La verdadera educación financiera va más allá de los presupuestos y abarca el comportamiento

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  • En 2024, solo el 40 % de los adultos de las economías en desarrollo ahorró en una cuenta financiera.

  • Para muchos, la razón por la que no ahorran tiene más que ver con la educación financiera que con su capacidad.

  • Cambiar la forma en que las personas se relacionan con el dinero requiere comprender las razones subyacentes que las llevan a actuar y pensar de determinadas maneras.

A pesar de décadas de esfuerzos y miles de millones invertidos, la mayoría de los programas de educación financiera en todo el mundo tienen dificultades para generar cambios duraderos, especialmente en las comunidades de bajos ingresos, donde la pobreza es la norma.

El informe Global Findex 2025 del Banco Mundial muestra que, en 2024, solo el 40 % de los adultos de las economías en desarrollo ahorró en una cuenta financiera. Esto significa que millones de personas están a solo un gasto imprevisto de pasar noches en vela y sufrir una crisis económica.

Con demasiada frecuencia, la formación en educación financiera se centra en las herramientas (presupuestos, calculadoras, planes para gestionar deudas) y pasa por alto los factores fundamentales que determinan el comportamiento financiero (la identidad, las emociones y las creencias).

Hasta que no se aborden estas fuerzas más profundas, el conocimiento por sí solo no perdurará.

La pugna financiera en el cerebro

Cada decisión que tomamos sobre el dinero es una conversación que tiene lugar en el cerebro entre las emociones, las creencias y la elección consciente. Comprender esta «pugna» interna es clave para lograr un cambio duradero. Esto es lo que el Dr. Steve Peters explica con gran claridad en «La paradoja del chimpancé», que ofrece una perspectiva útil:

  • El cerebro emocional (el «chimpancé»): rápido, instintivo e impulsado por poderosas necesidades primarias, como la seguridad, la pertenencia y la gratificación instantánea.

  • Las creencias programadas (el «ordenador»): los guiones y relatos que nos repetimos, moldeados por la pobreza intergeneracional o el trauma.

  • La acción consciente (el «cerebro humano/racional»): la parte racional y planificadora del cerebro que fija objetivos y toma decisiones.

El cerebro emocional es muy poderoso. Es más fuerte y rápido que el pensamiento lógico y analítico. Por eso, en momentos de estrés o tentación, el cerebro emocional suele imponerse y prevalecer incluso sobre el compromiso financiero mejor planificado.

Cuando se trata de gestionar el dinero, la solución no consiste en reprimir el cerebro emocional, sino en reconocerlo, trabajar con él y gestionarlo, al tiempo que reprogramamos nuestras creencias y nuestra identidad personal como parte fundamental del camino hacia la independencia financiera.

La educación financiera tradicional no da en el blanco

Al igual que ocurre con la alimentación saludable, no basta con saber qué hacer. El cambio duradero requiere un cambio en la identidad personal.

—Tracey Chambers, cofundadora y directora ejecutiva, Taking Care of Business

Tracey Chambers, cofundadora y directora ejecutiva, Taking Care of Business

La mayoría de los programas de educación financiera enseñan a elaborar presupuestos, ahorrar y gestionar deudas, pero ignoran las barreras emocionales y psicológicas que impiden avanzar a las personas. Los adultos atrapados en la pobreza suelen cargar con creencias muy arraigadas, formadas en la infancia y afianzadas en la adultez, como «simplemente tengo mala suerte y siempre me pasan cosas malas», «mi familia siempre ha sido pobre» o «no se me dan bien las finanzas ni los presupuestos; eso es para la gente con estudios».

Si no se abordan las creencias subyacentes y las respuestas emocionales al dinero, el conocimiento y las herramientas por sí solos no bastan. Al igual que ocurre con la alimentación saludable, no basta con saber qué hacer. El cambio duradero requiere un cambio en la identidad personal.

Los tres componentes del cambio duradero de comportamiento

Para afianzar hábitos financieros para toda la vida, debemos comprender la neurociencia y la psicología que subyacen al cambio de comportamiento. Eso implica abordar tres componentes clave.

Sufrimiento o recompensa: El cambio se desencadena por un malestar profundo, como las deudas, el estrés o la inseguridad, o por un objetivo atractivo, como construir una casa o dar educación a los hijos. La intensidad emocional debe ser suficiente para impulsar la acción y el sacrificio.

Autoconocimiento psicológico: Comprender la pugna interna y el papel de las emociones y la identidad personal es un componente crucial del cambio. Ser capaz de gestionar la propia mente aumenta la probabilidad de que los nuevos hábitos perduren.

