He aquí por qué los robots podrían ser el futuro de las finanzas

In front of HSBC's London headquarters, a bird flies past a clock as window cleaners work in London's Canary Wharf Financial District in London, Britain, October 11, 2016. REUTERS/Russell Boyce - RTSRRJS
Are robo-advisers the future of finance?Image: REUTERS/Russell Boyce
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Estamos en 2030. Te encuentras en un aula de una escuela de negocios, donde solo asisten unos pocos estudiantes a una clase de finanzas.

La escasa asistencia no tiene nada que ver con el estilo del profesor, el prestigio de la escuela o la materia. Simplemente, los estudiantes no se matriculan porque ya no hay puestos de trabajo para quienes se especializan en finanzas.

Hoy en día, las finanzas, la contabilidad, la gestión y la economía figuran entre las materias más populares de las universidades de todo el mundo, sobre todo en los estudios de posgrado, debido a las altas tasas de empleabilidad. Pero eso está cambiando.

Según la consultora Opimas, en los próximos años será cada vez más difícil para las universidades ofrecer sus titulaciones relacionadas con los negocios. Las investigaciones muestran que 230.000 puestos de trabajo del sector podrían desaparecer para 2025, y ser ocupados por «agentes de inteligencia artificial».

¿Son los asesores robóticos el futuro de las finanzas?

Una nueva generación de IA

Muchos analistas del mercado lo creen.

Las inversiones en carteras automatizadas aumentaron un 210 % entre 2014 y 2015, según la firma de investigación Aite Group.

Los robots ya se han apoderado de Wall Street: cientos de analistas financieros están siendo sustituidos por programas informáticos o asesores robóticos.

En Estados Unidos, según un estudio de 2013 de dos académicos de Oxford, el 47 % de los puestos de trabajo corre un «alto riesgo» de automatización en los próximos 20 años; el 54 % de los puestos perdidos correspondería al sector financiero.

Este fenómeno no se limita a Estados Unidos. Los bancos indios también han informado de una 7 % de disminución de su plantilla durante dos trimestres consecutivos debido a la introducción de robots en el lugar de trabajo.

Quizá no sea sorprendente. Al fin y al cabo, la banca y las finanzas se basan principalmente en el procesamiento de información, y algunas de sus operaciones clave, como actualizar libretas bancarias o ingresar efectivo, ya están muy digitalizadas.

Ahora, los bancos y las instituciones financieras están adoptando rápidamente una nueva generación de tecnología basada en inteligencia artificial (IA) para automatizar tareas financieras que suelen realizar las personas, como las operaciones, la gestión patrimonial, la negociación algorítmica y la gestión de riesgos.

Por ejemplo, el programa de JP Morgan Contract Intelligence, o COIN, que funciona con un sistema de aprendizaje automático, ayudó al banco a reducir el tiempo necesario para revisar los documentos de préstamos y a disminuir el número de errores en su gestión.

La IA está adquiriendo tal protagonismo en el sector bancario que, según Accenture, en los próximos tres años se convertirá en la principal vía de interacción entre los bancos y sus clientes. La IA permitiría crear interfaces de usuario más sencillas, señala su informe de 2017, lo que ayudaría a los bancos a ofrecer una experiencia de atención al cliente más humana.

Los clientes del Royal Bank of Scotland y NatWest, por ejemplo, pronto podrían interactuar con un chatbot virtual llamado Luvo.

Luvo, diseñado con la tecnología de IBM Watson, puede comprender y aprender de las interacciones humanas, lo que a la larga podría hacer prescindible a la plantilla de carne y hueso.

Mientras tanto, HDFC, uno de los mayores bancos del sector privado de la India, ha lanzado Eva. El primer chatbot bancario de la India basado en IA puede asimilar conocimientos de miles de fuentes y responder en lenguaje sencillo en menos de 0,4 segundos. En HFDC, Eva se suma a Ira, la primera asistente humanoide de sucursal del banco.

