Este es el problema de deuda oculta de Estados Unidos

A US flag waves as smoke billows in the Hill Fire in Oak Hills in the Cajon Pass in California September 2, 2011. The fast-moving fire, which broke out on a median of Interstate 15 in the Cajon Pass, was burning at the edge of Oak Hills, where 1,500 homes were under a mandatory evacuation order, authorities said. REUTERS/Gene Blevins (UNITED STATES - Tags: ENVIRONMENT DISASTER)
"Unless the spending changes, the debt-to-GDP ratio will continue to grow, foretelling disaster."Image: REUTERS/Gene Blevins
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Exsecretario del Tesoro de Estados Unidos Lawrence H. Summers recientemente comentó con ingenio que: “El estímulo fiscal es como una droga con efectos de tolerancia; para mantener constante el crecimiento, los déficits deben seguir aumentando.” Personas como Summers se preocupan por los déficits porque dudan de que el dinero que el gobierno toma prestado se esté gastando de formas que impulsen el crecimiento a largo plazo del PIB por encima del de la deuda. A menos que cambie la combinación del gasto, la razón deuda-PIB seguirá creciendo, anticipando un desastre.

Otros no comparten tales preocupaciones. En la izquierda política, el premio Nobel Paul Krugman, por ejemplo, sostiene que, para “un país como Estados Unidos, una crisis de deuda es fundamentalmente imposible.” En la derecha, John Tamny, Forbes’ editor de economía política, afirma, “Ignoren el interminable discurso catastrofista: los déficits presupuestarios realmente no importan.”

Pero, aunque los juicios difieren sobre la sostenibilidad de la deuda pública de Estados Unidos, ambos aceptan como precisa su medida estándar. Esto es un error, y posiblemente catastrófico.

La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) informó de que el déficit presupuestario federal en los primeros diez meses de este año fiscal fue 116 000 millones de dólares superior al del mismo periodo del año anterior. La CBO proyecta que el déficit anual alcanzará 1 billón de dólares en 2020. Esto es preocupante, pero no refleja la dura realidad. El déficit anual casi con seguridad superó 1 billón de dólares el año pasado.

Para entender por qué, piense en Estados Unidos como una casa con un tejado con goteras. Si quisiera vender esa casa a un comprador que financia la compra con una hipoteca, la legislación federal de bienes raíces le exigiría obtener una tasación, que mostraría que el tejado necesita reparaciones. En este escenario, sus retrasos en el mantenimiento no pueden ignorarse. La ley exige que usted revele y pague los costos ocultos de reparar el tejado. De lo contrario, estaría robándole al comprador.

Es cierto que, a diferencia de la hipoteca en su balance, es posible que no considere el mantenimiento del tejado como un pasivo corriente. Pero aplazarlo no hace que desaparezca. Sigue siendo una deuda real, solo que una que no ha sido contabilizada.

El gobierno federal también tiene deudas que no se han contabilizado, de las que no se suele oír hablar. La deuda que sí se ha contabilizado es la 15,6 billones de dólares en poder del público en forma de bonos del Tesoro de Estados Unidos. Las deudas que no se han contabilizado incluyen los costos diferidos de mantenimiento de carreteras, sistemas de agua y 54 560 puentes estructuralmente deficientes, así como los sistemas energéticos de bajo carbono aún por construir necesarios para mitigar los efectos catastróficos del cambio climático. Y estos son solo dos ejemplos generales.

Entonces, ¿cuánta deuda oculta tiene realmente Estados Unidos? En este punto, debemos basarnos en estimaciones aproximadas. Por ejemplo, según un informe de 2016 de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles (ASCE), modernizar la desmoronada infraestructura del país costaría 5,2 billones de dólares. Y, según un informe de 2014 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y nuestros propios cálculos basados en la participación de Estados Unidos en las emisiones globales de CO2, la transición a un sistema de energía limpia costaría 6,6 billones de dólares adicionales. En total, son 11,8 billones de dólares en pasivos no contabilizados y no ajustados por inflación.

Para ser claros, estas deudas no son únicamente pasivos federales. En el pasado, los gobiernos estatales y locales eran responsables de la mayor parte de los costos de infraestructura y clima. Sin embargo, ya cargados con más de 3 billones de dólares de deuda municipal, los gobiernos estatales están abrumados por la magnitud de sus pasivos de mantenimiento diferido y por los costos que solo recientemente han sido documentados como costos de mitigación del cambio climático. Sin embargo, dado que el cambio climático y la seguridad de la infraestructura son cuestiones nacionales, y no locales, el gobierno federal es en última instancia responsable de esos 11,8 billones de dólares en deudas relacionadas con la infraestructura y el medio ambiente. Son el “tejado con goteras” nacional de Estados Unidos.

Esa cifra aumenta cada año, porque a medida que los puentes siguen debilitándose, repararlos cuesta aún más; y a medida que el nivel del mar y las temperaturas siguen subiendo, y que los incendios forestales se vuelven más graves, mitigar los daños cuesta más. De hecho, entre 2012 y 2016, la ASCE aumentó su estimación de la brecha anual de inversión en infraestructura de Estados Unidos en 221 000 millones de dólares – unos 55 000 millones de dólares al año. Y entre 2012 y 2014, la IEA aumentó su costo estimado de transición a un sistema de energía limpia en unos 270 000 millones de dólares al año. En conjunto, el déficit ajustado por inflación no contabilizado ascendió a 345 000 millones de dólares, solo por retrasar el gasto necesario en infraestructura y mitigación climática.

El déficit federal de Estados Unidos en 2017 fue de 665 000 millones de dólares, que refleja el monto en que aumentó la deuda que efectivamente se contabiliza. Si se incluyera la deuda de infraestructura y clima que no se contabiliza, el déficit total de 2017 habría superado 1 billón de dólares. Sí, estos son cálculos aproximados, pero apuntan a una pregunta urgente: ¿por qué Estados Unidos no contabiliza sus deudas ocultas?

La respuesta corta es que la ley no lo exige. El “límite de deuda” federal nunca fue una construcción firme y, bajo presión, se convirtió en una “suspensión del techo” flexible que permite al gobierno endeudarse todo lo que quiera. Mientras tanto, una norma del Congreso destinada a garantizar la responsabilidad fiscal al prohibir aumentos del déficit por encima de 1,5 billones de dólares en un periodo de diez años se ha convertido en un artificio contable para eludir la responsabilidad del undécimo año en adelante.

Pero, así como estamos robando al comprador de la vivienda si no revelamos y pagamos por nuestro tejado con goteras, estamos robando a las futuras generaciones de estadounidenses cuando ignoramos la magnitud total de los pasivos del gobierno. Mientras no se cuente toda la deuda, ni siquiera podemos empezar a saber si las políticas fiscales tienen efectos positivos o negativos sobre el crecimiento futuro.

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