Compromiso y planificación: Aquí es donde entran en juego las herramientas prácticas. Para apoyar el cambio, debemos empoderar a las personas para que fijen objetivos realistas y emocionalmente significativos, y elaboren planes prácticos de ejecución y rendición de cuentas.

Las personas necesitan los tres componentes para lograr un cambio duradero; de lo contrario, la motivación se desvanecerá poco después de salir del aula.

Esta aplicación utiliza juegos para enseñar a los jóvenes las habilidades que necesitan para el futuro.
Esta aplicación utiliza juegos para enseñar a los jóvenes las habilidades que necesitan para el futuro.
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Romper el ciclo de los hábitos para crear nuevas vías financieras

Como ocurre con el sendero que se forma cuando todos atraviesan la esquina de un césped frondoso, con el tiempo la ruta queda marcada en la hierba y recorrerla resulta fácil. Los hábitos son parecidos: son vías muy transitadas en el cerebro. Para cambiar un hábito relacionado con el dinero, debemos dejar de repetir un hábito antiguo y perjudicial y repetir uno nuevo y beneficioso hasta que se convierta en la nueva respuesta automática. Los hábitos se forman mediante un ciclo sencillo: señal, rutina y recompensa.

Organizaciones como Taking Care of Business (TCB) ayudan a las personas, muchas de ellas en situaciones difíciles, a aprender y comprometerse con este tipo de hábitos.

TCB lleva 15 años trabajando junto a adultos desempleados y comerciantes informales en Sudáfrica, y los resultados de la organización para transformar vidas son notables.

Cuando las personas participantes comienzan el programa de dos años de TCB, solo el 38 % gana por encima del umbral de pobreza. Al graduarse, la cifra es del 82 %. El ahorro familiar aumenta del 17 % al 77 %. La capacidad de las personas participantes para elaborar presupuestos y planificar pasó del 22 % al inicio del programa al 68 %. Año tras año, las vidas se transforman a medida que las familias rompen los ciclos de pobreza y fortalecen su resiliencia financiera.

El éxito no se debe a que TCB distribuya hojas de cálculo o herramientas presupuestarias mejores, sino a que trabajamos con el cerebro, no contra él. Comprender que las decisiones sobre el dinero no tienen que ver solo con las matemáticas, sino también con la identidad, las emociones y las creencias, es crucial para cambiar los comportamientos.

La neurociencia nos muestra que cada decisión es una pugna entre el cerebro emocional, las creencias programadas y el pensamiento consciente. Si la educación financiera no se dirige a los tres, sencillamente no se producirá un cambio duradero.

Así es como lo hace TCB:

Identificar los factores que desencadenan reacciones relacionadas con el dinero (señales).

Estos pueden incluir respuestas emocionales como el deseo de aliviar el malestar o el estrés, o de que los demás nos vean como personas exitosas.

Desarrollar comportamientos financieros nuevos, positivos y prácticos (rutinas).

Entre ellos se incluyen elaborar un presupuesto realista, llevar un registro de los ingresos y los gastos, fijar un objetivo de ahorro y distinguir entre deseos y necesidades.

Celebrar cada logro (recompensas).

Involucramos a toda la familia, así como a grupos de apoyo entre pares, para garantizar que se haga un seguimiento de los objetivos a corto y largo plazo y que se celebren los avances.

Al combinar estas estrategias, TCB ha creado un enfoque de educación financiera centrado en las personas, que les brinda la capacidad de actuar y las herramientas para tomar las riendas de su futuro financiero. El resultado es que las personas y sus familias alcanzan la independencia financiera y social.

El futuro de la educación financiera

Cuando comprendemos a fondo cómo funciona nuestro cerebro y qué hace falta para reconfigurarlo, podemos diseñar intervenciones integrales que vayan mucho más allá de la formación tradicional. Estas soluciones ayudarán a formar personas productivas, capaces de gestionar sus emociones y tomar decisiones financieras saludables.

Es fundamental que estas intervenciones se realicen desde una edad temprana. Los hábitos que se forman entre los 20 y los 30 años determinan el futuro financiero de toda la vida. Una intervención temprana puede evitar las trampas de la deuda y fortalecer la resiliencia de los adultos jóvenes cuando inician sus carreras y forman una familia.

El futuro de la educación financiera se centra en las personas, se basa en la neurociencia y aborda a la persona en su totalidad, no solo su cartera.

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