Un robot humanoide «NAO», fabricado por SoftBank Group Corp., se exhibe en la conferencia Viva Technology en París, Francia, el 15 de junio de 2017. REUTERS/Benoit Tessier.Benoit Tessier/Reuters

La IA también ha irrumpido en el sector de las inversiones, donde, según muchos analistas financieros, una máquina de negociación sofisticada capaz de aprender y pensar acabará haciendo que los algoritmos de inversión más avanzados y complejos de hoy parezcan primitivos.

Los bots de asesoramiento permiten a las empresas evaluar acuerdos, inversiones y estrategias en una fracción del tiempo que los analistas cuantitativos actuales necesitan para hacerlo con herramientas estadísticas tradicionales.

Antony Jenkins, exdirector de Barclays, quien calificó la automatización disruptiva del sector bancario como un «momento Uber», predice que la tecnología hará prescindible, en un plazo de diez años, a la mitad de las sucursales bancarias y de los empleados de servicios financieros de todo el mundo.

Adiós a los gestores humanos de fondos.

Los futuros graduados en tecnología financiera

Las universidades están revisando ahora sus planes de estudio para adaptarse a esta disrupción tecnológica en el mercado laboral de las finanzas.

Tanto Standford University como la Georgetown University planean ofrecer programas de «fintech» en sus escuelas de negocios, programas de MBA, con la esperanza de enseñar a los estudiantes a dominar la tecnología financiera.

Y la Wrexham Glyndwr University, con sede en Gales, ha anunciado el lanzamiento de la primera licenciatura del Reino Unido en tecnología financiera.

Pero la tecnología financiera es tan nueva y diversa que a los académicos les cuesta elaborar un programa para una asignatura introductoria de tecnología financiera, por no hablar de temas más avanzados sobre IA. La falta de manuales académicos y de profesores expertos plantea otros desafíos.

Robots fuera de control

Aun así, no está claro que la IA y la automatización vayan a resultar realmente beneficiosas para los bancos.

Una dependencia excesiva de la IA podría volverse en su contra si las instituciones financieras pierden el trato humano que prefieren la mayoría de los clientes.

También hay otros riesgos. Los asesores robóticos son baratos y ahorran tiempo al crear una cartera de inversión sencilla, pero quizá les cueste tomar las precauciones adecuadas cuando los mercados se vuelvan volátiles, sobre todo si miles, quizá millones, de máquinas intentan hacer lo mismo a gran velocidad.

En agosto de 2012, los robots de negociación bursátil de Knight Capital Group se lanzaron a comprar sin control y perdieron 440 millones de dólares en solo 45 minutos.

¿Pronto sustituirán los robots a los operadores bursátiles?

Las altas expectativas sobre el rendimiento de estos robots de negociación bien programados también podrían provocar el caos en los principales centros de negociación del mundo.

No existe un algoritmo único capaz de combinar múltiples variables volátiles con un modelo multidimensional de previsión económica que funcione para todos los inversores. Esperar que lo haga podría resultar un error potencialmente fatal para los mercados financieros.

¿Y cómo se protegerá a los inversores cuando los robots tomen una decisión equivocada? Según las resoluciones de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), los asesores robóticos deben registrarse igual que los asesores de inversión humanos. También están sujetos a las normas de la Investment Advisers Act.

Sin embargo, es difícil aplicar a los robots las normas financieras concebidas para regular el comportamiento humano.

Las normas de la SEC, creadas para proteger a los inversores, exigen que los asesores cumplan un deber fiduciario que les obliga a anteponer incondicionalmente los intereses del cliente a los propios. Los reguladores estadounidenses, preocupados, se han preguntado si es práctico que los robots cumplan las normas cuando sus decisiones y recomendaciones se generan mediante algoritmos y no mediante el razonamiento.

Este dilema deja clara una cosa: es difícil sustituir por completo a las personas. Siempre habrá demanda de una persona de carne y hueso que supervise, por si acaso nuestros robots se descontrolan.

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