La economía digital opera en tiempo real, pero gran parte de la infraestructura financiera que la sustenta no.
Los debates actuales sobre la IA y los activos digitales apuntan a una realidad más amplia: la tecnología amplía lo que es posible, pero la infraestructura determina hasta qué punto esas posibilidades se comparten.
Con una infraestructura fiable y conectada, más empresas y más economías pueden participar en el comercio mundial.
En 2026 asistí a mi primera Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, como parte de la comunidad de innovadores y unicornios. En la reunión quedó claro de inmediato un aspecto: el ritmo del cambio tecnológico se ha vuelto exponencial.
Las conversaciones con fundadores y emprendedores giraron de forma abrumadora en torno a la inteligencia artificial (IA), desde la implementación empresarial y la robótica hasta las iniciativas comerciales en el espacio, la ciencia de la longevidad y los crecientes riesgos de ciberseguridad, ya que los actores malintencionados utilizan la IA para estafar a gran escala. La IA se está desplegando en mercados reales y transformando las industrias en tiempo real.
A pesar de estos avances, los desafíos fundamentales a los que se enfrentan muchas economías siguen sin cambios. Para los responsables de políticas y los líderes empresariales, en particular los que representan a los mercados emergentes, el foco sigue puesto en lo esencial: que las empresas puedan cobrar, pagar a sus proveedores y transferir fondos de forma fiable a través de las fronteras.
Las capacidades tecnológicas pueden estar avanzando con rapidez, pero convertir ese progreso en un impacto económico real requiere una infraestructura financiera interoperable.
Innovación frente a infraestructura
La IA permite a las empresas operar a nivel mundial desde el primer día. Los servicios digitales pueden escalar de forma instantánea a través de las fronteras y las startups pueden llegar a clientes de varios mercados sin necesidad de una presencia física.
Sin embargo, el crecimiento se ralentiza cuando los pagos tardan días en llegar, los tipos de cambio fluctúan de forma impredecible o las empresas no pueden acceder con suficiente rapidez a sus propios ingresos. El capital circulante queda inmovilizado, los márgenes se resienten y los planes de expansión se posponen.
La economía digital opera en tiempo real, pero gran parte de la infraestructura financiera que la sustenta no. Los sistemas fiables de pagos y desembolsos siguen siendo un cuello de botella para las empresas que se expanden a través de las fronteras. Para las pequeñas y medianas empresas (pymes) de los mercados emergentes, los pagos transfronterizos lentos y costosos dificultan crecer y competir a nivel mundial.
Mientras la innovación avanza con rapidez, los sistemas financieros que la sustentan deben evolucionar para respaldar ese crecimiento. En la Reunión Anual, el debate en torno a las stablecoins reflejó ese cambio. Ya no se hablaba de ellas como activos especulativos, sino más bien como infraestructura: sistemas diseñados para permitir transacciones globales instantáneas y de bajo coste entre mercados.
Las stablecoins como sistemas de pago
Los casos de uso de las stablecoins van mucho más allá del trading. Se utilizan para remesas, nóminas y pagos transfronterizos. Para muchas empresas, esto ya forma parte de las operaciones cotidianas y, en algunos mercados, los fondos pueden moverse las 24 horas sin tener que esperar al horario bancario tradicional.
Un tema recurrente en la Reunión Anual fue la interoperabilidad. Las stablecoins no generan valor por sí solas: funcionan cuando conectan bancos, monederos móviles y redes digitales, de modo que el dinero pueda desplazarse sin fricciones entre ellos. Sin esa conectividad, corren el riesgo de convertirse en otro silo en un sistema ya fragmentado.
La regulación de los activos digitales forma parte del mismo debate, porque a medida que crece su adopción, también aumenta la necesidad de normas claras y una supervisión coherente. La confianza es esencial para la escalabilidad, mientras que la participación institucional depende de la transparencia, las salvaguardas y la seguridad regulatoria.
En la Reunión Anual también se debatió de forma significativa sobre la IA. A medida que los sistemas de IA empiezan a realizar transacciones en la economía digital, ya sea para compras automatizadas, servicios digitales o pagos máquina a máquina, los sistemas de pago deben ser programables, fiables e integrarse con los sistemas existentes. La infraestructura debe respaldar esa próxima fase de automatización.
La dirección se va aclarando: el futuro no consiste en elegir entre las finanzas tradicionales y los activos digitales, sino en un modelo híbrido en el que las stablecoins se integren con los sistemas financieros existentes y los fortalezcan, mejorando la eficiencia sin comprometer la confianza.
La infraestructura como multiplicador
El debate en torno a la IA y los activos digitales apunta, en última instancia, a una realidad más amplia: la tecnología amplía lo que es posible, pero la infraestructura determina hasta qué punto esas posibilidades se comparten.
Cuando los sistemas financieros funcionan bien, las nuevas tecnologías pueden aportar más a las empresas, los trabajadores y las economías locales. Cuando los sistemas de pago se conectan de forma fluida y fiable, las empresas pueden vender a través de las fronteras con confianza. Los trabajadores digitales pueden cobrar a tiempo y las empresas pueden disponer de su dinero de inmediato en lugar de esperar a que llegue.
Así es como la innovación llega más allá de los primeros adoptantes y de las grandes economías. Sin sistemas financieros modernos e interoperables, el acceso sigue limitado a un pequeño número de mercados. Con una infraestructura fiable y conectada, más empresas y más economías pueden participar en el comercio mundial.
La IA seguirá avanzando con rapidez. Los servicios digitales seguirán escalando a través de las fronteras. Que la infraestructura financiera evolucione en paralelo determinará si esa aceleración se traduce o no en un impacto económico amplio.



