Por qué los fondos cotizados ESG podrían no ser tan ecológicos como cree

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Si ha incursionado en el mercado bursátil, probablemente conozca los fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés). Se trata de vehículos de inversión que replican un índice subyacente, un sector, materias primas, etc. En lugar de invertir en una sola empresa, usted diversifica su cartera y posee una cesta de acciones que se negocian a un precio de mercado. Este tipo de inversión ha ganado mucha popularidad. La inversión pasiva, ya sea a través de ETF o de fondos indexados, representa casi la mitad del total del mercado de inversión. Estos fondos también son el activo preferido de los inversores minoristas, dadas sus bajas comisiones y su alta liquidez.

Los ETF también pueden diseñarse para cumplir objetivos específicos. De hecho, los ETF ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), o los ETF temáticos, como los alineados con objetivos concretos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas o las empresas dirigidas por mujeres, han registrado una tasa de crecimiento del 223% desde 2020.

Los fondos cotizados ambientales, sociales y de gobernanza se dispararon en 2020.

Son varios los factores que impulsan este cambio en el mercado. En primer lugar, los inversores millennials han entrado en los mercados financieros en gran número y se preocupan mucho por la inversión sostenible. Otros motivos incluyen una preferencia emocional general por la inversión ESG, así como la mejora constante de las bases de datos ESG.

Pero, a medida que los inversores minoristas se vuelcan en los ETF alineados con criterios ESG, surge una gran pregunta: ¿Qué tan ecológicas son realmente estas inversiones? La respuesta corta es que depende.

¿Por qué es difícil “mirar bajo el capó” de un ETF ESG?

La inversión sostenible es compleja. A medida que ha evolucionado, también lo ha hecho la sofisticada terminología publicitaria (ETF sostenible, ETF verde, etc.). Sin embargo, ninguna de estas etiquetas es supervisada por los reguladores. Esta falta de coherencia genera una preocupación generalizada de que el sector esté tergiversando la forma en que un ETF incorpora los factores ESG.

Algunos participantes del mercado (como Tariq Fancy, exdirector de Inversiones para la Inversión Sostenible en Blackrock) han afirmado que en numerosas ocasiones los fondos han sido rebautizados como “verdes” sin que se apreciara ningún cambio perceptible en el fondo o en sus estrategias. Esto se conoce como ecoblanqueo (greenwashing), y estas acusaciones están cobrando protagonismo. De hecho, más del 80 % de los ETF ESG actuales tienen alguna exposición a productores y consumidores de combustibles fósiles, un detalle en la forma en que se elaboran los índices.

Lo que realmente hace tan complicado “mirar bajo el capó” es que los fondos no están obligados a publicar el 100 % de sus participaciones. Además, existe una gran variación en la forma en que se construyen los ETF: algunos fondos podrían excluir determinados sectores (como el tabaco o las armas), mientras que otros podrían dar prioridad a empresas con mejores calificaciones ESG. Esta estrategia no siempre se explica con claridad a un inversor minorista medio.

¿Pero la inversión ESG realmente compensa?

Pues sí, puede hacerlo. ESG proporciona un marco para que las empresas consideren los riesgos y oportunidades empresariales del siglo XXI (lo que, en teoría, supone mejores rendimientos de inversión). La lógica es que invertir en empresas con mejores calificaciones ESG conducirá a un rendimiento superior. Un estudio del proveedor de datos Morningstar, que utilizó una muestra de 745 fondos sostenibles con sede en Europa en 2020, concluyó que la mayoría han tenido un mejor rendimiento que los fondos no sostenibles. Además, se constató que los fondos ESG también fueron más resilientes en el turbulento año que fue 2020.

Sin embargo, no se apresure a comprar ese ETF ESG todavía. Un estudio académico reciente concluyó que, a medida que llegaban al mercado más ETF especializados, los productos ofrecían rendimientos cada vez menores, pero con costes más elevados.

Entonces, ¿qué puede hacer el inversor medio para verificar los datos de un ETF ESG?

La respuesta corta es: sea proactivo y haga sus deberes.

1. Lea los documentos del fondo, ¡de verdad esta vez!

Todos hemos oído la advertencia “Lea atentamente los documentos del fondo antes de invertir”. Sin embargo, muy pocos dedicamos a la información el tiempo de lectura que merece. Esto es aún más importante en la inversión sostenible.

¿Por dónde empezar? Céntrese en algunos datos clave, como las participaciones del ETF, las comisiones y las credenciales del gestor. No todas las entidades comparten una lista completa de participaciones (en algunos países esto no es un requisito legal). Pero sí incluirán las cinco–diez principales participaciones en la hoja informativa. Si las participaciones parecen ser las mismas que las de la alternativa no ESG, compare la diferencia en comisiones y tome su decisión.

Otra información importante podría ser las credenciales del gestor del fondo. ¿Tiene experiencia en la gestión de ETF ESG o cuenta, quizás, con una certificación ESG? Entre LinkedIn y el sitio web de la gestora de activos, seguro que encontrará algo de información.

2. Compruebe si una estrategia de fondo existente se ha rebautizado como ESG

Como los gestores de fondos han reconocido la importancia de la marca ESG, muchos han rebautizado y relanzado ETF existentes para pasar a una estrategia ESG y han añadido términos como “sostenible” a los nombres de sus fondos.

Aunque es posible que el fondo prevea integrar plenamente los criterios ESG en sus procesos tras el cambio de nombre, en muchos casos no hay ningún cambio perceptible en el fondo ni en sus participaciones subyacentes. Por ello, aborde los fondos recientemente rebautizados con precaución. Una simple búsqueda en Google con el nombre del ETF y la palabra clave “rebrand” (cambio de marca) debería proporcionarle toda la información que necesita.

3. Considere implicarse más y participar activamente

Todo accionista tiene derecho a voto, pero muy pocos lo ejercen. La baja participación de los inversores minoristas en las votaciones es lo habitual. Si quiere tener voz en las cuestiones ESG que le importan, no ignore sus papeletas de voto. Examine con mayor detenimiento la política de diversidad e inclusión, los candidatos al consejo, etc. Si su asesor financiero o gestor de fondos no le proporciona información sobre el voto por delegación, solicítela. Aunque la responsabilidad no debería recaer en los inversores minoristas para pedir este tipo de información, por ahora podría ser la única opción.

Otra opción es colaborar con organizaciones sin ánimo de lucro, como Follow This. Puede comprar acciones de grandes empresas petroleras y de gas y dejar que la organización presente y promueva resoluciones con conciencia medioambiental en su nombre, mientras usted conserva la plena propiedad de sus acciones. Quizá haya oído hablar de su reciente gran victoria frente a Chevron, para reducir las emisiones de los clientes de la compañía.

Puede que usted sea solo un inversor, pero dispone de las herramientas para evaluar, comparar y decidir qué ETF se ajusta a sus propios valores. Un inversor informado y bien documentado está un paso más cerca de encaminar el mercado hacia una dirección sostenible y responsable.

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