Gracias a los datos del año completo, solo ahora estamos tomando conciencia del peligro que la economía mundial apenas logró evitar en 2019. Según las últimas estimaciones, el PIB mundial creció apenas un 2,9 % el año pasado: el desempeño más débil desde la contracción absoluta en las profundidades de la crisis financiera mundial de 2009 y muy por debajo del ritmo de recuperación posterior a la crisis, del 3,8 %, registrado durante el período 2010-18.
A primera vista, un crecimiento mundial del 2,9 % no parece tan malo. Pero una perspectiva de 40 años apunta a lo contrario. Desde 1980, el crecimiento tendencial del PIB mundial ha promediado un 3,5 %. Para cualquier economía, incluida la mundial en su conjunto, la clave para evaluar las implicaciones del crecimiento está en las desviaciones respecto de la tendencia, que sirven de indicador de la llamada brecha de producción. El déficit respecto de la tendencia del año pasado (0,6 puntos porcentuales) acercó el crecimiento de forma preocupante al umbral de recesión mundial ampliamente aceptado, de aproximadamente un 2,5 %.
A diferencia de lo que ocurre en las economías individuales, que normalmente se contraen durante una recesión, esto rara vez sucede en el mundo en su conjunto. Sabemos, gracias a la amplia cobertura de la economía mundial que realiza el FMI, con una muestra representativa de unos 194 países, que durante una recesión mundial suelen contraerse aproximadamente la mitad de las economías del mundo, mientras la otra mitad sigue expandiéndose, aunque a un ritmo moderado. La recesión mundial de hace una década fue una excepción notable: a principios de 2009, nada menos que tres cuartas partes de las economías del mundo se estaban contrayendo. Eso inclinó la balanza hacia una contracción absoluta poco común del PIB mundial, la primera caída de ese tipo en la economía mundial en su conjunto desde la década de 1930.
Para quienes analizan los ciclos económicos mundiales, la franja de crecimiento del 2,5-3,5 % se considera zona de peligro. Cuando el crecimiento de la producción mundial cae a la mitad inferior de ese rango, como ocurrió en 2019, hay que tomar en serio los riesgos de una recesión mundial. Como suele ocurrir con las previsiones oficiales o institucionales, el FMI proyecta una modesta aceleración del crecimiento anual del PIB mundial en 2020 y 2021, hasta el 3,3 % y el 3,4 %, respectivamente. Pero, como dijo una vez el físico Niels Bohr: «Predecir es muy difícil, sobre todo cuando se trata del futuro». Basta con preguntarle al FMI, que ha rebajado seis previsiones mundiales consecutivas. Es evidente que no hay garantía de que se materialice su última proyección optimista.
Los riesgos a la baja son especialmente preocupantes, porque un crecimiento del 2,9 % de la economía mundial pone de relieve la falta de un colchón suficiente para amortiguar un shock. Como señalé hace poco, intentar predecir los shocks es una tarea insensata. Sin embargo, las medidas draconianas que China está tomando ahora para contener el letal coronavirus de Wuhan nos recuerdan que los shocks son mucho más frecuentes de lo que nos gustaría pensar. Hace unas semanas, el riesgo era una guerra abierta entre Estados Unidos e Irán. Antes de eso, estaba la guerra comercial cada vez más conflictiva entre Estados Unidos y China.
La cuestión es que el crecimiento mundial por debajo de la tendencia, sobre todo cuando entra en la mitad inferior del rango del 2,5-3,5 %, se acerca a su velocidad de estancamiento. Esto deja al mundo mucho más expuesto a una recesión de lo que estaría en un entorno más vigoroso de crecimiento mundial por encima de la tendencia.
El mismo mensaje se hace evidente al evaluar los riesgos para el ciclo del comercio mundial, durante mucho tiempo el principal motor del crecimiento mundial en una economía cada vez más integrada y conectada por cadenas de suministro. La última evaluación del FMI situó el crecimiento del comercio mundial en apenas un 1 % en 2019, su séptima revisión a la baja consecutiva. De hecho, el año pasado registró el desempeño comercial más débil desde el desplome histórico del 10,4 % en 2009, la peor contracción desde principios de la década de 1930. Frente al promedio del 5 % del período 2010-18, la desaceleración del crecimiento del comercio mundial hasta apenas el 1 % en 2019 resulta aún más alarmante. De hecho, fue el cuarto año más débil desde 1980, y los tres años peores —1982, 2001 y 2009— estuvieron todos asociados con recesiones mundiales.
El crecimiento del comercio mundial nunca se ha recuperado al ritmo previo a la crisis, un déficit que ha sido objeto de un intenso debate en los últimos años. Al principio se creyó que se debía a una debilidad inusual de la inversión empresarial en bienes de capital, pero no se puede ignorar el impacto del proteccionismo tras el inicio del conflicto comercial entre Estados Unidos y China. Ahora que las dos partes han acordado una tregua en forma de un acuerdo comercial de «fase uno», cabe esperar que mejoren las perspectivas del comercio. En consonancia con esa esperanza, la actualización de enero del FMI prevé una recuperación moderada, con un crecimiento medio del comercio mundial del 3,3 % durante el período 2020-21. Sin embargo, dado que se prevé que el tipo arancelario medio de Estados Unidos sobre las importaciones chinas se mantenga en torno al 19 % tras la firma del acuerdo —más de seis veces el tipo del 3 % anterior a la guerra comercial— y que hay señales preocupantes de una escalada de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y Europa, esta previsión, como las de los últimos años, podría acabar siendo una ilusión.
Todo esto incide de manera decisiva en la precaria situación del ciclo económico mundial. Históricamente, la rápida expansión del comercio transfronterizo ha sido una parte importante del colchón de crecimiento mundial que protege a la economía mundial de los shocks, demasiado frecuentes. De 1990 a 2008, el crecimiento anual del comercio mundial fue nada menos que un 82 % más rápido que el crecimiento del PIB mundial.
Sin embargo, a raíz de la desaceleración inusualmente pronunciada del crecimiento del comercio mundial tras la crisis, este colchón se ha reducido drásticamente, hasta apenas el 13 % durante el período 2010-19. Con la economía mundial operando peligrosamente cerca de la velocidad de estancamiento, la convergencia de shocks siempre presentes y un colchón comercial muy reducido plantea serias dudas sobre la visión cada vez más optimista de los mercados financieros respecto de las perspectivas económicas mundiales.



