exhaustivos. Imaginemos una única base de datos perfecta que no solo ayudaría a los bancos a orientar el capital de forma adecuada, sino que también permitiría a los científicos modelar con mayor solidez los niveles de carbono y las condiciones atmosféricas, y elaborar un presupuesto global de carbono en tiempo real que pudiera vigilarse de forma constante. Estamos viendo avances en este ámbito gracias a satélites de órbita baja que monitorizan el metano y a la aparición de empresas emergentes de tecnología que miden y rastrean las emisiones.
Además de una base de datos de emisiones más sólida, el futuro de las emisiones netas cero no llegará sin un enfoque global más coherente de la política climática. Si bien los bancos pueden ofrecer asesoramiento y aportar capital, las empresas deben asumir la agenda de cero neto y podrían necesitar incentivos, como desgravaciones fiscales, subvenciones, contratos públicos o financiación de la investigación, para avanzar en esa dirección.
Por ejemplo, una aerolínea podría considerar antieconómico alcanzar emisiones netas cero, pero si los gobiernos exigieran que la mitad de su combustible de aviación procediera de fuentes sostenibles, sus avances se acelerarían rápidamente. Piénsese en ello como una alianza tripartita: el sector público, junto con los bancos y las empresas, puede ayudar a crear y financiar nuevas soluciones.
Los bancos están dando un paso loable en la lucha contra el cambio climático. Pero si el resto del mundo no logra definir los incentivos financieros, las métricas y las políticas adecuadas, sus ambiciones seguirán siendo inalcanzables, incluso mientras el termómetro siga subiendo.



